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Brasil, sexta-feira, 10 de outubro de 2008
septiembre 26, 2003
La nueva realidad internacional bajo el dominio de
Estados Unidos (*)

Jaime Ballesteros(**)

1. La política de Estados Unidos orientada a la hegemonía mundial viene de lejos. La intervención norteamericana en la guerra de independencia de Cuba (1989) marca el comienzo de sus intervenciones imperialistas, de su decisión imperialista. La extraña y aún no aclarada voladura del acorazado norteamericano Maine en el puerto de La Habana, que EE.UU. achacó a España, fue utilizada como pretexto para intervenir en dicha guerra, pretendiendo apoderarse de Cuba.

La vieja doctrina yanqui del “destino manifiesto” utilizada durante el siglo XIX para extender sus fronteras, indicaba ya la posterior voluntad imperialista. Estados Unidos sostenía tener un destino imperial evidente que exigía expansión, ya entonces, hacia América Latina y hacia el Oeste (Oceanía y Asia).

Realmente, el siglo XX podemos contemplarlo como el siglo de las luchas de los pueblos por la independencia, la democracia y el socialismo –lucha anticolonial de Asia y Africa, también en América Latina contra el neocolonialismo, revolución soviética, china, vietnamita, cubana..., lucha antifascista en el mundo, etc- , pero también puede ser contemplado como el siglo del crecimiento y consolidación del gran imperialismo norteamericano en el mundo.

Así, en la Primera Guerra Mundial del 14-18, vemos desaparecer el imperio austrohúngaro y el imperio otomano. Más tarde, en la Segunda Guerra Mundial, del 39-45, se debilitan los imperios alemán y japonés, ambos derrotados, pero también el británico y el francés, como consecuencia de la guerra y posteriormente al ir perdiendo sus posesiones de ultramar. De esta guerra sale el mundo bipolar, USA y la URSS, cuyo equilibrio de poder, equilibrio del terror nuclear pero equilibrio al fin y al cabo, dominó durante décadas. En 1991 se derrumba la Unión Soviética y Estados Unidos queda como única superpotencia mundial.

Es cierto que, sobre todo Alemania y Japón, se han ido recuperando, que existe la famosa triada, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, pero estos dos últimos, recuperados económicamente, carecen de potencialidad político-militar. El gran imperialismo no sólo económico sino político-militar que sale del siglo XX es, sin discusión, el imperialismo norteamericano. Desde la intervención de EE.UU. en la guerra de independencia de Cuba, allá en 1898, hasta la caída de la Unión Soviética y el actual gobierno de Bush, el siglo XX ha ido forjando ese gran imperialismo que hoy es, sin duda, el mayor peligro para la humanidad.

Este proceso histórico imperialista es la otra cara del proceso de luchas por la independencia de los pueblos, por la democracia y por el socialismo que ha recorrido todo el siglo pasado, gran Amazonas cuyo potente caudal desemboca en este siglo XXI con no menor fuerza que el gran monstruo del imperialismo norteamericano. Es la gran lucha entre dos conceptos de lo universal: el de la explotación, las guerras, la miseria, la dependencia y los nuevos oscurantismos, por un lado; y, por otro, el de la liberación de los pueblos, la independencia de los Estados, las conquistas sociales, la igualdad, la razón y la cultura, en una palabra el socialismo. Es la lucha local y global entre dos conceptos de lo universal, lucha llamada a resolverse en este siglo XXI.

Sabemos que durante el Siglo XX la agresividad, el cinismo y la brutalidad, han sido parte de la política exterior de Estados Unidos. Desde su intervención en la guerra de independencia de Cuba hasta el nombramiento de Bush no ha sido un país que ejerciese una política democrática en lo internacional. Era un país imperialista de gran agresividad. Desestabilizaba Gobiernos, propiciaba golpes militares fascistas, invadía, bombardeaba países. En América Latina se tiene una amplia experiencia de todo ello.

2. Tras la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos, con Gran Bretaña, lanzó al mundo la doctrina del neoliberalismo, proclamada poco antes.
Sus objetivos han sido claros:

- El “libre mercado”, esto es que los demás países del mundo abran sus mercados a los países desarrollados, especialmente a los Estados Unidos, aunque estos se reserven el derecho de establecer barreras a los productos que no están dispuestos a que entren en sus mercados y subvencionan la exportación de aquellos otros que sin esas subvenciones no serían competitivos en el mercado mundial.

