Jaime Ballesteros(**)
1. La política de Estados Unidos
orientada a la hegemonía mundial
viene de lejos. La intervención
norteamericana en la guerra de
independencia de Cuba (1989) marca
el comienzo de sus intervenciones
imperialistas, de su decisión
imperialista. La extraña y aún no
aclarada voladura del acorazado
norteamericano Maine en el puerto de
La Habana, que EE.UU. achacó a
España, fue utilizada como pretexto
para intervenir en dicha guerra,
pretendiendo apoderarse de Cuba.
La vieja doctrina yanqui del
“destino manifiesto” utilizada
durante el siglo XIX para extender
sus fronteras, indicaba ya la
posterior voluntad imperialista.
Estados Unidos sostenía tener un
destino imperial evidente que exigía
expansión, ya entonces, hacia
América Latina y hacia el Oeste (Oceanía
y Asia).
Realmente, el siglo XX podemos
contemplarlo como el siglo de las
luchas de los pueblos por la
independencia, la democracia y el
socialismo –lucha anticolonial de
Asia y Africa, también en América
Latina contra el neocolonialismo,
revolución soviética, china,
vietnamita, cubana..., lucha
antifascista en el mundo, etc- ,
pero también puede ser contemplado
como el siglo del crecimiento y
consolidación del gran imperialismo
norteamericano en el mundo.
Así, en la Primera Guerra Mundial
del 14-18, vemos desaparecer el
imperio austrohúngaro y el imperio
otomano. Más tarde, en la Segunda
Guerra Mundial, del 39-45, se
debilitan los imperios alemán y
japonés, ambos derrotados, pero
también el británico y el francés,
como consecuencia de la guerra y
posteriormente al ir perdiendo sus
posesiones de ultramar. De esta
guerra sale el mundo bipolar, USA y
la URSS, cuyo equilibrio de poder,
equilibrio del terror nuclear pero
equilibrio al fin y al cabo, dominó
durante décadas. En 1991 se derrumba
la Unión Soviética y Estados Unidos
queda como única superpotencia
mundial.
Es cierto que, sobre todo
Alemania y Japón, se han ido
recuperando, que existe la famosa
triada, Estados Unidos, Japón y la
Unión Europea, pero estos dos
últimos, recuperados económicamente,
carecen de potencialidad
político-militar. El gran
imperialismo no sólo económico sino
político-militar que sale del siglo
XX es, sin discusión, el
imperialismo norteamericano. Desde
la intervención de EE.UU. en la
guerra de independencia de Cuba,
allá en 1898, hasta la caída de la
Unión Soviética y el actual gobierno
de Bush, el siglo XX ha ido forjando
ese gran imperialismo que hoy es,
sin duda, el mayor peligro para la
humanidad.
Este proceso histórico
imperialista es la otra cara del
proceso de luchas por la
independencia de los pueblos, por la
democracia y por el socialismo que
ha recorrido todo el siglo pasado,
gran Amazonas cuyo potente caudal
desemboca en este siglo XXI con no
menor fuerza que el gran monstruo
del imperialismo norteamericano. Es
la gran lucha entre dos conceptos de
lo universal: el de la explotación,
las guerras, la miseria, la
dependencia y los nuevos
oscurantismos, por un lado; y, por
otro, el de la liberación de los
pueblos, la independencia de los
Estados, las conquistas sociales, la
igualdad, la razón y la cultura, en
una palabra el socialismo. Es la
lucha local y global entre dos
conceptos de lo universal, lucha
llamada a resolverse en este siglo
XXI.
Sabemos que durante el Siglo XX
la agresividad, el cinismo y la
brutalidad, han sido parte de la
política exterior de Estados Unidos.
Desde su intervención en la guerra
de independencia de Cuba hasta el
nombramiento de Bush no ha sido un
país que ejerciese una política
democrática en lo internacional. Era
un país imperialista de gran
agresividad. Desestabilizaba
Gobiernos, propiciaba golpes
militares fascistas, invadía,
bombardeaba países. En América
Latina se tiene una amplia
experiencia de todo ello.
