Atenas, 19 y 20 de junio de 2003.
José Reinaldo Carvalho,
Vicepresidente y secretario de
Relaciones Internacionales
Estimados Camaradas,
El Partido Comunista del Brasil
saluda a todas las delegaciones
presentes y en especial al Comité
Central del Partido Comunista de
Grecia, por la realización de este
seminario, evento de alta
significación política e
ideológica, con influencia de suma
importancia en la articulación
entre los partidos comunistas y
operarios de todo el mundo, en la
coordinación de sus acciones, en el
estímulo a su fortalecimiento y en
la promoción de la unidad. Eventos
como estos tienen proyección
histórica. Hacen parte de un
prolongado proceso de recuperación
del movimiento comunista y operario,
después de la derrota resultante de
la caída del socialismo en la
mayoría de los países en que se
edificó. Con la fuerza de la
iniciativa del KKE, nuestros
partidos tienen la posibilidad de
realizar un fructífero intercambio
de ideas, base para las acciones
concretas. El Partido Comunista del
Brasil valoriza enormemente tales
encuentros, y de él recoge
importantes subsidios. De las
reflexiones aquí realizadas,
extraemos importantes indicaciones
políticas inspiradoras de
movilizaciones junto a las masas y
amplios sectores políticos con los
cuales es indispensable actuar, en
una perspectiva de frente-única, en
torno de la causa que unifica los
pueblos en esta cuadra sombría que
atraviesa la humanidad: la paz.
Por eso, nos parece adecuado
persistir en lo que hicimos antes de
dar otros pasos. Nuestra
preocupación, en la actual fase de
construcción de nuestro movimiento
y de nuestra unidad, no es tanto con
la forma de organización, cuanto
con la realización. El
envaramiento, la precipitación, el
artificialismo pueden lanzarnos en
el aislamiento político y, en lugar
de impulsar la unidad y fortalecer
los partidos comunistas y operarios,
podría actuar como factor de
impedimento al avanzo. El Encuentro
de los Partidos Comunistas y
Operarios que se realiza todos los
años en Atenas bajo los auspicios
de los camaradas griegos, de
carácter consultivo, sin instancias
rígidas y jerarquizadas, nos parece
la forma más adecuada para
proseguir con los esfuerzos para el
fortalecimiento de la unidad
política e ideológica y para la
actividad de solidariedad
internacional entre nuestros
Partidos.
No podría ser más oportuno el
tema en torno del cual nos reunimos:
la lucha por la paz.
Las grandes manifestaciones
macizas en el mundo por la paz y
contra la guerra imperialista y el
amplio movimiento que tuvo por foco
la condenación del ataque
estadounidense a Iraq se inscriben
entre los grandes acontecimientos de
nuestra época. Su verdadero
significado será aquilatado con el
tiempo histórico y sus reflejos se
harán sentir en muchas otras luchas
políticas y sociales. Sentimos una
nítida impresión de que el
movimiento por la paz tiende a
adquirir permanencia y durante mucho
tiempo estará en el centro de las
acciones políticas del movimiento
comunista y operario. En nuestras
reflexiones y análisis políticas,
las fechas del 15 de febrero y 15 de
marzo del año en curso serán
siempre una referencia importante.
En aquél momento, los pueblos
escribieron una página inédita en
la historia contemporánea.
Protagonizaron un episodio
trascendente, inauguraron un momento
nuevo en la lucha antiimperialista,
fundaron el marco miliario de un
nuevo movimiento, desencadenaron una
fuerza hasta entonces represada y
latente, con carácter
internacionalista - que en nada se
choca con el internacionalismo
proletario. La acción conjugada y
simultanea de amplias masas
populares, bajo la bandera de la
paz, es señal de los nuevos
tiempos, una especie de
internacionalismo de los pueblos, de
las fuerzas en lucha contra la
barbarie, con forma flexible y
contenido revolucionario, aunque
impreciso. Ésta nos parece una
tendencia objetiva progresista,
cuando se generaliza la opresión
que deriva de la globalización
capitalista y la guerra de agresión
se impone como el único camino del
imperialismo para enfrentar su
crisis.
La movilización de masas contra
la guerra imperialista es un factor
importante en el cuadro político en
evolución y tiene una dimensión
estratégica. Contribuye
decisivamente para aislar al
imperialismo norteamericano y
impulsa la formación de polos de
contestación a la hegemonía
estadounidense. El hecho de que
millones de personas saliesen a las
calles con la bandera de la paz
influyó en la posición de varios
gobiernos que se opusieron a la
guerra y en la contestación que
ocurrió en el ámbito de las
Naciones Unidas.
