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Brasil, quinta-feira, 28 de agosto de 2008
junio 19 Y 20, 2003
Intervención del Partido Comunista del Brasil en el Encuentro de Partidos Comunistas Y Operarios

Atenas, 19 y 20 de junio de 2003.

José Reinaldo Carvalho,
Vicepresidente y secretario de Relaciones Internacionales

Estimados Camaradas,

El Partido Comunista del Brasil saluda a todas las delegaciones presentes y en especial al Comité Central del Partido Comunista de Grecia, por la realización de este seminario, evento de alta significación política e ideológica, con influencia de suma importancia en la articulación entre los partidos comunistas y operarios de todo el mundo, en la coordinación de sus acciones, en el estímulo a su fortalecimiento y en la promoción de la unidad. Eventos como estos tienen proyección histórica. Hacen parte de un prolongado proceso de recuperación del movimiento comunista y operario, después de la derrota resultante de la caída del socialismo en la mayoría de los países en que se edificó. Con la fuerza de la iniciativa del KKE, nuestros partidos tienen la posibilidad de realizar un fructífero intercambio de ideas, base para las acciones concretas. El Partido Comunista del Brasil valoriza enormemente tales encuentros, y de él recoge importantes subsidios. De las reflexiones aquí realizadas, extraemos importantes indicaciones políticas inspiradoras de movilizaciones junto a las masas y amplios sectores políticos con los cuales es indispensable actuar, en una perspectiva de frente-única, en torno de la causa que unifica los pueblos en esta cuadra sombría que atraviesa la humanidad: la paz.

Por eso, nos parece adecuado persistir en lo que hicimos antes de dar otros pasos. Nuestra preocupación, en la actual fase de construcción de nuestro movimiento y de nuestra unidad, no es tanto con la forma de organización, cuanto con la realización. El envaramiento, la precipitación, el artificialismo pueden lanzarnos en el aislamiento político y, en lugar de impulsar la unidad y fortalecer los partidos comunistas y operarios, podría actuar como factor de impedimento al avanzo. El Encuentro de los Partidos Comunistas y Operarios que se realiza todos los años en Atenas bajo los auspicios de los camaradas griegos, de carácter consultivo, sin instancias rígidas y jerarquizadas, nos parece la forma más adecuada para proseguir con los esfuerzos para el fortalecimiento de la unidad política e ideológica y para la actividad de solidariedad internacional entre nuestros Partidos.

No podría ser más oportuno el tema en torno del cual nos reunimos: la lucha por la paz.

Las grandes manifestaciones macizas en el mundo por la paz y contra la guerra imperialista y el amplio movimiento que tuvo por foco la condenación del ataque estadounidense a Iraq se inscriben entre los grandes acontecimientos de nuestra época. Su verdadero significado será aquilatado con el tiempo histórico y sus reflejos se harán sentir en muchas otras luchas políticas y sociales. Sentimos una nítida impresión de que el movimiento por la paz tiende a adquirir permanencia y durante mucho tiempo estará en el centro de las acciones políticas del movimiento comunista y operario. En nuestras reflexiones y análisis políticas, las fechas del 15 de febrero y 15 de marzo del año en curso serán siempre una referencia importante. En aquél momento, los pueblos escribieron una página inédita en la historia contemporánea. Protagonizaron un episodio trascendente, inauguraron un momento nuevo en la lucha antiimperialista, fundaron el marco miliario de un nuevo movimiento, desencadenaron una fuerza hasta entonces represada y latente, con carácter internacionalista - que en nada se choca con el internacionalismo proletario. La acción conjugada y simultanea de amplias masas populares, bajo la bandera de la paz, es señal de los nuevos tiempos, una especie de internacionalismo de los pueblos, de las fuerzas en lucha contra la barbarie, con forma flexible y contenido revolucionario, aunque impreciso. Ésta nos parece una tendencia objetiva progresista, cuando se generaliza la opresión que deriva de la globalización capitalista y la guerra de agresión se impone como el único camino del imperialismo para enfrentar su crisis.

