EL PROLETARIADO ASUME EL PODER Y
LA SEMAINE SANGLANTE*
Silvio Costa**
La guerra y el cerco impuestos à
París crean dificultades para una
reorganización llena de sus
actividades. La gran mayoría de sus
industrias fue destruida y
paralizada; lo que reducía
significativamente los puestos de
trabajo y aumentaba
significativamente el número de
desempleados. Esto impuso para los
obreros, como alternativa de
supervivencia, la entrada en la
Guardia Nacional, lo que, en esas
condiciones, era al mismo tiempo un
empleo y la única forma de defensa
de sus derechos e intereses.
Los servicios públicos, se
encontraban en gran parte
desorganizados por de la guerra. A
esto se suma el hecho de que las
diversas instituciones estatales
estaban totalmente desarticuladas,
pues una parte del funcionalismo se
había transferido con el gobierno
Thiers a Versalles y algunos de los
que se quedaron pasaron a
desarrollar distintos tipos de
sabotajes en las comunicaciones,
aprovisionamiento, ferrocarriles,
etc., con el objetivo de impedir la
normalización administrativa. La
Aduana Municipal, las vías públicas,
la iluminación, los mercados, la
asistencia pública, los telégrafos,
etc., necesitaban reorganizarse.
Algunos administradores de
distritos, incluso, habían quitado
los timbres, los registros y las
cajas de sus administraciones. La
Intendencia militar fue abandonaba.
No había fondos para garantizar los
gastos de los seis mil (6.000)
enfermos en los hospitales y de las
ambulancias. Ni el servicio de los
cementerios escapó a la saña
devastadora de los partidarios de
Thiers. (JVOSTOV y ZUBOK, 1986: 101)
1. EL PROLETARIADO ASUME O PODER
Tras las elecciones y la asunción
del poder, el Consejo de la Comuna
no consiguió poner en funcionamiento
las instituciones
político-administrativas heredadas
del antiguo poder imperial; porque
habían organizado de tal manera que
reflejaban el poder del capital
sobre el trabajo, que en lo
fundamental, no se correspondía
solamente con la organización de una
fuerza pública con carácter
administrativo, sino también con un
mecanismo orientado para la
manutención del despotismo de clase.
Estos hechos, demuestran para los
communards, con claridad, la
imposibilidad de apoderarse y de
poner en funcionamiento el antiguo
aparato estatal y la necesidad de
nuevas instituciones
político-organizativas, la necesidad
de organizar un nuevo tipo de
Estado.
1.1. DISOLUCIÓN DEL EJÉRCITO
PROFESIONAL
La primera iniciativa del Consejo de
la Comuna fue disolver el Ejército
regular, sustento base del poder
aristocrático-burgués,
sustituyéndolo por la Guardia
Nacional democrática, o sea, por el
pueblo armado. La organización
político-administrativa y su
funcionamiento estaba bajo la
responsabilidad del Consejo de la
Comuna. El acceso a las posiciones
de dirección y de comando, como
ejemplo de todos los otros cargos y
posiciones, se rellenaría a través
de elecciones por voto universal y
por mandato imperativo .
El Consejo de la Comuna, coordinado
por una Comisión Ejecutiva, posee
atribuciones ejecutivas y
legislativas, pudiendo sancionar las
leyes y asumir la responsabilidad de
su aplicación. La implantación de
las ordenanzas era una atribución de
los miembros de la Comuna, dividida
en comisiones confiadas de las
diferentes actividades: Ejército;
Justicia; Seguridad General;
Superior de Contabilidad
(financias); Aprovisionamiento; de
la Instrucción Pública y de la Salud
Pública; Trabajo y Comercio;
Relaciones Exteriores; Servicios
Públicos; que deben prestar cuentas
al Consejo de la Comuna.(COSTA,
1998: 72-73).