- Que los Estados de los demás países se debiliten a favor de ese libre mercado bajo dominio de los poderosos, especialmente de Estados Unidos, aunque el Estado norteamericano bien se cuide de fortalecerse al máximo.
- Que el capitalismo anule las conquistas sociales allí donde la lucha de los
pueblos ha logrado imponerlas.

- Que el capitalismo adquiera en buenas condiciones las empresas estatales que rinden beneficios, dejando al Estado las que sean ruinosas.
En el fondo, la ideología del “libre mercado” no busca sino estos objetivos.
Pero el neoliberalismo, en sus andanzas, en todo momento ha actuado con dos piernas. Una, la de todas estas medidas que llamaremos económicas, aunque evidentemente son más que económicas, orientadas al predominio del mercado sobre la política; pero el neoliberalismo manejaba también otra pierna, la de la fuerza militar, la de los bloqueos y embargos a los pueblos, la de los bombardeos, desestabilizaciones y golpes de Estado por todo el mundo. La teoría política y económica del neoliberalismo caminaba con ambas piernas, unas veces dando zancadas con la pierna político-económica y otras con la de la violencia político-militar.

Estados Unidos enviaba sus productos y sus multinacionales, pero también enviaba sus marines, sus bloqueos y sus bombardeos con uranio empobrecido.

El neoliberalismo ha ido ocasionando un fuerte aumento de las desigualdades, y con ellas miseria, hambre, enfermedades, analfabetismo, muerte y desesperación por todo el mundo. Al mismo tiempo que iniciaba la tarea de ir destruyendo el derecho internacional. Así, hemos visto entre otras cosas cómo se proclamaba el derecho de injerencia incluso militar en otros Estados, utilizando como pretextos la lucha contra la limpieza étnica, la defensa de la democracia, de los derechos humanos, etc, Objetivos lo suficientemente ambiguos para interpretarlos a conveniencia de los poderosos. Ejemplo, el ataque a Yugoslavia, con el objetivo de fraccionarla cada vez más y establecer bases militares.

Los derechos humanos, los de carácter político, se han venido utilizando como instrumento propagandístico, en ocasiones, prebélico para desprestigiar, aislar y luego atacar si es necesario a quienes no se someten al dominio de Estados Unidos. Esta utilización de los derechos humanos es capitaneada por los países ricos, en primer lugar Estados Unidos. Pero cuando proclaman los derechos humanos no se acuerdan de los grilletes de la deuda externa, del aumento de la miseria, de las hambrunas, de las enfermedades, de la mortandad infantil, de la falta de trabajo, de asistencia médica, de enseñanza en el mundo. Estos otros derechos, violados constantemente, no son considerados como motivo suficiente para condenar a un régimen como no democrático, menos aún para condenar a aquellos países que son causantes o cómplices de estas situaciones en el mundo actual.

En todo este período hemos vivido lo que podemos llamar el despotismo neoliberal.

3. Pero este despotismo neoliberal, que avanzaba unas veces con la pierna de la violencia de la política económica y otras con la violencia político-militar, al llegar Bush al poder toma un derrotero más agresivo. Y hay que señalarlo con total claridad, no a causa del 11 de septiembre. La cosa viene de atrás. Estamos ante una política ultra elaborada y decidida ya con bastante anterioridad a los atentados y al margen de ellos.

Recordemos que ya en 1982, gobernando Reagan, asesores de Bush padre elaboraron un proyecto de política exterior que entonces no encontró el clima adecuado para ser aprobado. Quedó aparentemente olvidado hasta el año 2000, en que la asociación ultraconservadora “Project for the New American Century”( PNAC), estrechamente ligada a Bush hijo, convocó una reunión de 27 expertos e ideólogos que elaboraron el Informe “Reconstruir las defensas de Estados Unidos para el Nuevo Siglo”. Los redactores de este Informe reconocieron la gran deuda que tenían respecto al plan de 1982.

El nuevo Informe exponía claramente las intenciones de Bush hijo y su grupo: controlar militarmente la región del Golfo, estuviese o no en el poder Saddam Hussein, como paso importante para controlar militarmente el mundo. El documento decía textualmente: “Estados Unidos ha estado buscando durante décadas representar un papel más permanente en la seguridad regional del Golfo. Aunque el conflicto todavía no resuelto con Iraq ofrece una justificación inmediata, la necesidad de una presencia sustancial de fuerzas armadas estadounidenses en el Golfo trasciende el tema del régimen de Saddam Hussein”. Se afirmaba que para las nuevas tareas se “exige el liderazgo político de Estados Unidos más que el de las Naciones Unidas”.