La movilización de masas contra la guerra imperialista es un factor importante en el cuadro político en evolución y tiene una dimensión estratégica. Contribuye decisivamente para aislar al imperialismo norteamericano y impulsa la formación de polos de contestación a la hegemonía estadounidense. El hecho de que millones de personas saliesen a las calles con la bandera de la paz influyó en la posición de varios gobiernos que se opusieron a la guerra y en la contestación que ocurrió en el ámbito de las Naciones Unidas.

Estamos presenciando un gran fenómeno - con una bandera de lucha simultáneamente amplia y radical- retornar al proscenio de nuestra época: el movimiento político de masas, que adquiere nuevas condiciones para ejercer su protagonismo. Todo eso hace de la lucha por la paz una bandera revolucionaria, capaz de unir amplios sectores, desencadenar energías encauzadas, movilizar amplios contingentes populares, definir campos.

La lucha por la paz señala la formación de un amplio frente mundial contra el imperialismo. Bien conducida, esa lucha podrá asumir proporciones jamás vistas en cualquier otra época histórica. Se trata de un movimiento que abarca no solamente las organizaciones políticas y sociales de clase y carácter revolucionario, si no que incluye un amplio espectro de sectores con orígenes, constitución y orientación diversificados. El exclusivismo, la hegemonía, las visiones preconcebidas tendrán un efecto malsano sobre el movimiento y sólo contribuirán a dividirlo o aislarlo. En ese sentido, el Forum Social Mundial es el punto de convergencia de movimientos de variadas orientaciones que potencia la movilización de amplias masas. A pesar de la hegemonía de sectores social-demócratas y de otras visiones del mundo distintas e incluso antagónicas de los comunistas, el FSM es hoy un factor que impulsa la lucha por la paz y objetivamente contribuye a la formación de la frente antiimperialista.
En la lucha por la paz, no se puede subestimar la importancia del posicionamiento político y diplomático de gobiernos democráticos y progresistas que en su propia constitución representan coaliciones amplias de fuerzas políticas. Es notable en ese sentido la posición del gobierno brasileño del presidente Lula, que aunque en una situación económica dificilísima, bajo los condicionamientos y constreñimientos impuestos por los organismos financieros internacionales, ha sido capaz de sostener una política externa dirigida hacia la defensa de la soberanía nacional y la integración del continente latino-americano y se pronunció con clareza y altivez contra la guerra imperialista. La correcta consideración de esas nuevas posibilidades es esencial para movilizar las masas, reforzar y ampliar la unidad de las fuerzas populares, esfuerzo que se debe hacer en todos los países, consideradas las peculiaridades nacionales.

Otrosí, es importante para construir la frente contraria a las amenazas belicistas de la super-potencia imperialista norteamericana, explorar atentamente las contradicciones inter-imperialistas, sin, evidentemente, alimentar ilusiones de aliarse a un imperialismo para combatir al otro. Lo importante es tener el discernimiento para distinguir el objetivo principal de la lucha.

Con ese mismo sentido de amplitud y observancia de las condiciones concretas en que se desarrolla la lucha, consideramos que la lucha por la paz se entrelaza con la defensa de la legalidad internacional, de la autodeterminación de los pueblos, del orden jurídico, del sistema de seguridad colectivo y del multi-lateralismo en el orden político, antípoda de la hegemonía. A pesar de todas sus limitaciones, es importante luchar por el fortalecimiento de la ONU como espacio de ejercicio del multi-lateralismo.

Esta comprensión sobre la necesidad de amplitud en el movimiento por la paz emana de la caracterización que hacemos del grave momento y de las serias amenazas que flotan sobre la humanidad.

Estamos delante de la más brutal ofensiva imperialista contra los pueblos y las naciones soberanas. El peligro de un nuevo totalitarismo, nueva especie de fascismo, flota sobre el mundo. Convencido de su predestinación, incluso por designio divino, el núcleo dirigente del imperialismo norteamericano elaboró una estrategia de dominio imperial que puede tener efectos devastadores para la humanidad.

Los Estados Unidos actúan en la escena internacional con el concepto de la primacía de los intereses norteamericanos, lo que impone restricciones de toda naturaleza a la soberanía de otros países y se choca con los intereses nacionales de todas las naciones que luchan por espacios de autodeterminación o aspiran a tornarse potencias regionales o globales. Basados en la sensación del superpoder y en la incontrastable superioridad militar, lo que incluye las armas nucleares y otras de destrucción en masa, los EUA elaboraron su nueva estrategia de seguridad nacional, la llamada Doctrina Bush, basada en tres ejes: combatir el terrorismo y los estados nacionales que abrigan terroristas y/o desarrollan armas de destrucción en masa, considerados "estados bandidos", la acción unilateral desenfrenada en nombre de los intereses fundamentales de la super-potencia norteamericana y el uso de la fuerza militar.

