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Brasil, sábado, 11 de outubro de 2008
septiembre 26, 2003
La agravación der la crisis mundial
Aportes para la elaboración de un escenario de implosión del centro del mundo capitalista(*)

Jorge Beinstein(**)

La paradoja del tercer milenio naciente consiste en la presencia simultánea del poder abrumador de Occidente y su impotencia para gobernar el imperio, la periferia del mismo pero también sus áreas centrales. Dos hechos recientes lo ilustran: el empatanamiento de la ocupación militar en Iraq (y en Afganistan) y la explosión del déficit fiscal y de la deuda pública norteamericanos. En apariencia ambos hechos serian superables, sin embargo la profundización del análisis nos lleva a la conclusión de que estas dificultades expresan una grave enfermedad o algo peor, serían señales de un irresistible proceso de decadencia, manifestaciones de una senilidad muy avanzada (1).

Irak

146 mil soldados estadounidenses sumados a unos 16 mil británicos (y unos pocos de otras nacionalidades) no pueden controlar a un país de 25 millones de habitantes. La aventura le está costando a Estados Unidos 4 mil millones de dolares mensuales, a los que hay que agregar 1000 millones de dólares de gastos en Afganistan, donde las fuerzas occidentales controlan solo el centro de la capital, Kabul, y unos pocos puntos dispersos. Se sabe ahora que Estados Unidos no puede sostener a mediano plazo ese nivel de presencia bélica y mucho menos ampliarla. Sin embargo algunos halcones consideran que las tropas deberían llegar rápidamente a 250 mil, el diez por mil de la población iraquí. Pero esa relación ya existe en Bagdad (50 mil soldados contra 5 millones de habitantes) y la situación sigue fuera de control (2). Además colocar ese número de hombres en Iraq significaría desguarnecer zonas claves del mundo donde Estados Unidos está presente e inclusive su propio territorio nacional. Pero a los 60 mil millones de dólares anuales en erogaciones estrictamente militares en Afganistan e Iraq se suman los llamados proyectos de reconstrucción destinados a recomponer la infraestructura destruida por los bombardeos (electricidad, puertos, etc). Necesarios no solo para la explotación (estadounidense) de los recursos petroleros del país sino también para contener mínimamente a una población masivamente sin trabajo a causa de la destrucción del estado nacional por parte de los invasores (liquidación de empresas estatales, de las fuerzas armadas, del sistema público de subsidios a los pobres, etc). Bush acaba de solicitar 87 mil millones de dólares adicionales al Congreso destinados en su mayor parte a Iraq (51 mil millones para gastos estrictamente militares Iraq y 20 mil millones para la reconstrucción) con lo que el déficit fiscal y la deuda publica continuarán su marcha expansiva. Y seguramente seguirán aumentando los gastos y envíos de soldados, conformando un circulo vicioso de represión y resistencia en el que se va hundiendo la superpotencia. El espectro de Vietnam alumbra el camino hacia el desastre.

Se van así evaporando las ilusiones imperiales de control militar del Medio Oriente. Cuando en Mayo de 2003 se completaba la invasión, los halcones soñaban con la próxima invasión de Siria e Irán y la imposición de una de paz imperial en Palestina (Sharon mediante). También suponían que la consolidación de sus posiciones en Afganistan les abría el camino de todo Asia Central, ahorcando a Rusia y presionando a China, arrinconada luego aún más a través de la destrucción del régimen norcoreano.

Observaciones

De todo esto se desprenden algunas observaciones.
Emerge de manera sorprendente la improvisación demostrada por el gobierno estadounidense. Atacó Iraq sin una evaluación seria de la posguerra. La carencia de una estrategia integral de ocupación está marcando graves fallas del estado norteamericano, sus mandos militares, su aparato de inteligencia. A menos que Bush y sus amigos se hayan tragado la intoxicación mediática que ellos propagaron anticipando que los iraquíes recibirían como amigos liberadores a quienes los venían bombardeando desde hacia más de una década. Esos errores no constituyen hechos casuales, pasajeros, sino deterioros muy profundos, manifestaciones de degradación intelectual en la cúpula dirigente de la potencia que pretende reinar sobre el planeta. El panorama de Afganistan donde la guerrilla crece día a día despierta reflexiones similares.

Incluso la presunción de que Bush esté ahora jugando a la libanización de Iraq (para impedir su vietnamizacion), alentando la guerra entre shiitas y sunitas, apunta también a señalar el alocado aventurerismo de la administración norteamericana (3).