La Magistratura se reconstruye a
través de elecciones para los cargos
en los tribunales civiles. Se
organizan las Cortes de Justicia y
se designan lo Jueces de Paz y de
Instrucción. La asistencia jurídica
se establece como gratuita para los
casos considerados urgentes. La
manutención del orden público es
garantizada por la población en
armas. Es establece el estado laico
y la Iglesia, mientras que como
institución, se desvincula del
Estado, y se elimina las ayudas
financieras a las órdenes
religiosas. Varias iglesias y
conventos se transforman en clubes
populares.
La Comuna respeta la propiedad
privada y confisca sólo las
propiedades de aquellos que habían
abandonado París. Las compañías
confiscadas se ponen en
funcionamiento con gran dificultad,
gracias a obreros y técnicos.
Diversas residencias pertenecientes
a contrarrevolucionarios, que habían
huido, las utilizan,
provisionalmente, por las víctimas
de los bombardeos. A todo aquel que
había permanecido en la ciudad, se
le garantiza el control de todas sus
propiedades y se le concede una
moratoria de sus deudas.
1.2. RESPETO A LA PROPIEDAD BURGUESA
El respeto a la propiedad lleva a
los communards a reconocer el Banco
francés como propiedad de la nación,
y a mantenerlo intacto y con todo el
capital y los valores existentes,
manteniendo incluso en sus puestos a
algunos miembros de la vieja
dirección, que pasaron a utilizar su
posición para dificultar e impedir
el acceso de los revolucionarios al
dinero perteneciente a la
municipalidad. La Comuna no lo
utilizó como instrumento de
negociación para imponerse al
gobierno Thiers. No confiscó ni un
centavo del capital existente en el
Banco, retirando después de las
negociaciones, solamente la cantidad
que pertenecía a la Municipalidad.
El respeto a la propiedad privada se
muestra de una manera sumamente
clara en este episodio del Banco, lo
que permite a sus directores, al
mismo tiempo que negaban dinero a la
Comuna, proporcionárselo, en grandes
sumas, al gobierno que se
concentraba en Versalles.
Los revolucionarios cometieron el
serio error de no usar los valores
existentes en el Banco. “lo de más
difícil comprensión es, sin ninguna
duda, el sagrado miedo con que esos
hombres se detuvieron
respetuosamente ante los sótanos del
Banco de Francia. Fue eso, además
de, un grave error político. En las
manos de la Comuna, el Banco de
Francia habría tenido mucha más
importancia que diez mil rehenes.
Habría significado la presión a toda
la burguesía francesa sobre el
gobierno de Versalles para que
negociara la paz con la Comuna”. (ENGELS,
1977: 164). “Todos cometieron el
mismo error. Durante dos meses,
tuvieron en las manos los archivos
de la burguesía desde el 89. El
Tribunal de Facturas revelaba los
misterios de las trampas oficiales;
el Consejo de Estado, las
deliberaciones confidenciales del
despotismo; el Ministerio de la
Justicia, los servilismos y los
crímenes de los magistrados; el
Hôtel de Ville, los expedientes de
la Revolución francesa, de 1815,
1830, 1848 y 1851, todavía
desconocidos; la Jefatura de Policía,
los secretos más vergonzosos de
todos los poderes sociales; todas
las diplomacias temían la apertura
de las pastas de los archivos del
Ministerio de las Relaciones
Exteriores. Se podría exponer a los
ojos de las personas la historia
íntima de la Revolución, del
Directorio, del Primer Imperio, de
la Monarquía de julio, de 1848, de
Napoleón III. Bastaba tirar al
viento todos los pedazos dejando el
futuro hacer de pantalla. Sólo se
publicaron dos o tres fascículos.
Los delegados durmieron al lado de
esos tesoros al menos sin sospechar
de su existencia. (LISSAGARAY, 1991:
190)
En esto corto espacio de tiempo de
su existencia, la Comuna consigue
organizar y garantizar frágilmente
debido al cerco y a guerra, una
fuente de renta y empezar la
ejecución de un programa de trabajos
públicos, la construcción de
carreteras y una compañía de Correo,
garantizando, así, la comunicación
con otras regiones. El
aprovisionamiento fue garantizado a
través de una zona neutra,
desocupada por los prusianos y
protegida por los fuertes que se
encontraban bajo control de los
revolucionarios.