Estamos presenciando un gran
fenómeno - con una bandera de lucha
simultáneamente amplia y radical-
retornar al proscenio de nuestra
época: el movimiento político de
masas, que adquiere nuevas
condiciones para ejercer su
protagonismo. Todo eso hace de la
lucha por la paz una bandera
revolucionaria, capaz de unir
amplios sectores, desencadenar
energías encauzadas, movilizar
amplios contingentes populares,
definir campos.
La lucha por la paz señala la
formación de un amplio frente
mundial contra el imperialismo. Bien
conducida, esa lucha podrá asumir
proporciones jamás vistas en
cualquier otra época histórica. Se
trata de un movimiento que abarca no
solamente las organizaciones
políticas y sociales de clase y
carácter revolucionario, si no que
incluye un amplio espectro de
sectores con orígenes,
constitución y orientación
diversificados. El exclusivismo, la
hegemonía, las visiones
preconcebidas tendrán un efecto
malsano sobre el movimiento y sólo
contribuirán a dividirlo o
aislarlo. En ese sentido, el Forum
Social Mundial es el punto de
convergencia de movimientos de
variadas orientaciones que potencia
la movilización de amplias masas. A
pesar de la hegemonía de sectores
social-demócratas y de otras
visiones del mundo distintas e
incluso antagónicas de los
comunistas, el FSM es hoy un factor
que impulsa la lucha por la paz y
objetivamente contribuye a la
formación de la frente
antiimperialista.
En la lucha por la paz, no se puede
subestimar la importancia del
posicionamiento político y
diplomático de gobiernos
democráticos y progresistas que en
su propia constitución representan
coaliciones amplias de fuerzas
políticas. Es notable en ese
sentido la posición del gobierno
brasileño del presidente Lula, que
aunque en una situación económica
dificilísima, bajo los
condicionamientos y
constreñimientos impuestos por los
organismos financieros
internacionales, ha sido capaz de
sostener una política externa
dirigida hacia la defensa de la
soberanía nacional y la
integración del continente
latino-americano y se pronunció con
clareza y altivez contra la guerra
imperialista. La correcta
consideración de esas nuevas
posibilidades es esencial para
movilizar las masas, reforzar y
ampliar la unidad de las fuerzas
populares, esfuerzo que se debe
hacer en todos los países,
consideradas las peculiaridades
nacionales.
Otrosí, es importante para
construir la frente contraria a las
amenazas belicistas de la
super-potencia imperialista
norteamericana, explorar atentamente
las contradicciones
inter-imperialistas, sin,
evidentemente, alimentar ilusiones
de aliarse a un imperialismo para
combatir al otro. Lo importante es
tener el discernimiento para
distinguir el objetivo principal de
la lucha.
Con ese mismo sentido de amplitud
y observancia de las condiciones
concretas en que se desarrolla la
lucha, consideramos que la lucha por
la paz se entrelaza con la defensa
de la legalidad internacional, de la
autodeterminación de los pueblos,
del orden jurídico, del sistema de
seguridad colectivo y del
multi-lateralismo en el orden
político, antípoda de la
hegemonía. A pesar de todas sus
limitaciones, es importante luchar
por el fortalecimiento de la ONU
como espacio de ejercicio del
multi-lateralismo.
Esta comprensión sobre la
necesidad de amplitud en el
movimiento por la paz emana de la
caracterización que hacemos del
grave momento y de las serias
amenazas que flotan sobre la
humanidad.
Estamos delante de la más brutal
ofensiva imperialista contra los
pueblos y las naciones soberanas. El
peligro de un nuevo totalitarismo,
nueva especie de fascismo, flota
sobre el mundo. Convencido de su
predestinación, incluso por
designio divino, el núcleo
dirigente del imperialismo
norteamericano elaboró una
estrategia de dominio imperial que
puede tener efectos devastadores
para la humanidad.
Los Estados Unidos actúan en la
escena internacional con el concepto
de la primacía de los intereses
norteamericanos, lo que impone
restricciones de toda naturaleza a
la soberanía de otros países y se
choca con los intereses nacionales
de todas las naciones que luchan por
espacios de autodeterminación o
aspiran a tornarse potencias
regionales o globales. Basados en la
sensación del superpoder y en la
incontrastable superioridad militar,
lo que incluye las armas nucleares y
otras de destrucción en masa, los
EUA elaboraron su nueva estrategia
de seguridad nacional, la llamada
Doctrina Bush, basada en tres ejes:
combatir el terrorismo y los estados
nacionales que abrigan terroristas
y/o desarrollan armas de
destrucción en masa, considerados
"estados bandidos", la
acción unilateral desenfrenada en
nombre de los intereses
fundamentales de la super-potencia
norteamericana y el uso de la fuerza
militar.