Otro aspecto importante es la evidencia de un fenómeno de sobreextensión estratégica (4) que va carcomiendo los fundamentos del Imperio. Estados Unidos atacó Afganistan e Iraq con el fin de ganar a través del instrumento militar (donde su superioridad a nivel global es abrumadora) lo que esta perdiendo o no puede obtener a través de su declinante fuerza económica. La necesidad de sobrevivir como superpotencia planetaria la empuja a hacia nuevas guerras periféricas, pero al hacerlo descubre que sus medios militares y financieros son insuficientes. Peor aún, esas aventuras le causan gastos que acentúan su crisis, y los beneficios obtenidos por la rapiña no compensan las erogaciones realizadas. Es la trampa irresistible en la que cayeron numerosos imperios del pasado (el romano, el español...) en sus etapas descendentes. El caso de Iraq es casi un ejercicio de escuela: el gobierno de Bush acaba de pronosticar que en 2004 las exportaciones de petróleo iraqui llegarán a los 12 mil millones de dólares, y a 20 mil millones anuales en 2005 y en 2006 (5). Suponiendo que pueda acaparar todo ese ingreso (en ese caso no se sabe muy bien de que viviría la población iraquí), el mismo apenas representa en 2004 el 25 % de los gastos estrictamente militares de ocupación.

También es necesario observar que estas anexiones militares se inscriben en un proceso mas amplio de desintegración y exclusión de vastas zonas periféricas en un contexto global de hegemonía financiera. Lo ocurrido con Europa del Este en los años 90 fue un primer antecedente. Las actuales conquistas no instalan a los nuevos protectorados en un supuesto orden económico mundial, en una división internacional del trabajo, como ocurrió con el viejo colonialismo anterior a la primera guerra mundial. Más bien los convierte en zonas grises, destruye los sistemas existentes sin reemplazarlos por otros. La hegemonía occidental ha dejado de ser sinónimo de integración al mercado mundial de los pueblos pobres (aunque sea perversa, injusta, portadora de superexplotación) sino de marginalización. Esto es un síntoma claro de decadencia.

Otra observación de peso es que Estados Unidos se ha encontrado en Bagdad con una población moderna, con identidad, poco dispuesta a dejarse tiranizar por los ocupantes. Es que a lo largo del siglo XX se desarrollaron en la periferia estados nacionales y tejidos urbanos complejos y muy extendidos. Industrias, universidades, sindicatos, medios de comunicación. Se produjeron revoluciones y reformas nacionalistas y socialistas que, más allá de sus fracasos, dejaron una inédita herencia civilizacional que los norteamericanos han subestimado. El soldado ocupante no se encuentra con una población infinitamente inferior desde el punto de vista técnico, sino con una realidad social incorporada en amplias proporciones a la modernidad burguesa, subdesarrollada pero no abismalmente atrasada. La masa informe de seres primitivos que Bush pensaba domesticar solo existe en su imaginación. Es la periferia del siglo XXI. El planeta es hoy demasiado sofisticado, demasiado grande y complejo para las simplificaciones coloniales del siglo XIX. El viejo Occidente occidentalizó (aburguesó) al planeta y su victoria cultural se le vuelve ahora en contra.
Raíces del militarismo

Cabe una última observación referida a las raíces de la la actual euforia militarista norteamericana.

Podíamos destacar tres factores, su mención no agota la lista pero son significativos:

1. El complejo militar-industrial producto de la segunda guerra mundial y de la guerra fría, que se fue convirtiendo en un factor esencial de la reproducción del capitalismo norteamericano. Los gastos bélicos aliviaron sus crisis y constituyeron el centro de sus revoluciones tecnológicas. En torno a dicho sistema creció una intrincada trama de estructuras científicas, industriales, burocráticas, políticas, financieras. La exageración de la amenaza soviética constituyó su legitimación esencial durante casi medio siglo. Al derrumbarse la URSS numerosos analistas políticos pronosticaron la extinción gradual del complejo, su reconversión hacia la producción civil. Pero ello era imposible, la economía norteamericana acosada por una aguda crisis de sobreproducción no estaba en condiciones de soportar la desaparición de esa muleta esencial. Habría significado atacar intereses que ocupaban posiciones decisivas en el sistema de poder, con suficiente peso propio como para bloquear cualquier tentativa en su contra. Por consiguiente la expansión continuó después del fin de la guerra fría. La rigidez estructural de la esfera militar, una de las causas del fracaso soviético, también opera como catalizador de la decadencia en el caso norteamericano. Constituye por otra parte el aliado natural tanto del autoritarismo interno como de los grupos de rapiña internacional que necesitan a menudo de la coacción armada para controlar negocios (por ejemplo, el grupo petrolero).