Inmediatamente los puestos en el
nuevo gobierno son llenados y se
ocupan las posiciones del nivel
dirigente, permitiendo, así, en un
breve espacio de tiempo, hay una
conquista de relativa eficacia,
incluso en algunos casos y en los
sectores en que la población
manifestaba gran respeto a la
administración anterior. La
asistencia a la salud, organizada en
la Municipalidad, se asegura en los
puestos de socorro instalados por la
Guardia Nacional. Aun así, el
re-establecimiento pleno, de estos
servicios, se ve dificultado por la
inexperiencia, por la falta de una
coordinación centralizada y por la
persistencia de la desorganización,
responsable de la debilidad en el
aprovisionamiento de los batallones
de la Guardia Nacional en el frente
de batalla.
Los pequeños industriales tuvieron
reconocidos su derecho de mantener
el mando en sus propiedades y
recibieron un tratamiento
diferenciado en la administración de
sus fábricas. Las alteraciones en
las relaciones de trabajo sólo se
efectuaban después de las
negociaciones y los acuerdos entre
el dueño y los empleados. Los
patrones podían aplicar multas a sus
empleados, poniendo "fin a más una
de las escandalosas iniquidades del
régimen capitalista, pues se
trataban de multas inflingidas,
muchas veces con el pretexto más
fútil, en las que el propio patrón
era al mismo tiempo juez y parte" (LISSAGARAY,
1991: 189). El trabajo nocturno en
las panaderías fue suspendido y se
establecieron normas de higiene. Los
objetos pignorados fueron devueltos
a sus dueños y se amplió el periodo
de pago de los alquileres y sus
precios pasaron a ser controlados.
El gobierno revolucionario fijó,
como máximo, para el pago de todo
miembro del gobierno el sueldo medio
de un obrero, sin permitírsele la
acumulación de posiciones y
ocupaciones.
En la París rebelde, incluso en
medio de las duras condiciones de
supervivencia (hambre, desempleo,
bombardeos sistemáticos, etc.), se
implantó la libertad más amplia. Los
diferentes segmentos de su población
expresaban sus opiniones a través de
carteles fijados libremente en
periódicos y en los clubes
políticos. Se estableció un clima de
creatividad, felicidad, solidaridad
y congratulaciones, en el que la
perspectiva de conquista de una
nueva sociedad creó la felicidad de
vivir. Estas condiciones ampliamente
democráticas permitieron no sólo la
labor de construcción de relaciones
solidarias, sino que permitió
incluso la libre acción a los
saboteadores y a la oposición
burguesa y monárquica. Los
periódicos monárquicos circulaban en
París atacando la Comuna y
diseminando la perfidia.
El ejercicio de las libertades
democráticas fue asegurado
indistintamente para todos, incluso
para los prisioneros simpatizantes
de Versalles. "Los rehenes más
preciosos tenían toda la libertad de
mandar venir desde fuera la
alimentación, ropas, libros,
periódicos, de recepción de las
visitas de los amigos y de
reporteros del extranjero" (LISSAGARAY,
1991: 183). La solidaridad y la idea
de humanidad se superponen a las
divergencias. Se decretó que toda
detención debía estar precedida por
una orden judicial y ser comunicada
inmediatamente al Delegado de la
Justicia. Los ultrajes serían
castigados y las personas
responsables, destituidas y
sometidas a proceso judicial. Se
asegura amplias libertades
individuales y de defensa a los
acusados y prisioneros.
La libertad de organización permitió
la proliferación de diferentes
organizaciones populares y
sindicales, de secciones parisienses
de la Internacional y de clubes
revolucionarios. La representación
corporativa de los trabajadores
estaba a cargo de las Cámaras
Sindicales. Las distintas
concepciones del mundo,
identificadas con el proletariado,
se expresan libremente.