Esa obstinación en la primacía
de los intereses norteamericanos, la
repetición del slogan
"América en primer
lugar", llevó la Casa Blanca
no solamente a una militarización
inaudita y a la consumación de
acciones belicistas, en Afganistán
y en Iraq, como también a la
práctica de una política externa
agresiva y voraz, que solamente por
razones diplomáticas se puede
llamar de unilateral. Convencido de
que la "guerra infinita contra
el terrorismo" por medio de una
sucesión de guerras
"preventivas" contra los
"estados bandidos" es el
medio para asegurar la primacía de
los intereses estadounidenses, el
gobierno Bush sigue manteniendo al
mundo bajo amenaza, incluso después
de la guerra contra Iraq.
Alternadamente, nuevos objetivos son
mencionados: Siria, Irán, Corea del
Norte, Cuba. A esos objetivos
estratégicos corresponde una
política externa en que se hace
tabla rasa de las normas del derecho
internacional, de la
autodeterminación de los pueblos,
del sistema de seguridad colectiva y
se menoscaban las organizaciones
multilaterales. Las guerras
norteamericanas han derruido el
sistema multilateral, agravaron la
instabilidad en el mundo, criaron
una situación caótica y
amenazadora a la paz y a la
seguridad de todos los pueblos y
naciones soberanas.
Por otro lado, el cuadro
político en evolución revela un
inédito aislamiento internacional
de los Estados Unidos y una abierta
contestación a su política. La
soledad con que Washington declaró
e hizo la guerra al Iraq, el golpe
de fuerza sobre la ONU, el desdén
con la posición de países como
Alemania, Francia, Rusia y China
revelan la fragilidad intrínseca de
la posición política de los
Estados Unidos. Este es uno de los
muchos señales de que
paradójicamente, en el momento en
que más exhiben fuerza, se
pronuncian también los señales del
declive del liderato político de
los Estados Unidos y que su dominio
imperial se sustenta cada día más
exclusivamente en la supremacía
militar. Paradójicamente, los
Estados Unidos revelan sus
vulnerabilidades en el mismo momento
en que salen victoriosos de la
guerra.
Emerge en consecuencia un nuevo
cuadro geopolítico, con reflejos en
la diplomacia y en el sistema
multilateral de las Naciones Unidas,
que deberá ser marcado por
importantes realineaciones. Se
impone la lucha por un nuevo orden
internacional. Después de haber
sido considerada irrelevante e
irresponsable por los Estados Unidos
y de que sus documentos
fundamentales hayan sido
transformados en letra muerta, la
ONU nunca más será la misma. Y con
la violación de las normas
internacionales, recurriendo a la
fuerza bruta a pesar del reproche
general, también el liderato
norteamericano no será ejercido con
la misma tranquilidad de antes. Al
aislamiento de los Estados Unidos
corresponderá una agresividad
creciente de ese imperialismo y el
mundo vivirá una era de gravísimas
turbulencias e inquietudes.
El Oriente Medio y el Asia
Central, escena de las últimas
investidas militares
estadounidenses, donde está en
curso la ocupación mano-militar y
la transformación de países
soberanos en protectorados, en
nombre de los intereses
imperialistas de control de los
yacimientos petrolíferos y de
dominio sobre regiones con
importancia estratégica para el
ejercicio del poder internacional,
continúan - y todo indica que así
será por mucho tiempo - en el
epicentro de esas turbulencias.
No es tranquila la ocupación
norteamericana en Iraq. El miedo
estampado en los ojos de sus
soldados, las masacres y atrocidades
que cometen muestran que es muy
probable que el costo de la
transformación de la antigua
Mesopotamia en protectorado militar
norteamericano será altísimo. Fue
relativamente fácil desalojar el
régimen de Saddam Husein y ocupar
militarmente el país.
Prácticamente no hubo resistencia
por parte del Ejército regular de
Iraq. Pero los hechos revelan que no
será fácil la ocupación, en vista
de las demostraciones de resistencia
irregular y el elevado número de
incidentes violentos. Hasta ahora,
los Estados Unidos no consiguieron
convencer al pueblo iraquí del
carácter "libertador" de
su ocupación.
