SILVIO COSTA**
En este momento en que se conmemoran
los 130 años de la Comuna de Paris,
es muy oportuno destacar la
participación de las mujeres
revolucionarias, denominadas
peyorativamente por las fuerzas
reaccionarias y
aristocrático-burguesas, les
pétroleuses, o sea, las
incendiarias.
La presencia y la participación
femenina en las luchas políticas y
revolucionarias en Francia y en
otros países es una constante,
incluso, el símbolo de la República
francesa está representado por una
mujer.
Hasta hace algunas décadas la
intervención femenina en las luchas
políticas revolucionarias no era
motivo de estudio, pese a su
destacada participación en los
principales acontecimientos de
nuestra historia, principalmente a
partir de la historia moderna. Ellas
Estuvieron presentes, aunque
relegadas y marginadas. Esta
realidad está siendo cambiada en las
últimas décadas por el esfuerzo
destacado de las feministas, que
osan investigar y comprobar que las
mujeres, cerca de un 50% –
posiblemente con pequeñas
diferencias en uno u otro periodo –
de la población en toda la historia
de la humanidad, han estado
participando de los hechos
históricos. Esto atañe sobre todo a
las mujeres trabajadoras, que
desafiando las ideas preconcebidas y
los límites culturales – incluso en
contra de los hombres
revolucionarios –, conquistaron sus
derechos, no solamente como parte
integrante de la parcela social
mayoritaria, explotada y oprimida,
sino también derechos específicos en
cuanto mujeres, o como actualmente
se definen, sus derechos de género.
En todas las revoluciones burguesas
y proletarias de los siglos XVIII,
XIX y XX, “las mujeres con estudios
utilizaron las oportunidades que se
les ofrecieron de plantear demandas
sociales, económicas y políticas
radicales, sobre todo aquellas
destinadas a transformar el lugar
que ocupan las mujeres en la familia
y la economía, en concreto mediante
la exigencia de derechos e igualdad
legales. Sin embargo, las mujeres de
la clase baja también participaron,
sobre todo cuando los problemas
económicos amenazaban su nivel de
vida y el de sus familias. Con
frecuencia estas mujeres conectaron
estas cuestiones con las luchas por
el poder y los cambios políticos
radicales que tenían lugar e
hicieron pleno uso de la oportunidad
de presionar a favor de reformas
legales y constitucionales. (...)
Sin embargo, en líneas generales,
los hombres revolucionarios no
parece que hayan tenido muy en
cuenta los derechos de la mujer.
Además, las mujeres rara vez han ido
mas allá de apoyar o actuar a través
de sus hombres. De hecho, muchos
hombres temían al parecer que las
mujeres participasen en actividades
políticas. Como consecuencia, los
políticos e historiadores varones
han ignorado a las mujeres
revolucionarias o las han pintado
como amazonas y fieras, mientras que
muchos hombres radicales se han
mostrado a veces poco dispuestos a
respaldar los derechos de la mujer,
por si acaso parecían unos
insensatos a los ojos de los demás
hombres.” (TODD, 2000: 128).
LAS MUJERES EN LA REVOLUCIÓN DE 1789
Ya en el año de 1789 y posteriores,
las mujeres participan de forma
destacada en las luchas
revolucionarias. Como uno de los
sectores más sensibles a las
consecuencias de las crisis, asumen
un papel señalado en las
movilizaciones contra la escasez, el
hambre y la irregularidad en el
abastecimiento, mas no se quedan
solamente en este frente: empiezan a
asumir la lucha y a hacer
reivindicaciones políticas de forma
cada vez más destacada. Crean
asociaciones destinadas a exigir la
defensa de los derechos de las
mujeres, como por ejemplo la
Sociedad de Mujeres Republicanas
Revolucionarias , fundada en febrero
de 1793, por Claire Lacombe y
Pauline Léon , responsable de
diversas conquistas
revolucionario-populares. Algunas
feministas consiguen destacarse en
la defensa de sus derechos y por
colocar sus reivindicaciones como
parte de las plataformas políticas.