2. La declinación de la economía norteamericana amortiguada a lo largo de los 90 gracias a la hipertrofia financiera que absorbía e incrementaba fondos bloqueados en el área productiva. Ese auge motorizó el consumo (la especulación bursátil involucra actualmente a mas del 50 % de la población) impulsando altas tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno. La euforia especulativa redujo a cero los ahorros personales e infló las deudas familiares, empresarias y estatales. Eso no podía durar mucho. Hacia el 2000 la burbuja comenzó a desinflarse, se sucedieron los escándalos financieros y finalmente se desplomó la bolsa. En 2001 empezó la recesión que se ha instalado para durar mucho tiempo. El norteamericano medio estafado por la manipulación bursátil sufre ahora un efecto pobreza que enfría el consumo ahogando al mercado interno y achicando los beneficios empresarios. En consecuencia la salida imperialista se pone a la orden del día. Saquear recursos naturales y mercados en la periferia, desplazar a los rivales europeos y asiáticos aparecen como opciones lógicas para los grandes grupos económicos. El petróleo ocupa un lugar destacado en esta historia aunque sería demasiado simplista atribuirle todo el mérito. Es cierto que el control de los yacimientos del Medio Oriente y de la Cuenca del Mar Caspio, permitiría dominar el grueso de los recursos de petroleo y gas del mundo. Pero Corea del Norte carece de petróleo, agredirla significa desestabilizar el Extremo Oriente e impedir que China y sus potenciales socios, en primer lugar Japón, constituyan un espacio independiente de los Estados Unidos. En ambos casos y también en el de América Latina aparece la necesidad de controlar mercados y recursos desplazando a los rivales europeos y asiáticos.

De todos modos la guerra impone a los Estados Unidos efectos económicos negativos que no podrán ser compensados con algunas victorias bélicas.

3. La creciente irracionalidad del sistema de poder en los Estados Unidos. El fenómeno puede ser comprendido insertándolo en el proceso más amplio de financierización de la economía norteamericana, que dio un salto decisivo en los 90 produciendo cambios sustanciales en todos los ámbitos de la vida social. Impregnando, subordinando, a todos los negocios, incluidas las empresas productoras de armas. Y se expresó en el predominio del inmediatismo especulativo, la eliminación de casi todas las reglas de juego, el distanciamiento cultural entre las elites superiores y la esfera productiva. La corriente arrastró al estado y sus dirigentes políticos. El Poder quedó prisionero del gigantismo que le otorgaba la superconcentración financiera, favorecido por el derrumbe de la URSS que mostró a los Estados Unidos como la única superpotencia planetaria. Además el colapso soviético dejó al aparato militar-industrial sin legitimación externa. En ese nuevo contexto el Imperio utilizó excusas circunstanciales para seguir avanzando, como la primera Guerra del Golfo y la de Yugoslavia. Pero se trataba de enemigos insignificantes. La tensión entre la pequeña realidad y la búsqueda enfermiza de adversarios de gran talla fue generando negadelirios que empezaron a tomar cuerpo alrededor del 11 de septiembre de 2001. No debe pensarse que la guerra infinita contra el terrorismo fue un puro invento del lobby militar y su compadre petrolero, sino la resultante de necesidades profundas de la cúpula del capitalismo norteamericano, desbordante de autoritarismo y voluntad de rapiña, más allá de las conspiraciones mafiosas propias de ese sistema de poder. Frente a ello se acentuó el proceso de desintegración y degradación la base social que empiezó a ser vista por los de arriba como una suerte de “otro mundo”, inferior, muy lejano. El número de presos (dos millones hoy) creciendo exponencialmente, más de treinta millones de consumidores de drogas, el aumento de la pobreza, de la precariedad laboral (y ahora la desocupación abierta) y la fuerte concentración de ingresos; componen el panorama popular de Estados Unidos.

Dicha realidad facilitó la hegemonía en el sistema de poder de una subcultura muy abstracta y agresiva, muy (demasiado) por encima del mundo. La posesión de instrumentos militares sobredimensionados remachó la trampa psicológica.