Recomendaba que Estados Unidos instalase, allí donde no las hubiese, bases militares en Oriente Medio, América Latina, Sudeste europeo y Sudeste asiático. Aconsejaba abandonar el Tratado de limitación de los sistemas de misiles antibalísticos firmado en 1972 con la Unión Soviética. Al alcanzar la Presidencia, Bush hijo así lo hizo. Se señalaba a Iraq, Corea del Norte e Irán como los regímenes que deberían derrocarse a corto plazo. Luego serían llamados “el eje del mal”.

Hay que decir que ese extraño 11 septiembre, objetivamente -no entro en los análisis sobre sus autores-, objetivamente ha jugado el mismo papel que jugó el incendio del Reichstadt para que Hitler lanzase su política. El mismo papel que jugó también allá en 1898 el hundimiento del Maine en el puerto de La Habana para que Estados Unidos pudiese intervenir en la guerra, iniciando sus acciones imperialistas.

Aprovechando el favorable clima que se creó con los terribles atentados, el Informe ultra del 2000, al que nos hemos referido, ya pudo tomar la forma oficial del actual documento titulado “Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos”, de septiembre del 2002, que orienta la actual agresividad norteamericana. Repite y consagra las orientaciones del PNAC, que, a su vez, seguía en lo fundamental los contenidos del olvidado plan de 1982.

Esta fue la dilatada elaboración estratégica de los ultras. Con ella se actualizaba la vieja teoría del “destino manifiesto” de EE.UU.
Así pues, tanto la decisión de invadir Iraq, como la otras posibles intervenciones en la zona, de extender las bases y la presencia militar norteamericana por diversas zonas del mundo, entre ellas América Latina, y prescindir de las Naciones Unidas si estas no se pliegan a sus deseos, toda esta política viene de lejos. Es la que venían elaborando los ideólogos y estrategas de los sectores más extremistas y feroces del gran imperialismo norteamericano, ligados estrechamente a las empresas petroleras y armamentísticas. Es la llamada doctrina Bush, incubada en todos esos años.
Esta gran estrategia estadounidense, esta ofensiva dictatorial en todo el planeta, debería ponerse en práctica “tan pronto como sea posible en el futuro”. El propicio y oportuno 11 de Septiembre del 2001 creó el clima político adecuado para transformar esas elaboraciones de una política imperialista de carácter extremista en doctrina oficial de Estados Unidos.

El despotismo neoliberal que venía imperando da un paso adelante, se hace más agresivo y peligroso.

Este es el punto actual del imperialismo norteamericano. Su nota dominante es el agravamiento de su agresividad, de su decisión de dominio mundial. Y para ello, su decidida voluntad de emplear los métodos que sean necesarios. Se ha llegado al rechazo de cualquier fórmula de multilateralismo. Con Bush, el unilateralismo se impone de forma plena.
Los sectores más agresivos, los más aventureros y reaccionarios de la sociedad norteamericana se han hecho con la dirección, se han apoderado del Gobierno e intentan imponer al mundo, con guerras si se estima necesario, su orden. La guerra, con Bush, pasa a ser directamente la política, no su prolongación. Se rechaza cualquier tipo de concesión a una política mundial de carácter multilateralista.

Del despotismo neoliberal se ha pasado a un tipo de neofascismo neoliberal.


4. Quiero recordar que tradicionalmente, los que ya tenemos ciertos años podemos recordarlo, definíamos al fascismo, y creo que era una definición acertada, como la forma de gobierno terrorista de los sectores más reaccionarios del capitalismo. Pues bien, esto es lo que se está produciendo ahora en el gran imperialismo norteamericano. Los sectores más reaccionarios, dispuestos a gobernar el mundo predominantemente con métodos terroristas, han subido al poder con Bush. Naturalmente, este intento de neofascismo no actúa con el mismo estilo que el fascismo clásico, con las mismas formas. No van a salir a la calle con cruces gamadas y brazo en alto. Estamos en otros tiempos. Tienen ciertas formas liberales, formas parlamentarias, pero tendiendo a reducir libertades y, desde luego en lo internacional, con una agresividad digna de la peor época del fascismo.
Cabe preguntarse: ¿pero cómo va a ser calificado Estados Unidos de neofascista si es un Estado democrático?