De entre éstas se destacan
Marie-Jeanne Roland, conocida como
“Manon” Roland , discípula de
Rousseau y célebre como la
philosophe republicana; la holandesa
Etta Palm d´Aelders ; Olympe de
Gouges , que redactó una Declaración
de Derechos de la Mujer; Tréroigne
de Méricourt , que se destacó en el
grupo Amigos de la Constitución en
1790. Se debe apuntar que la
participación de las mujeres en este
momento es identificada, por su
propio carácter y por el contenido
de clases, con la perspectiva
burguesa, no incluyendo en sus
reivindicaciones el contenido social
y igualitario, que sólo surgirá
posteriormente.
LAS MUJERES EN LA PRIMAVERA DE LOS
PUEBLOS EN 1848
En general, la participación
femenina en las revoluciones de
1848, durante la primavera de los
pueblos, manifiesta un contenido
algo distinto de la fase anterior,
ya que es destacada la presencia de
las trabajadoras y la aparición de
las ideas socialistas y comunistas,
que defienden la igualdad para las
mujeres y la asocian con la
emancipación de clase, con la
superación del orden existente.
Al igual que en otros momentos
revolucionarios, en la Revolución de
1848, en Francia, París destaca como
la localidad donde sucedieron el
mayor número de manifestaciones
proletarias y donde las mujeres
participaron más activamente,
incluso de forma independiente,
tanto en la organización de huelgas
y asociaciones gremiales, como
reivindicando que el Plan Nacional
de Talleres no fuera excluyente para
las mujeres y restringido a aminorar
sólo las consecuencias del paro
masculino. Incluso consiguen que
representantes de los gremios de
mujeres formen parte de la Comisión
Luxemburgo, responsable de analizar
y presentar al gobierno provisional,
sugerencias relativas a las
condiciones de los trabajadores y a
sus salarios.
Entre las organizaciones especificas
fundadas en este periodo destaca las
Vésuviennes, que, en su lucha por
las reivindicaciones femeninas,
organizaba grupos de mujeres para
entrenamientos de contenido militar.
El Club para la Emancipación de las
Mujeres, la Unión de las Mujeres y
la Asociación Fraternal de
Demócratas de Ambos os Sexos
reivindicaban la igualdad de
derechos para las mujeres, el
derecho al divorcio y al voto. Se
sabe también que muchas mujeres
asistieron a las reuniones de la
Sociedad Republicana Central
dirigida por Blanqui y que, en
algunas ciudades de las provincias,
surgieron clubes femeninos (TODD,
2000: 135).
“Los defensores de los derechos de
la mujer también imprimieron miles
de carteles, boletines y proclamas,
además de fundar revistas y
periódicos, el más importante de los
cuales, La Voix des Femmes (La Voz
de las Mujeres), abogaba por el
divorcio y las guarderías infantiles
para las mujeres trabajadoras. Fuera
de París, sus esfuerzos tendían a
limitarse a exhortar a sus maridos
para que pasaran a la acción(...)
sin embargo, a medida que el proceso
de politización característico de
las revoluciones de 1848 se extendía,
la participación política de las
mujeres tendía a aumentar. Algunas
lucharon en las barricadas durante
la revolución de febrero, pero
fueron muchas más las que
participaron en la enconada lucha
callejera de junio de 1848. Las
mujeres de París lucharon con tanta
fiereza como los hombres y
constituyeron un pequeño porcentaje
del total de muertos, heridos o
arrestados. Aunque algunas se
limitaron a cargar y limpiar las
armas, otras dirigieron grupos de
combate integrados sólo por hombres.
La actividad política de las mujeres
se restringió después de que se
reprimiera el levantamiento de los
“días de junio”, pero muchas habían
aumentado su conciencia social y
política.” (TODD, 2000: 135).
Muchas de las activistas femeninas,
o mejor, feministas, lucharon no
sólo en los acontecimientos de la
Revolución de 1848 en Francia, sino
que tuvieron un papel político
importante en las luchas feministas
posteriores, de entre las cuales se
destacan: Eugénie Niboyet,
responsable de la publicación del
periódico parisino Voz de las
Mujeres, dedicado a la defensa de
los derechos específicos de las
mujeres; Jeanne Déroin , fundadora
del Club para la Emancipación de las
Mujeres; Joséphine Courbois,
conocida como la reina de las
barricadas, por su actuación
destacada en las barricadas en Lyón,
y posteriormente en 1871,
continuando a su militancia, por su
lucha en las barricadas de la Comuna
de Paris; Amadine Lucile Aurore
Dudevant, conocida como George Sand
, intelectual y escritora conocida
por sus ideas republicanas y
revolucionarias.