Deuda y déficit

El segundo gran tema de actualidad es el de la explosión del déficit fiscal norteamericano detonado por la reducción impositiva de las grandes empresas y fortunas y el aumento de los gastos militares realizados por la administración Bush. Cuyo telón de fondo es el fin de la prosperidad de los 90 y el enfriamiento del consumo, las inversiones y el crecimiento de la economía.

Clinton abandonó la presidencia con superávit fiscal pero al llegar Bush apareció un déficit creciente que superó los 400 mil millones de dólares en el último período presupuestario y que muy probablemente estará por encima de los 500 mil millones en el próximo. Ello está provocando una colosal expansión de la deuda pública, ya muy alta en los 90 y creciendo lentamente hasta que se aceleró durante el gobierno republicano. La deuda se situaba en los 5,4 billones de dólares a fines de 1997, ascendió un año más tarde a 5,5 billonnes y en diciembre del 2000 llegaba a 5,6 millones, pero al finalizar 2001 estaba en 5,8 billones, en 6,2 billones en diciembre de 2002 y nueve meses más tarde superaba los 6,8 billones de dólares, equivalente a un 70 % del Producto Bruto Interno norteamericano (6). La suma de las deudas de las empresas, la administración pública y los particulares representa hoy mas del triple del Producto Bruto Interno. A ello se agrega la expansión del déficit del comercio exterior que pasó de 357 mil millones de dólares en 2001 a 418 mil millones en 2002 y que según los pronósticos mas moderados superaría los 500 mil millones de dólares en 2003. Esta explosiva situación comercial y financiera, la degradación bursátil, el enfriamiento de las expectativas de consumo e inversión, los escándalos y sobreendeudamientos empresarios y otros elementos de malestar económico, convergen con el empantanamiento militar en Afganistan e Iraq para desembocar en un panorama general de crisis. Una corrida mundial contra el dólar o de venta de títulos públicos norteamericanos han dejado de formar parte de las ficciones futuristas para constituir componentes realistas de escenarios futuros. Algún desajuste grave propio de la dinámica de la recesión global o un desastre militar estadounidense en Iraq, Afganistan u otro lugar podrían ser el detonador.

Ello ocurre mientras los otros dos polos del capitalismo global se encuentran en recesión. Japón se halla estancado desde hace más de una década. Alemania sobrevivió en los 90 gracias al pillaje del este europeo, a la prosperidad de Estados Unidos y de algunos paraísos efímeros de la periferia. Pero esos estimulantes externos se fueron apagando uno tras otro y ahora el motor de la Unión Europea ha ingresado a la era del crecimiento cero, que según la mayoría expertos alemanes se prolongará durante muchos años.

A nivel mundial no aparece ningún polo dinamizador importante capaz de reinstalar la expansión. Mientras el cáncer financiero sigue su obra destructiva alimentándose de la decadencia general.

El pasado

Una mirada al pasado reciente nos muestra como en los tres últimos años Estados Unidos empezó a declinar cuando se fue desinflando la burbuja financiera arrastrando hacia abajo a las inversiones y las expectativas de consumo, en una sociedad aplastada por las deudas. La solución-Bush a la crisis: guerra y reducción de impuestos a los ricos, agravó la situación. La industria militar supertecnificada crea pocos empleos, su efecto multiplicardor es bajo. El Estado bloqueado por las reducciones fiscales entró en una vorágine de endeudamiento que va tocando techo, aproximándolo al pantano financiero. Pero si miramos hacia los gloriosos-años-90 concluiremos que la prosperidad indefinida que nos pintaban los neoliberales cobijaba las componentes esenciales del desastre que ahora se avecina. En primer lugar la especulación financiera (bursátil, inmobiliaria...) y a partir de ella la locura consumista haciendo desaparecer el ahorro de las familias que abusaron del crédito ilusionadas con la suba de la bolsa y otras colocaciones especulativas. Por otra parte las empresas sobreinvertían porque el mercado bursátil y la especulación en general les ofrecían dinero barato en cantidades infinitas. El conjunto del capitalismo global fue victima de la financierización aunque creyó que era su tabla de salvación, la llamó globalización y le otorgó el carácter de nueva etapa de la civilización burguesa. La adornó con objetos tecnológicos llamativos y jóvenes empresarios, deportistas y actores exitosos.