2. Tras la caída de la Unión
Soviética, Estados Unidos, con Gran
Bretaña, lanzó al mundo la doctrina
del neoliberalismo, proclamada poco
antes.
Sus objetivos han sido claros:
- El “libre mercado”, esto es que
los demás países del mundo abran sus
mercados a los países desarrollados,
especialmente a los Estados Unidos,
aunque estos se reserven el derecho
de establecer barreras a los
productos que no están dispuestos a
que entren en sus mercados y
subvencionan la exportación de
aquellos otros que sin esas
subvenciones no serían competitivos
en el mercado mundial.
- Que los Estados de los demás
países se debiliten a favor de ese
libre mercado bajo dominio de los
poderosos, especialmente de Estados
Unidos, aunque el Estado
norteamericano bien se cuide de
fortalecerse al máximo.
- Que el capitalismo anule las
conquistas sociales allí donde la
lucha de los
pueblos ha logrado imponerlas.
- Que el capitalismo adquiera en
buenas condiciones las empresas
estatales que rinden beneficios,
dejando al Estado las que sean
ruinosas.
En el fondo, la ideología del “libre
mercado” no busca sino estos
objetivos.
Pero el neoliberalismo, en sus
andanzas, en todo momento ha actuado
con dos piernas. Una, la de todas
estas medidas que llamaremos
económicas, aunque evidentemente son
más que económicas, orientadas al
predominio del mercado sobre la
política; pero el neoliberalismo
manejaba también otra pierna, la de
la fuerza militar, la de los
bloqueos y embargos a los pueblos,
la de los bombardeos,
desestabilizaciones y golpes de
Estado por todo el mundo. La teoría
política y económica del
neoliberalismo caminaba con ambas
piernas, unas veces dando zancadas
con la pierna político-económica y
otras con la de la violencia
político-militar.
Estados Unidos enviaba sus
productos y sus multinacionales,
pero también enviaba sus marines,
sus bloqueos y sus bombardeos con
uranio empobrecido.
El neoliberalismo ha ido
ocasionando un fuerte aumento de las
desigualdades, y con ellas miseria,
hambre, enfermedades, analfabetismo,
muerte y desesperación por todo el
mundo. Al mismo tiempo que iniciaba
la tarea de ir destruyendo el
derecho internacional. Así, hemos
visto entre otras cosas cómo se
proclamaba el derecho de injerencia
incluso militar en otros Estados,
utilizando como pretextos la lucha
contra la limpieza étnica, la
defensa de la democracia, de los
derechos humanos, etc, Objetivos lo
suficientemente ambiguos para
interpretarlos a conveniencia de los
poderosos. Ejemplo, el ataque a
Yugoslavia, con el objetivo de
fraccionarla cada vez más y
establecer bases militares.
Los derechos humanos, los de
carácter político, se han venido
utilizando como instrumento
propagandístico, en ocasiones,
prebélico para desprestigiar, aislar
y luego atacar si es necesario a
quienes no se someten al dominio de
Estados Unidos. Esta utilización de
los derechos humanos es capitaneada
por los países ricos, en primer
lugar Estados Unidos. Pero cuando
proclaman los derechos humanos no se
acuerdan de los grilletes de la
deuda externa, del aumento de la
miseria, de las hambrunas, de las
enfermedades, de la mortandad
infantil, de la falta de trabajo, de
asistencia médica, de enseñanza en
el mundo. Estos otros derechos,
violados constantemente, no son
considerados como motivo suficiente
para condenar a un régimen como no
democrático, menos aún para condenar
a aquellos países que son causantes
o cómplices de estas situaciones en
el mundo actual.
En todo este período hemos vivido
lo que podemos llamar el despotismo
neoliberal.
3. Pero este despotismo neoliberal,
que avanzaba unas veces con la
pierna de la violencia de la
política económica y otras con la
violencia político-militar, al
llegar Bush al poder toma un
derrotero más agresivo. Y hay que
señalarlo con total claridad, no a
causa del 11 de septiembre. La cosa
viene de atrás. Estamos ante una
política ultra elaborada y decidida
ya con bastante anterioridad a los
atentados y al margen de ellos.