Esa obstinación en la primacía de los intereses norteamericanos, la repetición del slogan "América en primer lugar", llevó la Casa Blanca no solamente a una militarización inaudita y a la consumación de acciones belicistas, en Afganistán y en Iraq, como también a la práctica de una política externa agresiva y voraz, que solamente por razones diplomáticas se puede llamar de unilateral. Convencido de que la "guerra infinita contra el terrorismo" por medio de una sucesión de guerras "preventivas" contra los "estados bandidos" es el medio para asegurar la primacía de los intereses estadounidenses, el gobierno Bush sigue manteniendo al mundo bajo amenaza, incluso después de la guerra contra Iraq. Alternadamente, nuevos objetivos son mencionados: Siria, Irán, Corea del Norte, Cuba. A esos objetivos estratégicos corresponde una política externa en que se hace tabla rasa de las normas del derecho internacional, de la autodeterminación de los pueblos, del sistema de seguridad colectiva y se menoscaban las organizaciones multilaterales. Las guerras norteamericanas han derruido el sistema multilateral, agravaron la instabilidad en el mundo, criaron una situación caótica y amenazadora a la paz y a la seguridad de todos los pueblos y naciones soberanas.

Por otro lado, el cuadro político en evolución revela un inédito aislamiento internacional de los Estados Unidos y una abierta contestación a su política. La soledad con que Washington declaró e hizo la guerra al Iraq, el golpe de fuerza sobre la ONU, el desdén con la posición de países como Alemania, Francia, Rusia y China revelan la fragilidad intrínseca de la posición política de los Estados Unidos. Este es uno de los muchos señales de que paradójicamente, en el momento en que más exhiben fuerza, se pronuncian también los señales del declive del liderato político de los Estados Unidos y que su dominio imperial se sustenta cada día más exclusivamente en la supremacía militar. Paradójicamente, los Estados Unidos revelan sus vulnerabilidades en el mismo momento en que salen victoriosos de la guerra.

Emerge en consecuencia un nuevo cuadro geopolítico, con reflejos en la diplomacia y en el sistema multilateral de las Naciones Unidas, que deberá ser marcado por importantes realineaciones. Se impone la lucha por un nuevo orden internacional. Después de haber sido considerada irrelevante e irresponsable por los Estados Unidos y de que sus documentos fundamentales hayan sido transformados en letra muerta, la ONU nunca más será la misma. Y con la violación de las normas internacionales, recurriendo a la fuerza bruta a pesar del reproche general, también el liderato norteamericano no será ejercido con la misma tranquilidad de antes. Al aislamiento de los Estados Unidos corresponderá una agresividad creciente de ese imperialismo y el mundo vivirá una era de gravísimas turbulencias e inquietudes.

El Oriente Medio y el Asia Central, escena de las últimas investidas militares estadounidenses, donde está en curso la ocupación mano-militar y la transformación de países soberanos en protectorados, en nombre de los intereses imperialistas de control de los yacimientos petrolíferos y de dominio sobre regiones con importancia estratégica para el ejercicio del poder internacional, continúan - y todo indica que así será por mucho tiempo - en el epicentro de esas turbulencias.

No es tranquila la ocupación norteamericana en Iraq. El miedo estampado en los ojos de sus soldados, las masacres y atrocidades que cometen muestran que es muy probable que el costo de la transformación de la antigua Mesopotamia en protectorado militar norteamericano será altísimo. Fue relativamente fácil desalojar el régimen de Saddam Husein y ocupar militarmente el país. Prácticamente no hubo resistencia por parte del Ejército regular de Iraq. Pero los hechos revelan que no será fácil la ocupación, en vista de las demostraciones de resistencia irregular y el elevado número de incidentes violentos. Hasta ahora, los Estados Unidos no consiguieron convencer al pueblo iraquí del carácter "libertador" de su ocupación.