El sistema educativo de la Comuna se
reestructura. Se establece la
instrucción laica, obligatoria y
libre. Los programas y la
instrucción pasan a elaborarse a
partir de las reuniones y de las
decisiones de los maestros,
asegurándose el carácter científico
de las distintas disciplinas. Se
crearon escuelas profesionales,
donde, al lado de los maestros de
disciplinas teóricas, los obreros
asumieron la responsabilidad de la
enseñanza práctica. Se elaboró un
plan para la creación de guarderías
y de un jardín-de-infancia. Fue
creada la Asociación Republicana de
las Escuelas, con el objetivo de
estimular, en las universidades, el
conocimiento científico y la
formación política. En la cultura,
surge la Federación de los Artistas;
se reorganiza la Academia de Bellas
Artes; y se crean escuelas comunes
de arte. Los teatros y las
bibliotecas se ponen bajo el mando
de diferentes asociaciones
populares.
1.3. AMPLIA LIBERTAD EN LA COMUNA DE
PARÍS
Las libre acción contra los
saboteadores, hizo posible cortar
líneas de comunicación explotan
fábricas, principalmente de
armamentos y municiones. La
dirección del Banco francés, con
libertad de acción, proporciona
sumas voluminosas a Thiers para
financiar la Contra-Revolución. Sólo
a mediados de abril de 1871 la
Comuna decide no permitir la
continuidad de las actividades de
los contra-revolucionarios. Los
periódicos monárquicos no pueden de
circular en París, la vigilancia
popular se establece y algunos de
los saboteadores son arrestados.
Los communards, al no permitir la
libre acción de la Contrarrevolución,
reafirman la Comuna como “un
gobierno de la clase obrera, fruto
de la lucha de la clase productora
contra la clase propietaria, la
forma política al fin descubierta
para llevar a cabo la emancipación
económica del trabajo. (...) La
dominación política de los
productores es incompatible con la
perpetuación de su esclavitud
social. La Comuna debe servir como
palanca para extirpar las
fundaciones económicas en las que se
apoya la existencia de las clases y,
por consiguiente, la dominación de
clase. Una vez emancipado el trabajo,
todo hombre se convierte en obrero,
y el trabajo productivo deja de ser
un atributo de clase.” (MARX, 1977:
199-200).
La Comuna no consigue tratar de la
cuestión campesino, sea por el papel
político asumido por los campesinos
en más de un siglo de la historia de
Francia; sea por incomprensión
política, o porque París se
encontraba sitiada. Estos factores
impidieron un contacto más íntimo
con la Provincia. Las iniciativas,
en este sentido, son muy tímidas; se
limitan prácticamente a dos
manifiestos, enviados a través de
balones que afectaron a un público
muy limitado.
En el interior, los ideales de la
Comuna de París encuentran
resonancia en pocas localidades; en
algunas ciudades mayores, se
organizan comunas propias, pero, por
no ser posible el contacto entre
ellas y el establecimiento de una
organización que les proporciono la
unificación, permanecen aisladas y
frágiles. El esfuerzo de rebelión de
la Provincia se limitó al envío de
algunos delegado a las ciudades más
grandes. A pesar de la valentía y el
heroísmo de los rebeldes son, en
algunos casos, violentamente
atacados y derrotados por las tropas
del gobierno burgués-monárquico de
Thiers. “La Comuna no fue fruto de
la conquista del consenso, de la
construcción de una hegemonía
político-cultural proletaria en
sustitución de la estructura del
poder y a los valores
socio-culturales burgueses, que
venían consolidándose desde el
periodo del movimiento intelectual y
cultural conocido como Iluminismo.