Recordemos que ya en 1982,
gobernando Reagan, asesores de Bush
padre elaboraron un proyecto de
política exterior que entonces no
encontró el clima adecuado para ser
aprobado. Quedó aparentemente
olvidado hasta el año 2000, en que
la asociación ultraconservadora
“Project for the New American
Century”( PNAC), estrechamente
ligada a Bush hijo, convocó una
reunión de 27 expertos e ideólogos
que elaboraron el Informe
“Reconstruir las defensas de Estados
Unidos para el Nuevo Siglo”. Los
redactores de este Informe
reconocieron la gran deuda que
tenían respecto al plan de 1982.
El nuevo Informe exponía
claramente las intenciones de Bush
hijo y su grupo: controlar
militarmente la región del Golfo,
estuviese o no en el poder Saddam
Hussein, como paso importante para
controlar militarmente el mundo. El
documento decía textualmente:
“Estados Unidos ha estado buscando
durante décadas representar un papel
más permanente en la seguridad
regional del Golfo. Aunque el
conflicto todavía no resuelto con
Iraq ofrece una justificación
inmediata, la necesidad de una
presencia sustancial de fuerzas
armadas estadounidenses en el Golfo
trasciende el tema del régimen de
Saddam Hussein”. Se afirmaba que
para las nuevas tareas se “exige el
liderazgo político de Estados Unidos
más que el de las Naciones Unidas”.
Recomendaba que Estados Unidos
instalase, allí donde no las hubiese,
bases militares en Oriente Medio,
América Latina, Sudeste europeo y
Sudeste asiático. Aconsejaba
abandonar el Tratado de limitación
de los sistemas de misiles
antibalísticos firmado en 1972 con
la Unión Soviética. Al alcanzar la
Presidencia, Bush hijo así lo hizo.
Se señalaba a Iraq, Corea del Norte
e Irán como los regímenes que
deberían derrocarse a corto plazo.
Luego serían llamados “el eje del
mal”.
Hay que decir que ese extraño 11
septiembre, objetivamente -no entro
en los análisis sobre sus autores-,
objetivamente ha jugado el mismo
papel que jugó el incendio del
Reichstadt para que Hitler lanzase
su política. El mismo papel que jugó
también allá en 1898 el hundimiento
del Maine en el puerto de La Habana
para que Estados Unidos pudiese
intervenir en la guerra, iniciando
sus acciones imperialistas.
Aprovechando el favorable clima
que se creó con los terribles
atentados, el Informe ultra del
2000, al que nos hemos referido, ya
pudo tomar la forma oficial del
actual documento titulado
“Estrategia de Seguridad de los
Estados Unidos”, de septiembre del
2002, que orienta la actual
agresividad norteamericana. Repite y
consagra las orientaciones del PNAC,
que, a su vez, seguía en lo
fundamental los contenidos del
olvidado plan de 1982.
Esta fue la dilatada elaboración
estratégica de los ultras. Con ella
se actualizaba la vieja teoría del
“destino manifiesto” de EE.UU.
Así pues, tanto la decisión de
invadir Iraq, como la otras posibles
intervenciones en la zona, de
extender las bases y la presencia
militar norteamericana por diversas
zonas del mundo, entre ellas América
Latina, y prescindir de las Naciones
Unidas si estas no se pliegan a sus
deseos, toda esta política viene de
lejos. Es la que venían elaborando
los ideólogos y estrategas de los
sectores más extremistas y feroces
del gran imperialismo norteamericano,
ligados estrechamente a las empresas
petroleras y armamentísticas. Es la
llamada doctrina Bush, incubada en
todos esos años.
Esta gran estrategia estadounidense,
esta ofensiva dictatorial en todo el
planeta, debería ponerse en práctica
“tan pronto como sea posible en el
futuro”. El propicio y oportuno 11
de Septiembre del 2001 creó el clima
político adecuado para transformar
esas elaboraciones de una política
imperialista de carácter extremista
en doctrina oficial de Estados
Unidos.
El despotismo neoliberal que
venía imperando da un paso adelante,
se hace más agresivo y peligroso.