Conviene que nos paremos un momento sobre qué debemos entender hoy por Estado democrático. Y no me refiero a la vieja discusión entre democracia formal y democracia real, o democracia burguesa y democracia obrera o popular. Discusiones que apuntan a problemas de fondo pero que a mi entender han sufrido deformaciones de una y otra parte. Me refiero a que hoy ya no puede calificarse de Estado democrático (utilizando esta expresión en el sentido que se utiliza por los medios de comunicación y académicos, por los organismos internacionales y por la mayor parte de la opinión pública mundial, esto es, en el sentido de que un Estado es democrático cuando se corresponde al modelo parlamentario liberal clásico, con libertad de partidos políticos, derechos de reunión, asociación, expresión, etc.); no puede calificarse como democrático a un Estado, digo, valorando exclusivamente cómo está organizado dentro del país, aunque su política y su actuación exterior nada tengan de democráticos sino todo lo contrario, sean decididamente dictatoriales.

Se utiliza mucho y peligrosamente la calificación de si un país es demócrata o es dictatorial sin tener en cuenta que en un mundo cada vez más globalizado, cada vez más relacionado internacionalmente tiene un papel creciente su acción exterior, si esta es democrática o no.

Estados Unidos es un país en que su forma constitucional es democrática, más allá de las abundantes perversiones que deforman su democracia. Hemos visto entre tantas cosas la elección de Bush, con manipulaciones por no decir trampas hasta que fue proclamado Presidente, y vemos muchas otras cosas, los enormes poderes del dinero, maestros en pervertir la democracia, todo lo que ya sabemos. Pero constitucionalmente EE.UU. es una democracia, en el sentido liberal de la palabra, bueno, pero una democracia. Ahora bien, Estados Unidos en la arena internacional se parece cada vez más, a la hora de ser calificado, a un país que no tiene nada de democrático, en lo internacional funciona como un país decididamente fascista. Como un país que impone por la fuerza su criterio, bombardea e invade países, se salta el derecho internacional, actúa de juez y de parte, va destruyendo las Naciones Unidas, a las que les impone el criterio de que o hacen lo que le interesa a Estados Unidos o simplemente se saltan sus acuerdos, menosprecia a sus aliados, e intenta imponer en el mundo la inmunidad de sus soldados y agentes. Brutal cinismo que acompañado de un potencial nuclear y de todo tipo de armas sofisticadas de destrucción masiva y de la naturaleza, supone el peligro más grave que la humanidad haya tenido en su larga historia.

En el mundo crecientemente globalizado en el que vivimos, los baremos para juzgar si un Estado es democrático o no, han de tener muy en cuenta el comportamiento de cada país en la arena internacional, más allá de lo democrática o no que sea su organización interna, sobre lo que, repetimos, habría también mucho que decir, pues nadie puede negar que vivimos una profunda crisis de la democracia parlamentaria liberal.

Un país que internacionalmente actúa con criterios dictatoriales y verdaderamente fascistas, no puede ser calificado de democrático. Y viceversa: si un país en su forma interior, o porque no sigue la forma tradicional de democracia, o incluso porque es una dictadura, de uno u otro tipo, pero que en su comportamiento internacional es decididamente democrático en todas su actuaciones, no puede ser calificado sin más de dictadura.

Con la globalización, insisto, hay que empezar a utilizar baremos nuevos, más científicos, para calificar de democráticos o antidemocráticos a los países, baremos nuevos y distintos de los que se vienen utilizando en los grandes medios de comunicación y en los ideólogos del pensamiento único que domina el mundo. Esos viejos baremos hoy son un arma pelifrosa del neoliberalismo, de su dictadura neofascista.


5. Llegados a este punto, surge una pregunta. ¿Por qué se ha producido en Estados Unidos esta toma del poder? ¿Por qué Estados Unidos ha situado a su frente a los sectores más reaccionarios, más terroristas y aventureros? ¿Por qué han llegado a la conclusión de que el despotismo neoliberal, con su arsenal de violencias, ya no le era suficiente y había que pasar a fórmulas más extremas?

La realidad es que se estaban acumulando toda una serie de elementos que preocupaban seriamente a sectores muy poderosos de la sociedad norteamericana.