Con la excepción del proletariado de
París y de algunas otras ciudades
industriales francesas que convivían
con intensa movilización y
experiencias revolucionarias,
constituyendo organización política
y valores socio-culturales
alternativos a los burgueses,
predominaba en medio de las masas
populares, formadas por proletarios,
campesinos, artesones y
pequeño-burgueses, un descontento
social situado en el universo de la
defensa de la propiedad privada, del
mercado y del individualismo burgués.”
(BARBOSA, 1999: 5).
La Comisión de Relaciones Exteriores
no consigue establecer contactos
sólidos con el movimiento obrero
europeo, y, por el carácter
particular del proceso de
deflagración de la Comuna de París,
no se creó una red de apoyo que
hiciese posible su propagación y la
superación efectiva de su
aislamiento.
Industriales y comerciantes crean el
4 de abril de 1871, la Unión
Nacional de las Cámaras Sindicales
con el objetivo de la manutención y
la liberación de la República y el
reconocimiento de las franquicias
municipal de París. Poco después, se
divulga un manifiesto, firmado por
maestros universitarios, médicos,
abogados, ingenieros y estudiantes,
reivindicando la República, la
Comuna y la Federación de las
Comunas. En el mismo periodo, se
divulga una carta dirigida a Thiers,
exigiendo el fin de las
hostilidades. Algunos franco-masones
apelan de igual forma a la Comuna y
al gobierno de Versalles. Algunos
ex-administradores de distritos y
adjuntos crean la Liga de Unión
Republicana de los Derechos de París
y exigen el reconocimiento de la
República y el derecho de
autogobierno."Otros grupos se
formaron, todos de acuerdo a dos
puntos: consolidación de la
República y reconocimiento de los
derechos de París. Casi todos los
periódicos en favor de la Comuna
reprodujeron este programa; los
radicales lo aceptaban." (LISSAGARAY,
1999: 162-163).
Ante la superioridad del enemigo y
de las grandes dificultades, estos
esfuerzos político-organizativos y
el gran heroísmo de los communards
no fueron suficientes para prolongar
la lucha revolucionaria por un largo
tiempo ni desde el punto de vista
político-militar, para obtener
victorias significativas.
2. LA VIOLENCIA
CONTRA-REVOLUCIONARIA
La reacción del gobierno de Thiers,
con el apoyo no directo de las
tropas de Bismarck, contra los
revolucionarios communards fue de
una gran violencia; tenía como
objetivo eliminar, por un largo
periodo, todo intento de oposición
más radical. La violencia
contra-revolucionaria demostró que,
en defensa de la manutención del
orden burgués y capitalista, estaban
dispuestos a cometer las mayores
atrocidades.
Los parisinos, desde el cerco
prusiano en septiembre de 1870, ya
venían viviendo en condiciones
excepcionalmente terribles delante
del riguroso invierno de 1870-1871,
que les imponía frío y hambre y
llevó a la muerte en 1870 a
aproximadamente 12.000 personas y a
20.000 en enero de 1871. Hasta el
momento en que el gobierno de Thiers
no tomó la iniciativa de atacar
militarmente a los parisinos el 18
de marzo, no hubo ninguna reacción
armada, con contenido violento
contra los intentos del gobierno
espurio. La deflagración de la
Comuna no fue una acción ofensiva,
sino una reacción, que en aquellas
circunstancias, se puede incluso
considerarse como no violenta. Por
lo tanto, la implantación de la
Comuna y sus actitudes defensivas
son una reacción al desarrollo de la
contra-revolución y sus acciones
armadas son una contra-violencia
revolucionaria.