Este es el punto actual del
imperialismo norteamericano. Su nota
dominante es el agravamiento de su
agresividad, de su decisión de
dominio mundial. Y para ello, su
decidida voluntad de emplear los
métodos que sean necesarios. Se ha
llegado al rechazo de cualquier
fórmula de multilateralismo. Con
Bush, el unilateralismo se impone de
forma plena.
Los sectores más agresivos, los más
aventureros y reaccionarios de la
sociedad norteamericana se han hecho
con la dirección, se han apoderado
del Gobierno e intentan imponer al
mundo, con guerras si se estima
necesario, su orden. La guerra, con
Bush, pasa a ser directamente la
política, no su prolongación. Se
rechaza cualquier tipo de concesión
a una política mundial de carácter
multilateralista.
Del despotismo neoliberal se ha
pasado a un tipo de neofascismo
neoliberal.
4. Quiero recordar que
tradicionalmente, los que ya tenemos
ciertos años podemos recordarlo,
definíamos al fascismo, y creo que
era una definición acertada, como la
forma de gobierno terrorista de los
sectores más reaccionarios del
capitalismo. Pues bien, esto es lo
que se está produciendo ahora en el
gran imperialismo norteamericano.
Los sectores más reaccionarios,
dispuestos a gobernar el mundo
predominantemente con métodos
terroristas, han subido al poder con
Bush. Naturalmente, este intento de
neofascismo no actúa con el mismo
estilo que el fascismo clásico, con
las mismas formas. No van a salir a
la calle con cruces gamadas y brazo
en alto. Estamos en otros tiempos.
Tienen ciertas formas liberales,
formas parlamentarias, pero
tendiendo a reducir libertades y,
desde luego en lo internacional, con
una agresividad digna de la peor
época del fascismo.
Cabe preguntarse: ¿pero cómo va a
ser calificado Estados Unidos de
neofascista si es un Estado
democrático?
Conviene que nos paremos un
momento sobre qué debemos entender
hoy por Estado democrático. Y no me
refiero a la vieja discusión entre
democracia formal y democracia real,
o democracia burguesa y democracia
obrera o popular. Discusiones que
apuntan a problemas de fondo pero
que a mi entender han sufrido
deformaciones de una y otra parte.
Me refiero a que hoy ya no puede
calificarse de Estado democrático
(utilizando esta expresión en el
sentido que se utiliza por los
medios de comunicación y académicos,
por los organismos internacionales y
por la mayor parte de la opinión
pública mundial, esto es, en el
sentido de que un Estado es
democrático cuando se corresponde al
modelo parlamentario liberal clásico,
con libertad de partidos políticos,
derechos de reunión, asociación,
expresión, etc.); no puede
calificarse como democrático a un
Estado, digo, valorando
exclusivamente cómo está organizado
dentro del país, aunque su política
y su actuación exterior nada tengan
de democráticos sino todo lo
contrario, sean decididamente
dictatoriales.
Se utiliza mucho y peligrosamente
la calificación de si un país es
demócrata o es dictatorial sin tener
en cuenta que en un mundo cada vez
más globalizado, cada vez más
relacionado internacionalmente tiene
un papel creciente su acción
exterior, si esta es democrática o
no.
Estados Unidos es un país en que
su forma constitucional es
democrática, más allá de las
abundantes perversiones que deforman
su democracia. Hemos visto entre
tantas cosas la elección de Bush,
con manipulaciones por no decir
trampas hasta que fue proclamado
Presidente, y vemos muchas otras
cosas, los enormes poderes del
dinero, maestros en pervertir la
democracia, todo lo que ya sabemos.
Pero constitucionalmente EE.UU. es
una democracia, en el sentido
liberal de la palabra, bueno, pero
una democracia. Ahora bien, Estados
Unidos en la arena internacional se
parece cada vez más, a la hora de
ser calificado, a un país que no
tiene nada de democrático, en lo
internacional funciona como un país
decididamente fascista. Como un país
que impone por la fuerza su criterio,
bombardea e invade países, se salta
el derecho internacional, actúa de
juez y de parte, va destruyendo las
Naciones Unidas, a las que les
impone el criterio de que o hacen lo
que le interesa a Estados Unidos o
simplemente se saltan sus acuerdos,
menosprecia a sus aliados, e intenta
imponer en el mundo la inmunidad de
sus soldados y agentes. Brutal
cinismo que acompañado de un
potencial nuclear y de todo tipo de
armas sofisticadas de destrucción
masiva y de la naturaleza, supone el
peligro más grave que la humanidad
haya tenido en su larga historia.