- Ante todo, una crisis general y creciente, cada día más grave, del neoliberalismo.

- En América Latina, la crisis del neoliberalismo ha producido luchas, avances y triunfos de candidatos progresistas. Venezuela, rica en petróleo, desarrolla su revolución bolivariana. Brasil, el gran Brasil, está gobernado por la izquierda. Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, toda la región andina está sometida a una profunda crisis. De unas forma u otras, América Latina vive un auge de luchas, en ocasiones con resultados electorales importantes, vive esperanzas populares y búsquedas de alternativas regionales al neoliberalismo y de despegue de Estados Unidos.

- Cuba seguía resistiendo, en medio de todas las dificultades. Cuando cayó la Unión Soviética y los países socialistas del resto de Europa, muchos pensaron que lo de Cuba iba a ser una cuestión de días. Pero Cuba, contra viento y marea, y pese a todas las provocaciones yanquis sigue resistiendo.
- China, la inmensa China, donde viven uno de cada cinco seres humanos, no sólo se consolidaba sino que se desarrollaba con fuerza sin que los golpes de la crisis económica asiática hiciesen paralizar su economía. China, sin duda una de las mayores inquietudes de Estados Unidos cara al futuro.
- Se levantó por buena parte del mundo el movimiento antiglobalización, antiglobalización neoliberal, que se echaba a la calle proclamando la profunda injusticia de la sociedad internacional actual y que otro mundo es posible, enfrentándose al dominio y a las instituciones mundiales del neoliberalismo.

- En la OPEP, Iraq, con sus potentes reservas de petróleo, abandonaba el petrodólar pasándose al euro. Esto podía vaticinar serios peligros para el petrodólar, en una OPEP dentro de la cual se encontraba Venezuela, un Estado con un gobierno progresista y popular. El peligro de que pudiese quebrarse el dominio del patrón petrodólar en el comercio mundial de crudos podría suponer un golpe económico muy grave para EE.UU.
- Incluso el proceso de unificación de Europa, aunque hoy por hoy es un proceso de unificación capitalista, no ya capitalista imperialista, le preocupa a Estados Unidos, porque podría llegar a ser una competencia, no sólo económica sino política. Proceso de unidad de un conjunto de países en una parte de los cuales, además, el antiamericanismo aumenta, y no sólo en los pueblos. Lo hemos visto en toda la lucha contra la guerra a Iraq, incluso en sectores del alto capitalismo.

- Yo añadiría también la reanudación de la Intifada. La nueva Intifada revelaba un problema: que no era tan fácil dominar a la revolución palestina. Que la realidad palestina seguía actuando con mucha fuerza.
- Y otros problemas, sin olvidar los que afectan a la economía norteamericana.

Todo este cúmulo de elementos preocupaba seriamente al gran imperialismo. En consecuencia al optar por Bush lo ha hecho por una estrategia de dominio mundial más expeditiva que la del despotismo neoliberal que estaba imperando hasta ahora, pese a su violencia, nunca abandonada. Las fuerzas dominantes en Estados Unidos, que tienen la firme decisión de hacerse con el mundo, de hacerse con las materias primas, de impedir que cualquier otro país por fuerte que sea se acerque en potencialidad militar a ellos, ponen al frente del Imperio, tras unas elecciones chapuceras, a Bush, su equipo y su doctrina.
Estas son las causas de por qué el despotismo neoliberal se ha transformado en neofascismo neoliberal.

Consecuentemente Bush y su equipo se disponen a resolver lo más pronto posible algunos de estos problemas. Y mira preferentemente dos zonas del mundo que sitúa entre sus objetivos actuales, sin olvidar otras zonas también objeto de su atención.

Mira Oriente Medio en su sentido más amplio, desde el mar Rojo hasta el centro de Asia. Mira e invade Afganistán, colocando tropas en la frontera de China, un punto estratégico también para el control mundial del petróleo. A los pocos meses ha tenido lugar la invasión a Iraq, con sus inmensas reservas petrolíferas, país decisivo en el control de la región, con lo que de paso se propiciaba una salida domesticada de Palestina. Y continúan en el aire las amenazas a Irán, a Siria, y otros países de la zona.