“Desde el primer momento de la
Comuna revolucionaria, en marzo de
1871, sus opositores en Francia la
consideraron una “nueva invasión de
bárbaros” y temieron algunas de las
ideas revolucionarias asociadas a
ella. Les causaba una alarma
especial la amenaza al derecho a la
propiedad que planteaba el “fantasma
del comunismo” que Marx mencionó por
primera vez en 1848. De modo que
estaban decididos a aplastarla de
inmediato y de una forma que
derrotase tan definitivamente las
ideas que se eliminaran de la agenda
política durante mucho tiempo. Es
evidente que, con razón o sin ella,
los gobiernos y las élites
dirigentes de toda Europa
consideraban a los communards como
parte de un movimiento internacional
obrero creciente y cada vez más
peligroso que amenazaba su dominio y
sus intereses. Esto ayuda a explicar
por qué los prusianos estaban tan
dispuestos a contribuir a la
eliminación de la Comuna.” (TODD,
2000: 160)
2.1. THIERS Y LA PREPARACIÓN DE LA
OFENSIVA MILITAR
Thiers, ante de la decisión de
invadir, derrotar y eliminar los
communards y encontrarse con un
ejército desarticulado, inicia
negociaciones con Bismarck para
firmar el armisticio y liberar a los
soldados franceses arrestados por
los prusianos durante la guerra.
Al mismo tiempo desarrollaba una
farsa delante de los representantes
de algunas asociaciones que deseaban
poner fin al conflicto. Para algunos
primero es necesario realizar el
desarme de la Comuna, ya que no se
puede desmantelar la Asamblea
Nacional recién-elegida y como
consecuencia, el gobierno nombrado
por ella; Otros, no aceptan hablar
de armisticio o amnistía, pero
admiten la posibilidad del perdón a
aquellos que no sean considerados
asesinos. En lo fundamental, Thiers
estaba interesado en la sumisión y
en la paz con el ejército enemigo,
de ningún modo con los communards.
Su intención primera era invadir y
derrotar París, eliminando la
perspectiva de un poder proletario.
(COSTA, 1998: 82)
Thiers firma, el 10 de mayo de 1871,
el Tratado de paz con Bismarck,
“concedía” a Prusia las provincias
de la Alsacia y de Lorena en Francia
y cinco mil millones francos
(5.000.000.000) en oro, en la
calidad de "contribución de guerra";
en contrapartida, serían liberados
los soldados franceses hechos
prisioneros.
Bismarck, temeroso ante a la
posibilidad de una victoria y la
consolidación de la Comuna
revolucionaria, libera a 60.000 (sesenta
mil) soldados franceses que se
encontraban prisioneros, que
asociados a los miles de liberados
anteriormente y con los que quedaban,
permite la organización de un
efectivo militar de 170.000 (ciento
setenta) mil hombres. La tropa fue
bien alimentada y vestida, aislada
de cualquier contacto con el
exterior y dentro de una rígida
disciplina. "Sin embargo, no era un
Ejército de ataque y los hombres se
dispersaban antes de la resistencia
más eficaz. A pesar de la arrogancia
oficial, los generales estaban sólo
realmente con la Artillería.
Solamente el cañón podía ganar París."
(LISSAGARAY, 1991: 173). Esto
permitió la reorganización militar
del gobierno de Thiers y la
concentración en el ataque a París.
“París estaba sometido a un
bombardeo incesante por las mismas
personas que habían estigmatizado
como un sacrilegio el bombardeo de
la capital por los prusianos. Ahora,
ellos mismos imploraban al gobierno
prusiano que acelerara la devolución
de los soldados franceses
prisioneros en Sedán y Metz, para
que reconquistasen París. A partir
de principios de mayo, la llegada
gradual de esas tropas dio una
superioridad decisiva a las fuerzas
de Versalles. Esto ya había sido
evidenciado cuando, el 23 de abril,
Thiers rompió las negociaciones,
empezadas a propuesta de la Comuna,
para cambiar el arzobispo de París y
toda una serie de sacerdotes,
arrestados en la capital como
rehenes, por un solo hombre, Blanqui,
electo por dos veces para la Comuna,
pero prisionero en Clairvaux.” (ENGELS,
1977: 163).
2.2. EL ATAQUE DE LA
CONTRARREVOLUCIÓN Y
LA SEMAINE SANGLANTE
El día 21 de mayo de 1871 comienza
el ataque final sobre París. Un gran
potencial bélico de destrucción
formado por 170.000 (ciento setenta
mil) hombres y artillería pesada con
la autorización de Bismarck.