En el mundo crecientemente
globalizado en el que vivimos, los
baremos para juzgar si un Estado es
democrático o no, han de tener muy
en cuenta el comportamiento de cada
país en la arena internacional, más
allá de lo democrática o no que sea
su organización interna, sobre lo
que, repetimos, habría también mucho
que decir, pues nadie puede negar
que vivimos una profunda crisis de
la democracia parlamentaria liberal.
Un país que internacionalmente
actúa con criterios dictatoriales y
verdaderamente fascistas, no puede
ser calificado de democrático. Y
viceversa: si un país en su forma
interior, o porque no sigue la forma
tradicional de democracia, o incluso
porque es una dictadura, de uno u
otro tipo, pero que en su
comportamiento internacional es
decididamente democrático en todas
su actuaciones, no puede ser
calificado sin más de dictadura.
Con la globalización, insisto,
hay que empezar a utilizar baremos
nuevos, más científicos, para
calificar de democráticos o
antidemocráticos a los países,
baremos nuevos y distintos de los
que se vienen utilizando en los
grandes medios de comunicación y en
los ideólogos del pensamiento único
que domina el mundo. Esos viejos
baremos hoy son un arma pelifrosa
del neoliberalismo, de su dictadura
neofascista.
5. Llegados a este punto, surge una
pregunta. ¿Por qué se ha producido
en Estados Unidos esta toma del
poder? ¿Por qué Estados Unidos ha
situado a su frente a los sectores
más reaccionarios, más terroristas y
aventureros? ¿Por qué han llegado a
la conclusión de que el despotismo
neoliberal, con su arsenal de
violencias, ya no le era suficiente
y había que pasar a fórmulas más
extremas?
La realidad es que se estaban
acumulando toda una serie de
elementos que preocupaban seriamente
a sectores muy poderosos de la
sociedad norteamericana.
- Ante todo, una crisis general y
creciente, cada día más grave, del
neoliberalismo.
- En América Latina, la crisis
del neoliberalismo ha producido
luchas, avances y triunfos de
candidatos progresistas. Venezuela,
rica en petróleo, desarrolla su
revolución bolivariana. Brasil, el
gran Brasil, está gobernado por la
izquierda. Colombia, Ecuador, Perú,
Bolivia, toda la región andina está
sometida a una profunda crisis. De
unas forma u otras, América Latina
vive un auge de luchas, en ocasiones
con resultados electorales
importantes, vive esperanzas
populares y búsquedas de
alternativas regionales al
neoliberalismo y de despegue de
Estados Unidos.
- Cuba seguía resistiendo, en
medio de todas las dificultades.
Cuando cayó la Unión Soviética y los
países socialistas del resto de
Europa, muchos pensaron que lo de
Cuba iba a ser una cuestión de días.
Pero Cuba, contra viento y marea, y
pese a todas las provocaciones
yanquis sigue resistiendo.
- China, la inmensa China, donde
viven uno de cada cinco seres
humanos, no sólo se consolidaba sino
que se desarrollaba con fuerza sin
que los golpes de la crisis
económica asiática hiciesen
paralizar su economía. China, sin
duda una de las mayores inquietudes
de Estados Unidos cara al futuro.
- Se levantó por buena parte del
mundo el movimiento
antiglobalización, antiglobalización
neoliberal, que se echaba a la calle
proclamando la profunda injusticia
de la sociedad internacional actual
y que otro mundo es posible,
enfrentándose al dominio y a las
instituciones mundiales del
neoliberalismo.