En otros países de Europa, la
presencia y participación femenina
en las luchas revolucionarias de
1848 no alcanzaron el nivel y la
intensidad que tuvieron en Francia.
En el Imperio Austro-Húngaro, en
Viena y Praga, las mujeres, aunque
no haya quedado constancia de que
presentaran reivindicaciones
especificas, se reunían para tratar
de asuntos políticos y publicar
periódicos. Hay constancia de que en
Praga, en junio de 1848,
participaron en las luchas, y en
Viena, en octubre, colaboraron en la
construcción de barricadas. En
Hungría se llegaron a formar dos
regimientos femeninos y algunas
mujeres, disfrazadas de hombres, se
alistaron en las tropas, dándose
incluso el caso de dos que
alcanzaron el puesto de capitán
antes de ser descubiertas. La
existencia de organizaciones
femeninas se restringe prácticamente
a Praga y Viena, dedicándose a
apoyar los refugiados políticos e
insurgentes encarcelados. El Club de
las Mujeres Eslavas, organizado en
Praga, se dedicaba a la educación de
las mujeres en su lengua patria.
En los Estados Alemanes, en la
ciudad textil de Elberfeld, las
mujeres participaron en el 31 de
marzo de 1848 en una manifestación
de apoyo a los trabajadores y a
favor de la unificación de Alemania,
proponiendo que se usasen solamente
ropas confeccionadas en el país. En
otras localidades y eventos la
participación se limitó a
actividades de apoyo. Los hombres en
sus clubes políticos, incluidos los
burgueses radicales, con excepción
de los socialistas y comunistas, no
permitían la participación femenina.
En Berlín, el pequeño Congreso de
Trabajadores, que congregaba treinta
y una (31) organizaciones, apoyaba
la reivindicación de igualdad para
las mujeres, e igualmente tenemos
constancia de la existencia del Club
Democrático de Mujeres. Entre las
mujeres se destacan las feministas
Matilde Franziska Anneke y Luise
Otto-Peters, responsables de la
publicación de periódicos.
En los Estados Italianos antes de
1848, pese sus ideas nacionalistas y
liberales, la participación de las
mujeres se limitó, salvo algunas
pocas excepciones, a apoyar las
actividades revolucionarias de los
hombres. En general, las mujeres
italianas, en este período, no
fueron más allá del apoyo a sus
esposos y familiares. En los Estados
Italianos destacó la brasileña Anita
Garibaldi, considerada la verdadera
heroína italiana, por su
participación al lado de Garibaldi,
su esposo, en las luchas por la
unificación de Italia.
LAS MUJERES EN LA COMUNA DE PARIS DE
1871
Pero, de todas esas luchas
revolucionarias en las que las
mujeres tuvieron participación,
sobresalen las de la Comuna de
Paris, tanto por su contenido
político como por su número e
intensidad.
En 1871, pese a la participación de
las mujeres en las jornadas
revolucionarias durante casi un
siglo de lucha de clases, los
trabajadores sufrían unas precarias
condiciones de vida y las
trabajadoras sufrían una doble
explotación y discriminación: como
mujeres y como trabajadoras,
careciendo además del derecho al
voto, permitido a los hombres. Un
ejemplo de las discriminaciones a
las que estaban sometidas las
mujeres aparece en el código civil
francés. Éste, modelo de código
civil burgués, y seguido en
distintos países, “fue uno de los
documentos más reaccionarios en lo
que respecta a la cuestión de la
mujer. La despojaba de todo y
cualquier derecho, sometiéndola
enteramente al padre o al marido, no
reconocía la unión de hecho y sólo
reconocía a los hijos del casamiento
oficial.” (MARTINS, 1991: 47-48).
Para muchas mujeres, la Comuna se
presenta no sólo como una
posibilidad de conquistar una
Republica social, sino de conquistar
una Republica social con igualdad de
derechos para las mujeres.
El 18 de marzo de 1871, considerado
el día del deflagrar de la Comuna,
fueron las mujeres las primeras en
dar la alarma y revelar la intención
de las tropas al mando del gobierno
de Thiers de retirar los cañones de
las colinas de Montmartre y desarmar
París. Las mujeres se pusieron
delante de las tropas
gubernamentales e impidieron con sus
cuerpos que los cañones fueran
retirados, e incitaron la reacción
del proletariado y de la Guardia
Nacional a la defensa de París.