Pero la avalancha financiera no era sino el resultado de una larga crisis de sobreproducción crónica, desde el inicio de los años 70, amortiguada pero nunca resuelta, que se traducía entre otros hechos signficativos en la caida tendencial a largo plazo de la tasas de crecimiento en los países ricos y por consiguiente de la demanda mundial. La expansión del endeudamiento pú blico en esas naciones y el desenfreno tecnológico de las grandes empresas para conquistar mercados cada vez más duros. Lo que encareció más y más la innovaciones, achicando rapidamente su vida útil (competitiva).
Así fue como las visiones de Lenin y Bujarin acerca de un capitalismo devenido financiero y en consecuencia decadente terminaron por asumir perfiles dramáticos algo más de un siglo después de que el fenómeno emergiera.

La implosión

El futuro no ofrece un solo camino, existen varios escenarios posibles. Uno de ellos era innombrable hasta hace muy poco. Consiste en llevar hasta el extremo las tendencias desestructuradoras del capitalismo desarrollado (con centro en Estados Unidos) motorizadas por la hipertrofia financiera, a la que se agrega desde hace poco la sobreextensión estratégica militarista del Imperio. Es un fenómeno complejo que abarca redes mafiosas ascendentes, sistemas políticos tradicionales en los países ricos en crisis de representatividad, cooptados por las elites de los negocios especulativos, grandes aparatos estatales donde se van multiplicando los focos de alta irracionalidad. Frente a este mundo opulento inmerso en el parasitismo se extiende una periferia en rápida descomposición donde pululan las lumpeburguesías locales combinadas con restos de estados inviables y otros en camino de serlo. Y por debajo millones de pobres y marginales urbanos y masas rurales indigentes.

Es posible pensar en escenarios como el de 1929, de explosión financiera, o el de 1973-74 de explosión de precios, ambos con consecuencias recesivas. Pero también podríamos imaginar otro escenario, con cierto parecido a lo ocurrido en la ex URSS a comienzos de los años 90. Y a un Japón que cuando empezó a enfriarse en esa misma época no hubiera podido encontrar el amortiguador de la prosperidad de los ex tigres asiáticos y de los Estados Unidos. Precisamente Estados Unidos no tiene amortiguador a la vista sino mas bien otras potencias que podrían entrar en interacción negativa con su crisis. En ese caso la implosión norteamericana pasa a ser uno de los horizontes probables de los próximos años. Y desde ella el desorden generalizado en el centro del capitalismo global.

Las almas conservadoras no quieren seguramente ni pensar en esa posibilidad, ni siquiera como una alternativa remota. Les aterra verse sumergidas en una era de grandes derrumbes, revoluciones y contrarrevoluciones, es decir en la historia concreta. Prefieren seguir aferradas al mundo de ayer.

Obviamente otros escenarios son posibles. Uno de ellos derivado de la tentativa de bloqueo de la locura militarista por parte de una fracción decisiva del sistema de poder norteamericano. El desastre afgano-iraquí y su interacción perversa con la recesión podrían llevar a grupos económicos y políticos importantes a liquidar la fuga hacia adelante de Bush y sus halcones. Pero aún si ello es logrado en un futuro no muy lejano, es extremadamente difícil que dicha iniciativa consiga superar las causas profundas de la crisis de sobreproducción crónica y en consecuencia de la decadencia del conjunto del capitalismo estadounidense. Sería en el mejor de los casos, como lo vienen señalando diversos autores la entrada en una etapa de declinación relativamente ordenada sacudida por algunas turbulencias pasajeras con largos estancamientos, crecimientos débiles y luego persistentes caídas de variada dimensión.

Notas

(1) Jorge Beinstein, Capítalismo Senil, ediciones Record, Brasil, 2001
(2) Daniel Smith, Iraq: el Imperio en el tembladeral, Enfoques Alternativos, numero 16, Julio 2003, páginas15 a 17.
(3) J.J. Johnson, Iraq: Who's Bombing Who?, The Sierra Times (www.sierratimes.com).
(4) Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias, Plaza &James, Barcelona, 1989.
(5) Congreso de EE.UU. debate fondos adicionales pedidos por Bush para guerra, CNN en Español, 9 de septiembre de 2003.
(6) USA Bureau of the Public Debt, www.publicdebt.treas.gov

(*) Intervenção no Seminário “A nova realidade internacional sob o primado dos EUA”, promovido pela Secretaria de Relações Internacionais e Instituto Maurício Grabois. Brasília 25 e 26/09/2003.

(**) Economista argentino. Diretor do jornal Enfoques Alternativos.

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