- En la OPEP, Iraq, con sus
potentes reservas de petróleo,
abandonaba el petrodólar pasándose
al euro. Esto podía vaticinar serios
peligros para el petrodólar, en una
OPEP dentro de la cual se encontraba
Venezuela, un Estado con un gobierno
progresista y popular. El peligro de
que pudiese quebrarse el dominio del
patrón petrodólar en el comercio
mundial de crudos podría suponer un
golpe económico muy grave para EE.UU.
- Incluso el proceso de unificación
de Europa, aunque hoy por hoy es un
proceso de unificación capitalista,
no ya capitalista imperialista, le
preocupa a Estados Unidos, porque
podría llegar a ser una competencia,
no sólo económica sino política.
Proceso de unidad de un conjunto de
países en una parte de los cuales,
además, el antiamericanismo aumenta,
y no sólo en los pueblos. Lo hemos
visto en toda la lucha contra la
guerra a Iraq, incluso en sectores
del alto capitalismo.
- Yo añadiría también la
reanudación de la Intifada. La nueva
Intifada revelaba un problema: que
no era tan fácil dominar a la
revolución palestina. Que la
realidad palestina seguía actuando
con mucha fuerza.
- Y otros problemas, sin olvidar los
que afectan a la economía
norteamericana.
Todo este cúmulo de elementos
preocupaba seriamente al gran
imperialismo. En consecuencia al
optar por Bush lo ha hecho por una
estrategia de dominio mundial más
expeditiva que la del despotismo
neoliberal que estaba imperando
hasta ahora, pese a su violencia,
nunca abandonada. Las fuerzas
dominantes en Estados Unidos, que
tienen la firme decisión de hacerse
con el mundo, de hacerse con las
materias primas, de impedir que
cualquier otro país por fuerte que
sea se acerque en potencialidad
militar a ellos, ponen al frente del
Imperio, tras unas elecciones
chapuceras, a Bush, su equipo y su
doctrina.
Estas son las causas de por qué el
despotismo neoliberal se ha
transformado en neofascismo
neoliberal.
Consecuentemente Bush y su equipo
se disponen a resolver lo más pronto
posible algunos de estos problemas.
Y mira preferentemente dos zonas del
mundo que sitúa entre sus objetivos
actuales, sin olvidar otras zonas
también objeto de su atención.
Mira Oriente Medio en su sentido
más amplio, desde el mar Rojo hasta
el centro de Asia. Mira e invade
Afganistán, colocando tropas en la
frontera de China, un punto
estratégico también para el control
mundial del petróleo. A los pocos
meses ha tenido lugar la invasión a
Iraq, con sus inmensas reservas
petrolíferas, país decisivo en el
control de la región, con lo que de
paso se propiciaba una salida
domesticada de Palestina. Y
continúan en el aire las amenazas a
Irán, a Siria, y otros países de la
zona.
La otra mirada va dirigida a
América Latina. A América Latina, en
crisis e inestabilidad toda ella,
desde Centroamérica hasta Argentina.
Antes me he referido a la
preocupación de Estados Unidos por
el nuevo auge independentista,
político y social, del continente
latino. La respuesta de Estados
Unidos es acelerar la implantación
del ALCA, cada día con más oposición,
y extender su presencia militar en
una red que va cubriendo todo el
continente.
¿Se atreverá Bush a lanzar nuevas
invasiones al ritmo de las dos
anteriores, pese a la inestabilidad
existente en Iraq con una
resistencia activa, resistencia que
está creando serios problemas a
Bush, que ganó la guerra
militarmente pero puede acabar
perdiéndola políticamente,
resistencia al invasor imperialista,
digámoslo de paso, que a todos nos
ayuda, resistencia, en fin, que bien
merece la solidaridad de todos los
pueblos del mundo?
Los textos de la doctrina Bush
hablan de poder llevar varias
guerras simultáneamente, pero la
verdad es que eso es más fácil
escribirlo que llevarlo a la
práctica. La mandíbula puede morder
lo que puede morder. No puede querer
masticar ni digerir una vaca entera
por muchos deseos que tenga de
hacerlo. Bush tendrá que ir
previendo sus distintos pasos. Y
tendrá que atender los problemas,
políticos y económicos, que se le
levantan en la retaguardia, en la
propia sociedad norteamericana.