“En concreto, las mujeres trabajaron
en fábricas de armas y municiones,
hicieron uniformes y dotaron de
personal a los hospitales
improvisados, además de ayudar a
construir barricadas. A muchas se
las destinó a los batallones de la
Guardia Nacional como cantinières,
donde se encargaban de proporcionar
alimentos y bebida a los soldados de
las barricadas, además de los
primeros auxilios básicos. En teoría,
eran cuatro las cantinières
destinadas a cada batallón, pero en
la práctica solían ser muchas más.
Por otra parte, abundantes datos
muestran que muchas mujeres
recogieron las armas de hombres
muertos o heridos y lucharon con
gran determinación y valentía.
También hubo un batallón compuesto
por 120 mujeres de la Guardia
Nacional que luchó con valentía en
las barricadas durante la última
semana de la Comuna. Obligadas a
retirarse de la barricada de la
Place Blanche, se trasladaron a la
Place Pigalle y lucharon hasta que
las rodearon. Algunas escaparon al
Boulevard Magenta, donde todas
murieron en la lucha final.” (TODD,
2000: 140).
Las actividades desarrolladas por
las mujeres englobaban una serie de
funciones, destacándose aquellas
destinadas a la asistencia a los
heridos y enfermos, a la educación
en general y el abastecimiento.
Aunque no existió la organización de
movimientos feministas como los
conocemos hoy, y no fue elaborado un
programa sólo con reivindicaciones
especificas, las revolucionarias
crearon cooperativas de trabajadores
y sindicatos específicos para las
mujeres. Participaron activamente de
clubes políticos, reivindicando la
igualdad de derechos, como por
ejemplo el Club de los Proletarios y
el Club de los Librepensadores.
Crearon organizaciones propias como
el Comité de Mujeres para la
Vigilancia, el Club de la Revolución
Social, el Club de la Revolución y
la que consiguió destacarse de la
otras, la Unión de Mujeres para la
Defensa de París y la Ayuda a los
Heridos, fundada por miembros de la
Internacional, influidos por las
ideas de Marx. Se publicaron se
periódicos destinados a las mujeres:
Le Journal des Citoyennes de la
Comuna (Periódico de los Ciudadanos
de la Comuna) y La Sociale (La
Sociedad).
Las revolucionarias en la Comuna
adquirieron importancia no sólo como
luchadoras de las causas sociales,
sino como feministas, pertenecientes
a la clase obrera o a los sectores
radicales de los sectores medios,
identificadas con las luchas por la
conquista de una Republica social
con igualdad de derechos. Entre las
mujeres en este período, la más
conocida fue la activista socialista
Louise Michel , fundadora de la y
Unión de Mujeres para la Defensa de
París de apoyo a los Heridos y
miembro de la I Internacional.
También destacan: Elizabeth
Dmitrieff , militante socialista y
feminista; André Léo responsable de
la publicación del periódico La
Sociale; Beatriz Excoffon , Sophie
Poirier y Anna Jaclard, militantes
del Comité de Mujeres para la
Vigilancia; Marie-Catherine
Rigissart, que comandó un batallón
de mujeres; Adélaide Valentin, que
llegó al puesto de coronel, y Louise
Neckebecker, capitán de compañía;
Nathalie Lemel, Aline Jacquier,
Marcelle Tinayre, Otavine Tardif y
Blanche Lefebvre, fundadoras de la
Unión de Mujeres, siendo la última
ejecutada multitudinariamente por
las tropas reaccionarias, y
Joséphine Courbois, que luchó en
1848 en las barricadas de Lyón,
donde era conocida como la reina de
las barricadas. Se debe citar aún a
Jeanne Hachette, Victorine Louvert,
Marguerite Lachaise, Josephine
Marchais, Leontine Suétens y Natalie
Lemel.
Después de la derrota militar de la
Comuna de Paris de 1871, las fuerzas
conservadoras y reaccionarias, ante
la imposibilidad de eliminar este
ejemplo heroico que demuestra la
posibilidad de destrucción del orden
burgués, difundieron una gran
campaña de calumnias contra el
proletariado, los socialistas,
comunistas y en particular contra la
I Internacional.