En la misma región, la instabilidad de relaciones con Siria, Arabia Saudita e Irán y principalmente las dificultades insuperables para "trazar" el mapa y transitar por un "camino" que lleve a la paz entre israelíes y palestinos revelan la permanencia de factores explosivos. Allí la perspectiva no es de distensión, si no de agravamiento de los problemas.

En América Latina está en curso un diferenciado proceso de lucha política y social cuyo resultado es el refuerzo de la lucha contra el imperialismo norteamericano. A pesar de las dificultades propias de una transición política para consolidar nuevas fuerzas democráticas frente a gobiernos de países con Brasil, Venezuela y Ecuador, es indubitable el avanzo de las fuerzas progresistas en el continente. Allí se vive un nuevo escenario político. El próximo período será marcado por la ofensiva estadounidense para imponer la ALCA y la resistencia de los países y pueblos a esa acción neocolonialista.

Las contradicciones inter-imperialistas y la instable situación política se relacionan también con la crisis mundial del capitalismo. En todos los países centrales se observa una caída de la actividad económica, sin que se vislumbren perspectivas de crecimiento. Todas las previsiones de los organismos internacionales apuntan hacia la estagnación y, en algunos casos, la recesión. La guerra no estimuló la actividad económica. Al contrario: para una previsión inicial de crecimiento de la economía norteamericana en 2,2% para el 2003, creció solamente 1,6% en el primer trimestre, en ritmo anual. A partir de los Estados Unidos, mayor economía del mundo y centro neurálgico de la vida internacional, se irradia una crisis de vastas proporciones. Hay un escenario de estagnación planetaria, de retracción de la demanda, de caída de los índices de crecimiento en el conjunto de las más importantes economías del mundo. También entre los países dependientes y medianamente industrializados, como Argentina, México y Brasil, para citar solamente los casos paradigmáticos, el panorama es de bancarrota, resultante de la aplicación de las políticas neoliberales.
El declive económico norteamericano es un proceso histórico de hace tres décadas.

Es este declive que condiciona sus acciones políticas, diplomáticas y militares. Es el fondo de la cuestión de la actual crisis política internacional, de la deriva militarista, de las contradicciones inter-imperialistas. La mayor economía del mundo es también la del país con la mayor deuda externa - 7 trillones de dólares (más del 60% del PIB), de un déficit record en cuenta corriente de cerca de 500 billones de dólares y un semejante déficit en la balanza comercial.

En este escenario de amenazas bélicas y crisis económica, emerge un nuevo cuadro geopolítico, que podrá ser marcado por realineaciones. Se impone la necesidad de un nuevo orden internacional, por cuanto se forman objetivamente otros polos de poder en una disputa geopolítica de largo plazo.

La discordia entre Alemania y Francia, por un lado, y los EUA, por otro, alrededor de la agresión de este último a Iraq se repetirá en otros episodios y estará presente en nuevas crisis. Se trata de grandes intereses imperialistas delante de los cuales se esfuman las ilusiones en la existencia de un poder supranacional del mundo globalizado, apagando las contradicciones y los conflictos de naturaleza inter-imperialista.

En ese escenario complejo de conflictos internacionales, no se puede perder de vista el papel estratégico de la China socialista, cuyo poderío nacional fortalecido económica y militarmente podrá influir en los acontecimientos como factor progresista en favor de los pueblos.

En la evolución del cuadro internacional, la tendencia al fortalecimiento de países continentales o semi-continentales como Brasil, Rusia e India (a pesar del carácter de los gobiernos de los dos últimos) y las posibilidades que se abren de nuevas alianzas, son fenómenos nuevos a considerar y verificar con profundo sentido de observación, que actúan como contra-tendencias a la unilateralidad hegemónica norteamericano.

Para los pueblos de todo el mundo, y en especial para los partidos comunistas, la presente situación internacional se presenta compleja. No hay caminos previamente adoquinados. Al contrario, lo que tenemos delante de nosotros son encrucijadas inviables y pedregosas. Nos parece que la gran tarea es resistir y encontrar los caminos más adecuados en cada país a una acumulación de fuerzas con pasos seguros que permitan alcanzar victorias en la lucha por la democracia, la paz, la independencia nacional y el progreso social, con la siempre presente perspectiva del socialismo.

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