El loco sueño de Bush tendrá sin
duda sus contratiempos.
6. Lo que va estando cada vez más
claro, y no sólo para los pueblos,
también para otros muchos sectores,
es que Estados Unidos es hoy el
enemigo fundamental. Esa es la
contradicción fundamental que tiene
la humanidad ante su futuro.
Y para resolver esa contradicción
fundamental es necesario ir
avanzando hacia una nueva
correlación de fuerzas en el mundo.
Esto es algo esencial en la
situación mundial y también en la
marcha global hacia el socialismo.
Lo va a ser durante bastante tiempo.
O se cambia la correlación de
fuerzas en el mundo o estarán
taponadas muchas soluciones de
carácter democrático, progresistas y
socialistas.
Esto lleva a que jueguen más
papel internacional aquellos países
que por su tamaño, fuerza,
posibilidades económicas,
poblacionales, etc, son auténticas
regiones en el mundo. Y al mismo
tiempo es preciso que continentes o
regiones del mundo avancen en
procesos de regionalización para ser
más fuertes y poder abordar con más
posibilidades los serios problemas
de sus pueblos.
Naturalmente pueden avanzar
procesos de regionalización en unas
u otras partes del planeta en un
sentido neoliberal, la Unión Europea
es un ejemplo. En estos casos, o
bien aceptarán su subordinado papel
de virreyes de Estados Unidos, o
bien, en el caso de países
desarrollados, optar por ser un
imperialismo no sólo económico sino
también militar con todas sus
consecuencias y los peligros de
futuras guerras nucleares
interimperialistas. Lo que podría
ser el fin del planeta y de la
humanidad.
Cuando nos estamos refiriendo a
la necesidad de regionalizar el
mundo, evidentemente nos referimos a
procesos no neoliberales, procesos
democráticos y de progreso, procesos
independientes del capitalismo.
En estos procesos, como en general
en otras luchas contra el
neofascismo norteamericano, por
ejemplo la lucha por la paz, a la
que luego nos referiremos, no
estarán sólo los pueblos, habrá sin
duda una gran variedad de clases y
sectores sociales, de ideologías, de
organizaciones, de culturas, de
Estados, con intereses diferentes,
lo que originará muchas
contradicciones, pero todos ellos
convergiendo en su oposición al
mando implacable de Estados Unidos,
a su voracidad planetaria. Unos
criticando el unilateralismo que
ejerce, sus métodos al frente de la
sociedad capitalista, optando por
formas distintas de gobernar el
actual sistema capitalista. Otros
enfrentándose con el poder del gran
imperialismo norteamericano y el
sistema mundial que gobierna,
buscando soluciones no neoliberales
a sus pueblos. Otros convencidos de
que hay que acabar con el
capitalismo. Habrá serias y
difíciles contradicciones internas
en esos procesos de regionalización,
pero el hecho es que EE.UU. es el
principal y más fuerte enemigo, el
gran imperialismo, la cabeza y el
poder más elevado del sistema
capitalista. Y es preciso acumular
grandes, inmensas fuerzas para
lograr cambiar la correlación de
fuerzas a nivel local, regional y
mundial.
Cambiar la correlación de fuerzas en
el mundo es un objetivo decisivo en
una estrategia global hacia el
socialismo. Es una necesidad
estratégica objetiva, mundial en la
vía al socialismo.
Yo estoy convencido de que
conforme se vaya avanzando en
cambios en la correlación de fuerzas,
conforme vayan jugando un papel más
activo los cinco grandes países del
mundo no desarrollado, entre ellos
Brasil, y que avance una
regionalización de carácter
democrático,
democrático-independiente,
democrático-progresista, con sus
variaciones, que conforme eso vaya
avanzando en este camino, se irán
liberando en el mundo fuerzas
inmensas de carácter democrático,
progresista y revolucionario.