“Algunas fuentes hacen referencia a
las incendiarias, les pétroleuses,
que prendieron fuego a edificios
públicos durante la Semaine
Sanglante final de la Comuna. Estas
historias parecen ser fruto del
alarmismo antifeminista de
inspiración gubernamental, y la
mayoría de los corresponsales
extranjeros presentes no las creían.
No obstante, las tropas
gubernamentales ejecutaron de manera
sumaria a cientos de mujeres, e
incluso se las apaleó hasta morir,
porque eran sospechosas de ser
pétroleuses. Con todo, a a pesar del
hecho de que más tarde se acusó a
muchas más mujeres de ser
incendiarias, los consejos de guerra
no hallaron a ninguna culpable de
ese delito. Sin embargo, hay pruebas
que indican que, durante los últimos
días, las mujeres aguantaron más
tiempo tras las barricadas que los
hombres. En total, se sometió a
1.051 mujeres a consejos de guerra,
realizados entre agosto de 1871 y
enero de 1873: a ocho se las
sentenció a muerte, a nueve a
trabajo forzados y a 36 a su
deportación a colonias
penitenciarias.” (TODD, 2000:
140-141).
La Comuna de Paris y la destacada
participación femenina en
actividades consideradas hasta
entonces como masculinas, reafirma
la fuerza revolucionaria de la mujer,
ya perfilada a partir de la
revolución de 1789, que se
transformó en una oleada mundial
indestructible. Las mujeres, a
partir de la Comuna de Paris pasan a
contribuir con gran parte de la
fuerza que pone en movimiento la
máquina de la revolución proletaria,
indicando que ellas no dejaran la
escena de la lucha de los explotados
y oprimidos por una nueva sociedad
de progreso social, de libertad.
Madrid, invierno/2001.
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Alianza.
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(*) . Autorizada la reproducción (impresión
y publicación) integral o de
cualquier ensayo. En caso de
publicación, se solicita la
gentileza de comunicárselo al autor
y de enviarle copia. Contactos por
E-mail: silviocostabrasil@hotmail.com
o silvio.costa@terra.com.br
(**) . Profesor de Sociología y
Ciencias Políticas en la Universidad
Católica de Goiás (Brasil).
Doctorando en la Universidad
Complutense de Madrid. Es autor de
Tendências e Centrais Sindicais: o
movimento sindical brasileiro de
1978 a 1994 (1995); Comuna de París:
o proletariado toma o céu de assalto
(1998), y Revolução e
Contra-Revolução na França (1999),
publicados en Brasil, por las
Editoriales de la Universidad
Católica de Goiás (Goiânia) y Anita
Garibaldi (São Paulo). Es
organizador de: Estado e poder
político: do realismo político à
radicalidade da soberania popular
(1998. Editorial de la Universidad
Católica de Goiás) y Concepções e
formação do Estado brasileiro (1999.
Editorial Anita Garibaldi). E-mail:
silviocostabrasil@hotmail.com
RESUMO
A participação feminina nas lutas
revolucionárias é uma constante na
França, e inclusive se transforma no
símbolo da República. Até
recentemente as questões
relacionadas com as mulheres e suas
lutas não eram motivo de estudo, mas
esta realidade está sendo mudada,
principalmente, pelo esforço
destacado das feministas. As
pesquisas já realizadas demonstram
sua significativa participação nos
principais acontecimentos de nossa
história. A partir das revoluções –
burguesas e proletárias –
principalmente das francesas de
1789, de 1848 e da Comuna de Paris
de 1871, marcam definitivamente sua
participação em atividades
consideradas até então como
masculinas e reafirmam a força
revolucionária das mulheres, que
pasam a contribuir com grande parte
da força que põe em movimento a
revolução proletária, indicando que
elas jamais deixarão a cena da luta
por uma nova sociedade de progresso
social e de liberdade.
RESUMEN
La participación femenina en las
luchas revolucionarias es una
constante en Francia, y que incluso
se transforma en el símbolo de la
República. Hasta recientemente las
cuestiones relacionadas a las
mujeres y sus luchas no eran motivo
de estudio, pero esta realidad está
siendo cambiada, principalmente, por
el esfuerzo destacado de las
feministas. Las investigaciones ya
realizadas demuestran su
significativa participación en los
principales acontecimientos de
nuestra historia. A partir de las
revoluciones – burguesas y
proletarias – principalmente de las
francesas de 1789, de 1848 y de la
Comuna de Paris de 1871, marcan
definitivamente su participación en
actividades consideradas hasta
entonces como masculinas y reafirman
la fuerza revolucionaria de la
mujeres, que pasan a contribuir con
gran parte de la fuerza que pone en
movimiento la revolución proletaria,
indicando que ellas jamás dejaran la
escena de la lucha por una nueva
sociedad de progreso social y de
libertad.