La otra mirada va dirigida a América Latina. A América Latina, en crisis e inestabilidad toda ella, desde Centroamérica hasta Argentina. Antes me he referido a la preocupación de Estados Unidos por el nuevo auge independentista, político y social, del continente latino. La respuesta de Estados Unidos es acelerar la implantación del ALCA, cada día con más oposición, y extender su presencia militar en una red que va cubriendo todo el continente.

¿Se atreverá Bush a lanzar nuevas invasiones al ritmo de las dos anteriores, pese a la inestabilidad existente en Iraq con una resistencia activa, resistencia que está creando serios problemas a Bush, que ganó la guerra militarmente pero puede acabar perdiéndola políticamente, resistencia al invasor imperialista, digámoslo de paso, que a todos nos ayuda, resistencia, en fin, que bien merece la solidaridad de todos los pueblos del mundo?
Los textos de la doctrina Bush hablan de poder llevar varias guerras simultáneamente, pero la verdad es que eso es más fácil escribirlo que llevarlo a la práctica. La mandíbula puede morder lo que puede morder. No puede querer masticar ni digerir una vaca entera por muchos deseos que tenga de hacerlo. Bush tendrá que ir previendo sus distintos pasos. Y tendrá que atender los problemas, políticos y económicos, que se le levantan en la retaguardia, en la propia sociedad norteamericana.

El loco sueño de Bush tendrá sin duda sus contratiempos.


6. Lo que va estando cada vez más claro, y no sólo para los pueblos, también para otros muchos sectores, es que Estados Unidos es hoy el enemigo fundamental. Esa es la contradicción fundamental que tiene la humanidad ante su futuro.

Y para resolver esa contradicción fundamental es necesario ir avanzando hacia una nueva correlación de fuerzas en el mundo. Esto es algo esencial en la situación mundial y también en la marcha global hacia el socialismo. Lo va a ser durante bastante tiempo. O se cambia la correlación de fuerzas en el mundo o estarán taponadas muchas soluciones de carácter democrático, progresistas y socialistas.

Esto lleva a que jueguen más papel internacional aquellos países que por su tamaño, fuerza, posibilidades económicas, poblacionales, etc, son auténticas regiones en el mundo. Y al mismo tiempo es preciso que continentes o regiones del mundo avancen en procesos de regionalización para ser más fuertes y poder abordar con más posibilidades los serios problemas de sus pueblos.

Naturalmente pueden avanzar procesos de regionalización en unas u otras partes del planeta en un sentido neoliberal, la Unión Europea es un ejemplo. En estos casos, o bien aceptarán su subordinado papel de virreyes de Estados Unidos, o bien, en el caso de países desarrollados, optar por ser un imperialismo no sólo económico sino también militar con todas sus consecuencias y los peligros de futuras guerras nucleares interimperialistas. Lo que podría ser el fin del planeta y de la humanidad.

Cuando nos estamos refiriendo a la necesidad de regionalizar el mundo, evidentemente nos referimos a procesos no neoliberales, procesos democráticos y de progreso, procesos independientes del capitalismo.
En estos procesos, como en general en otras luchas contra el neofascismo norteamericano, por ejemplo la lucha por la paz, a la que luego nos referiremos, no estarán sólo los pueblos, habrá sin duda una gran variedad de clases y sectores sociales, de ideologías, de organizaciones, de culturas, de Estados, con intereses diferentes, lo que originará muchas contradicciones, pero todos ellos convergiendo en su oposición al mando implacable de Estados Unidos, a su voracidad planetaria. Unos criticando el unilateralismo que ejerce, sus métodos al frente de la sociedad capitalista, optando por formas distintas de gobernar el actual sistema capitalista. Otros enfrentándose con el poder del gran imperialismo norteamericano y el sistema mundial que gobierna, buscando soluciones no neoliberales a sus pueblos. Otros convencidos de que hay que acabar con el capitalismo. Habrá serias y difíciles contradicciones internas en esos procesos de regionalización, pero el hecho es que EE.UU. es el principal y más fuerte enemigo, el gran imperialismo, la cabeza y el poder más elevado del sistema capitalista. Y es preciso acumular grandes, inmensas fuerzas para lograr cambiar la correlación de fuerzas a nivel local, regional y mundial.
Cambiar la correlación de fuerzas en el mundo es un objetivo decisivo en una estrategia global hacia el socialismo. Es una necesidad estratégica objetiva, mundial en la vía al socialismo.