En la misma región, la
instabilidad de relaciones con
Siria, Arabia Saudita e Irán y
principalmente las dificultades
insuperables para "trazar"
el mapa y transitar por un
"camino" que lleve a la
paz entre israelíes y palestinos
revelan la permanencia de factores
explosivos. Allí la perspectiva no
es de distensión, si no de
agravamiento de los problemas.
En América Latina está en curso
un diferenciado proceso de lucha
política y social cuyo resultado es
el refuerzo de la lucha contra el
imperialismo norteamericano. A pesar
de las dificultades propias de una
transición política para
consolidar nuevas fuerzas
democráticas frente a gobiernos de
países con Brasil, Venezuela y
Ecuador, es indubitable el avanzo de
las fuerzas progresistas en el
continente. Allí se vive un nuevo
escenario político. El próximo
período será marcado por la
ofensiva estadounidense para imponer
la ALCA y la resistencia de los
países y pueblos a esa acción
neocolonialista.
Las contradicciones
inter-imperialistas y la instable
situación política se relacionan
también con la crisis mundial del
capitalismo. En todos los países
centrales se observa una caída de
la actividad económica, sin que se
vislumbren perspectivas de
crecimiento. Todas las previsiones
de los organismos internacionales
apuntan hacia la estagnación y, en
algunos casos, la recesión. La
guerra no estimuló la actividad
económica. Al contrario: para una
previsión inicial de crecimiento de
la economía norteamericana en 2,2%
para el 2003, creció solamente 1,6%
en el primer trimestre, en ritmo
anual. A partir de los Estados
Unidos, mayor economía del mundo y
centro neurálgico de la vida
internacional, se irradia una crisis
de vastas proporciones. Hay un
escenario de estagnación
planetaria, de retracción de la
demanda, de caída de los índices
de crecimiento en el conjunto de las
más importantes economías del
mundo. También entre los países
dependientes y medianamente
industrializados, como Argentina,
México y Brasil, para citar
solamente los casos paradigmáticos,
el panorama es de bancarrota,
resultante de la aplicación de las
políticas neoliberales.
El declive económico norteamericano
es un proceso histórico de hace
tres décadas.
Es este declive que condiciona
sus acciones políticas,
diplomáticas y militares. Es el
fondo de la cuestión de la actual
crisis política internacional, de
la deriva militarista, de las
contradicciones inter-imperialistas.
La mayor economía del mundo es
también la del país con la mayor
deuda externa - 7 trillones de
dólares (más del 60% del PIB), de
un déficit record en cuenta
corriente de cerca de 500 billones
de dólares y un semejante déficit
en la balanza comercial.
En este escenario de amenazas
bélicas y crisis económica, emerge
un nuevo cuadro geopolítico, que
podrá ser marcado por
realineaciones. Se impone la
necesidad de un nuevo orden
internacional, por cuanto se forman
objetivamente otros polos de poder
en una disputa geopolítica de largo
plazo.
La discordia entre Alemania y
Francia, por un lado, y los EUA, por
otro, alrededor de la agresión de
este último a Iraq se repetirá en
otros episodios y estará presente
en nuevas crisis. Se trata de
grandes intereses imperialistas
delante de los cuales se esfuman las
ilusiones en la existencia de un
poder supranacional del mundo
globalizado, apagando las
contradicciones y los conflictos de
naturaleza inter-imperialista.
En ese escenario complejo de
conflictos internacionales, no se
puede perder de vista el papel
estratégico de la China socialista,
cuyo poderío nacional fortalecido
económica y militarmente podrá
influir en los acontecimientos como
factor progresista en favor de los
pueblos.
En la evolución del cuadro
internacional, la tendencia al
fortalecimiento de países
continentales o semi-continentales
como Brasil, Rusia e India (a pesar
del carácter de los gobiernos de
los dos últimos) y las
posibilidades que se abren de nuevas
alianzas, son fenómenos nuevos a
considerar y verificar con profundo
sentido de observación, que actúan
como contra-tendencias a la
unilateralidad hegemónica
norteamericano.
Para los pueblos de todo el
mundo, y en especial para los
partidos comunistas, la presente
situación internacional se presenta
compleja. No hay caminos previamente
adoquinados. Al contrario, lo que
tenemos delante de nosotros son
encrucijadas inviables y pedregosas.
Nos parece que la gran tarea es
resistir y encontrar los caminos
más adecuados en cada país a una
acumulación de fuerzas con pasos
seguros que permitan alcanzar
victorias en la lucha por la
democracia, la paz, la independencia
nacional y el progreso social, con
la siempre presente perspectiva del
socialismo.
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