ABSTRACT
Female participation in the
revolutionary fights is a consistent
in France, and that it even becomes
the symbol of the Republic. Until
recently the questions related to
the se women and their struqqle were
not well studied, but this reality
is beginning to change, mainly, for
the outstanding effort of feminists.
Investigations already carried out
demonstrate their significant
participation in the main events of
our history. Starting from the
revolutions – bourgeois and
proletarians – mainly of the French
of 1789, 1848 and the Commune of
Paris of 1871, they mark their
crucial participation in activities
considered up until then as male
activities and they reaffirm the
woman's revolutionary force that
contributed greatly to the force
that puts in movement the
proletarian revolution, indicating
that they never abandoned the fight
for a new society of social progress
and of freedom.
Notas
ue el primer grupo político de
defensa de intereses para mujeres
corrientes que se creó en Europa.
Fundado por una actriz y una
fabricante de chocolates, estaba
vinculado al ala izquierda de los
enragés, luchaba por los intereses
de los trabajadores pobre y la
mayoría de sus miembros eran mujeres
de los trabajadores pobres y mujeres
trabajadoras. Estas
républicaines-révolutionnaires
apoyaban a los montagnards en su
lucha política con los girondinos y
fundían los intereses de los
radicales de clase media con
aquellos de los pobres de París.” (TODD,
2000: 132)
Claire Lacombe fue actriz y después
de la prohibición de la SMRR, por
sus posiciones identificadas como
burguesas, fue arrestada durante la
ascensión de los jacobinos al poder,
siendo liberada en agosto de 1795.
Pauline Léon fue fabricante de
chocolate, fue encarcelada junto con
Claire después de la prohibición de
la SMRR, siendo libertada en agosto
de 1794, un año antes que Claire.
“Manon” Roland contribuyó a la
elaboración de la política girondina
y fue ejecutada en noviembre de
1793, durante el ascenso al poder de
los jacobinos.
Etta Palm d´Aelders participó de
forma destacada de la campaña en
defensa de los derechos de las
mujeres, dando prioridad a la
igualdad en la educación y en el
empleo.
Olympe de Gouges, como defensora
radical de los derechos de las
mujeres, fue destacada militante
revolucionaria y murió guillotinada
en 1793. Su Declaración de los
Derechos de la Mujer es un
complemento – o una contraposición –
a la Declaración de los Derechos del
Hombre, que no contempló o explicitó
los derechos de las mujeres.
Théroigne de Méricourt tuvo una
actuación destacada en la defensa de
los principios revolucionarios y de
los derechos de las mujeres,
llegando incluso a defender de la
formación de un batallón sólo de
mujeres armadas.
Jeanne Déroin, fue costurera de
profesión y militante de izquierda.
“Cuando Jeanne Déroin propuso
presentarse como candidata demócrata
en las elecciones de mayo de 1849,
P.-J. Proudhon la declaró no apta
porque los órganos que las mujeres
poseen para alimentar a los bebés no
las hacen apropiadas para el voto;
ella respondió pidiéndole que le
mostrara el órgano masculino que le
facultaba para el voto. Obligada a
huir a Inglaterra en 1851, después
del golpe de Luis Napoleón, continuó
siendo una feminista activa hasta su
muerte a la edad de 89 años.” (TODD,
2000: 138-139)
George Sand fue “influida por el
socialismo de Saint-Simon, era una
republicana acérrima y partidaria de
las barricadas y de la revolución.
Fue la intelectual más conocida de
su época, y muchos de sus 109 libros
reflejaban sus ideas humanitarias.
Al principio se asoció con Armand
Barbés, el líder radical del Club de
la Revolución, pero enseguida se
convirtió en consejera de Alexandre
Ledru-Rollin, ministro de Interior
del nuevo gobierno revolucionario,
que editaba los Boletines de la
República que contribuyeron a
propagar el republicanismo radical
en las provincias” (TODD, 2000:
139).