Yo estoy convencido de que conforme se vaya avanzando en cambios en la correlación de fuerzas, conforme vayan jugando un papel más activo los cinco grandes países del mundo no desarrollado, entre ellos Brasil, y que avance una regionalización de carácter democrático, democrático-independiente, democrático-progresista, con sus variaciones, que conforme eso vaya avanzando en este camino, se irán liberando en el mundo fuerzas inmensas de carácter democrático, progresista y revolucionario. Necesarias para que se vaya fortaleciendo ese proceso, que ejerzan su influencia para que la perspectiva del cambio de sistema no se interrumpa, que no se quede estancado en fases intermedias y den la vuelta atrás, sino que vayan acumulando fuerzas y experiencia para ir más allá, con un sentido más profundamente democrático, más libre, más humano y con un reparto de riqueza serio en todo el mundo. Que el proceso se vaya socializando y puedan librarse las grandes batallas revolucionarias que, sin duda, habrán de ser libradas.

Pero creo que he llegado a agotar mi tiempo. Tan sólo enunciaré dos cuestiones que en esta perspectiva estimo que son de especial importancia:
Primera cuestión: la importancia de restablecer, en el mundo de hoy, en todo su valor el principio de coexistencia entre regímenes distintos. Este principio está en la base de la Carta de las Naciones Unidas aunque buen cuidado tiene EE.UU. de irlo anulando. Frente a él, se quiere imponer otro principio, el de que sólo cabe convivencia con aquellos regímenes calificados de democráticos, según calificación que establecerá en cada momento Estados Unidos y sus posibles aliados. Ya antes hablé sobre este tipo de calificaciones de quién es demócrata y quien es dictatorial. Pero ahora se trata de otro aspecto de la cuestión. Se trata de la idea de que en la comunidad internacional sólo caben las “democracias”, idea que no tiene otro fin que el de ir acabando con aquellos países que se oponen a los mandatos de Estados Unidos. Porque será, de una forma u otra, Estados Unidos y sus aliados quienes determinarán quien no es demócrata y que por lo tanto debe ser condenado.

Quienes pretenden aceptar solamente a las democracias en la convivencia internacional -en realidad se trata de una simulación, de una comedia bastante burda pero que ejerce una gran influencia en la opinión pública, en los Estados y en las fuerzas políticas y sociales, incluidas las de izquierdas-, quienes tal pretenden, y ellos son los que señalan cuales son las democracias y cuales son las dictaduras, lo que están intentando es legitimar el derecho a bombardear e invadir a aquellos países que Estados Unidos desea destruir, controlándolos a continuación mediante gobiernos fantoches. Lo hemos visto en Yugoslavia y ahora en Iraq.

Desde el 11 de Septiembre a la cualidad de dictaduras se les agrega la de ser regímenes que apoyan el terrorismo internacional. A EE.UU. le interesa mucho acabar de una vez para siempre con la coexistencia entre regímenes distintos. Acabar con este principio es acabar con la posibilidad de convivencia pacífica en la sociedad internacional, acabar con el derecho internacional; es el objetivo de Estados Unidos. Pero es también un arma para dividir, debilitar, crear grandes dificultades en la puesta en práctica de una convergencia mundial capaz de movilizarse frente a Estados Unidos, frente al enemigo común. El principio de coexistencia entre regímenes distintos que respeten la Carta de las Naciones Unidas es esencial para impedir que Estados Unidos siga actuando como el gran gangster mundial.

Para lograr la necesaria acumulación de fuerzas que hoy necesitamos.

Y segunda cuestión: la lucha por la paz. Es otra de las cuestiones fundamentales. Con la doctrina Bush aumenta el peligro de guerras. El gran imperialismo necesita las guerras para crecer o para mantenerse. Los pueblos, los trabajadores, amplias capas de la sociedad necesitan en cambio la paz. Por eso si aumentan las luchas por la paz, aumentan las posibilidades de los pueblos. Y paralelamente aumentan las dificultades del imperialismo.

La lucha por la paz es de gran importancia, no sólo éticamente, también desde el punto de vista político. Una lucha, esta de la paz, que por su naturaleza también será muy heterogénea. En la lucha por la paz que ha habido intentando evitar la invasión a Iraq, hemos aludido ya a ello, había sectores de otros imperialismos distintos del de Estados Unidos, sectores del capital, capas de sectores medios, estaba el Papa, otras religiones, estaba la clase obrera, estaban los partidos comunistas, algunos partidos socialdemócratas,