Necesarias para que se vaya
fortaleciendo ese proceso, que
ejerzan su influencia para que la
perspectiva del cambio de sistema no
se interrumpa, que no se quede
estancado en fases intermedias y den
la vuelta atrás, sino que vayan
acumulando fuerzas y experiencia
para ir más allá, con un sentido más
profundamente democrático, más libre,
más humano y con un reparto de
riqueza serio en todo el mundo. Que
el proceso se vaya socializando y
puedan librarse las grandes batallas
revolucionarias que, sin duda,
habrán de ser libradas.
Pero creo que he llegado a agotar mi
tiempo. Tan sólo enunciaré dos
cuestiones que en esta perspectiva
estimo que son de especial
importancia:
Primera cuestión: la importancia de
restablecer, en el mundo de hoy, en
todo su valor el principio de
coexistencia entre regímenes
distintos. Este principio está en la
base de la Carta de las Naciones
Unidas aunque buen cuidado tiene EE.UU.
de irlo anulando. Frente a él, se
quiere imponer otro principio, el de
que sólo cabe convivencia con
aquellos regímenes calificados de
democráticos, según calificación que
establecerá en cada momento Estados
Unidos y sus posibles aliados. Ya
antes hablé sobre este tipo de
calificaciones de quién es demócrata
y quien es dictatorial. Pero ahora
se trata de otro aspecto de la
cuestión. Se trata de la idea de que
en la comunidad internacional sólo
caben las “democracias”, idea que no
tiene otro fin que el de ir acabando
con aquellos países que se oponen a
los mandatos de Estados Unidos.
Porque será, de una forma u otra,
Estados Unidos y sus aliados quienes
determinarán quien no es demócrata y
que por lo tanto debe ser condenado.
Quienes pretenden aceptar
solamente a las democracias en la
convivencia internacional -en
realidad se trata de una simulación,
de una comedia bastante burda pero
que ejerce una gran influencia en la
opinión pública, en los Estados y en
las fuerzas políticas y sociales,
incluidas las de izquierdas-,
quienes tal pretenden, y ellos son
los que señalan cuales son las
democracias y cuales son las
dictaduras, lo que están intentando
es legitimar el derecho a bombardear
e invadir a aquellos países que
Estados Unidos desea destruir,
controlándolos a continuación
mediante gobiernos fantoches. Lo
hemos visto en Yugoslavia y ahora en
Iraq.
Desde el 11 de Septiembre a la
cualidad de dictaduras se les agrega
la de ser regímenes que apoyan el
terrorismo internacional. A EE.UU.
le interesa mucho acabar de una vez
para siempre con la coexistencia
entre regímenes distintos. Acabar
con este principio es acabar con la
posibilidad de convivencia pacífica
en la sociedad internacional, acabar
con el derecho internacional; es el
objetivo de Estados Unidos. Pero es
también un arma para dividir,
debilitar, crear grandes
dificultades en la puesta en
práctica de una convergencia mundial
capaz de movilizarse frente a
Estados Unidos, frente al enemigo
común. El principio de coexistencia
entre regímenes distintos que
respeten la Carta de las Naciones
Unidas es esencial para impedir que
Estados Unidos siga actuando como el
gran gangster mundial.
Para lograr la necesaria
acumulación de fuerzas que hoy
necesitamos.
Y segunda cuestión: la lucha por
la paz. Es otra de las cuestiones
fundamentales. Con la doctrina Bush
aumenta el peligro de guerras. El
gran imperialismo necesita las
guerras para crecer o para
mantenerse. Los pueblos, los
trabajadores, amplias capas de la
sociedad necesitan en cambio la paz.
Por eso si aumentan las luchas por
la paz, aumentan las posibilidades
de los pueblos. Y paralelamente
aumentan las dificultades del
imperialismo.
La lucha por la paz es de gran
importancia, no sólo éticamente,
también desde el punto de vista
político. Una lucha, esta de la paz,
que por su naturaleza también será
muy heterogénea. En la lucha por la
paz que ha habido intentando evitar
la invasión a Iraq, hemos aludido ya
a ello, había sectores de otros
imperialismos distintos del de
Estados Unidos, sectores del
capital, capas de sectores medios,
estaba el Papa, otras religiones,
estaba la clase obrera, estaban los
partidos comunistas, algunos
partidos socialdemócratas, |