Matilde Franzizka Anneke fue la
feminista que más destacó en los
Estados Alemanes. Inició su
actuación política como radical y se
adhirió al comunismo. Después del
fracaso de la Revolución Alemana de
1848 se vio obligada a huir a los
EUA, donde continuó la lucha
feminista en defensa de los derechos
de las mujeres.
Louise Michel militante socialista y
fundadora de la Unión de Mujeres,
“comanda un batallón femenino, que
se enfrenta a los reaccionarios en
as barricadas de Paris. Escapa a la
muerte, es arrestada y comparece
delante del Consejo de Guerra en
16-12-71. Su juicio es ejemplo de
firmeza y convicción revolucionaria.
Rechaza los abogados designados y
presenta personalmente su defensa,
que en verdad es la defensa de la
causa de los communards, al decir:
“No quiero me defender. Pertenezco
toda a la Revolución Social. Declaro
aceptar la responsabilidad de mis
actos (...) lo que exijo de vosotros...
es el campo de Satory, donde ya
cayeron mis hermanos. Es preciso
separarme de la sociedad, les
dijeron que lo hicieran, pues bien!
El Comisario de la República tiene
razón. Ya que, según parece, todo
corazón que bate por la libertad
sólo tiene derecho a un poco de
plomo, exijo mi parte! Se me dejáis
vivir, no cesaré de clamar venganza
y de denunciar, en venganza de mis
hermanos, a los asesinos de la
Comisión de las Gracias”.Reivindica
morir en el Campo de Satory. El
palco del más odioso tratamiento
recibido por los combatientes de
Paris. Allí, en la noche del 27 para
28 de mayo, millares fueron
masacrados por las tropas de
Versalles. Louise no fue condenada a
muerte, sino que fue deportada a
Nova Caledonia. La amnistía votada a
11-7-1880 a beneficia. Volvió a
Francia, donde reasumió
inmediatamente su puesto de combate
en defensa de los oprimidos.
Participó y dirigió varias
manifestaciones de obreros y
desempleados y también las dirigió.
Arrestada varias veces, fue
condenada en 1883 a seis años de
prisión. Liberada, murió en 1905.
Recibió innumerables manifestaciones
de reconocimiento de los
trabajadores de Paris y de toda
Francia. Fue enterrada con el
estandarte de la Comuna. Louise
Michel, pese a cuestionarse de la
cuestión de la mujer, lo hace aún de
forma unilateral, considerándola
sólo como una recurrencia directa y
mecánica del fin de la opresión de
clase, sin comprender su dimensión
específica. Louise Michel es un
símbolo de la participación de la
mujer en las luchas sociales en
defensa del progreso y del
Socialismo. No fue sólo una
luchadora de acciones prácticas.
Profesora formada, escribió varias
obras donde reveló su pensamiento
revolucionario, entre ellas
destacase las “Memorias de la
Comuna”, de 1898 (MARTINS, 1991: 48)
Elizabeth Dmitrieff “se afilió a la
Internacional a los 17 años y se
hizo amiga de Marx. Llegó a ser una
de las siete componentes del comité
ejecutivo de la Unión de Mujeres. Al
final huyó a Suiza.” (TODD, 2000:
142)
André Leo, influida por las ideas
blanquistas, se dedicaba al
periodismo y con la derrota de la
Comuna, se exiló a Suiza.
Beatriz Excoffon empezó a
desarrollar sus actividades
políticas a partir del cerco de
Paris. A principios de abril de 1871
fue una de las organizadoras de una
marcha compuesta por aproximadamente
800 mujeres que intentaron sin éxito
impedir que el gobierno de Thiers
atacara Paris. Con la derrota de la
Comuna, fue arrestada y deportada.
Sumario
1. HISTORIA, CRISIS POLÍTICA Y
REVOLUCIÓN
2. EL PROLETARIADO INTENTA TOMAR EL
CIELO POR ASALTO
3. IDEOLOGÍA, TENDENCIAS E
INTERNACIONALISMO PROLETARIO
4. EL PROLETARIADO ASUME EL PODER Y
LA SEMAINE SANGLANTE
5. LA COMUNA DE PARÍS Y LAS MUJERES
REVOLUCIONARIAS
6. ENSEÑAMIENTOS DE LA COMUNA DE
PARÍS |