Empezaba así, lo que se conoció como
Semaine sanglant, cuando se luchó en
violentas batallas, en las cuales
cada palmo de calle y de barricadas
se disputó en encarnizadas batallas.
El proletariado, en la defensa del
París revolucionario, construía una
barricada después de otra y las
defendía con gran heroísmo. La
posesión por las tropas de la
reacción de cada calle, de cada
casa, de cada barricada sólo era
posible después de una violenta
lucha. En gran inferioridad numérica
y militar, los rebeldes no-se
rendían. Resistían valientemente en
una batalla desigual y sucumbían a
las balas enemigas.
Las tropas francesas de ocupación de
París encontraron una resistencia
más grande y un gran heroísmo en los
barrios obreros, defendidos incluso,
con la participación de gran número
de mujeres y jóvenes, que defendían
con la vida la posibilidad de
construir un futuro mejor. Se
considera que en las barricadas
participaron aproximadamente diez
mil (10.000) obreras, que empuñaban
armas, alzaban barricadas y daban
asistencia a los heridos. (JVOSTOV y
ZUBOK, 1986: 26).
El día 27 de mayo de 1871, las
tropas al servicio del gobierno de
Thiers ocupan la barricada obrera de
Belleville. Los aproximadamente 200
(doscientos) revolucionarios que aún
luchaban, se escondían y resistían
en el cementerio de Pére Lachaise,
en desigual y violento combate en el
que cada palmo de tierra, cada tumba
se disputaba con gran valentía.
Pero, cercados y en una lucha
sumamente desigual, los
revolucionarios fueron
implacablemente aniquilados. Al
finalizar el día, un pequeño grupo
superviviente es sitiado y fusilado
a los pies de la pared del
cementerio. (COSTA, 1998: 86)
La última barricada obrera
resistente fue la de la rue de
Ramponneau. "Durante un cuarto de
hora, un único federado la defiende.
Tres veces quebró el palo de la
bandera Versallesca izada en la rue
de París. Como premio por su valor,
este último soldado de la Comuna
consigue escapar" (LISSAGARAY, 1991:
289). Esta última trinchera de la
libertad cae en poder de las tropas
de Thiers el día 28 de mayo de 1871.
Pero la victoria de las tropas al
servicio del gobierno
burgués-monárquico sólo se consumará
el día 29, cuando se disparan los
últimos tiros; el Fuerte de
Vincennes es ocupado; y, son
fusilados 9 (nueve) oficiales
revolucionarios.
“El orden reinaba en París. Por
todas partes, ruinas, muertos,
siniestras crepitaciones. Los
oficiales ocupaban las calles,
provocativos, haciendo holgazanear
el sable; los suboficiales imitaban
su arrogancia. Los soldados
acamparon en todas las grandes
calles; algunos, embrutecidos por la
fatiga y por la carnicería, dormían
en plena calle; otros preparaban la
sopa cantando canciones de su región.
La bandera tricolor colgada
cobardemente de todos los balcones
para alejar las persecuciones.
Tirado por las ventanas o llevados
por la noche por los habitantes en
pánico, fusiles, espingardas y
fardas se amontonaban en los arroyos
de los barrios populares. A las
puertas, las mujeres de obreros
sentadas con la barbilla apoyada en
las manos esperaban con una mirada
fija a un hijo o a un marido que no
regresaría.” (LISSAGARAY, 1991: 291)
2.3. LA MATANZA INDISCRIMINADA Y LA
I
IMPOSICIÓN DEL TERROR
Las tropas gubernamentales
consiguiendo la victoria militar,
empiezan la más violenta represión a
los revolucionarios e instauran el
terror en París, no sólo contra los
communards, sino contra toda la
población.
El ejército se adueña del poder al
servicio de la reacción y se
transforma en pelotón de
fusilamiento multitudinario. La
simple sospecha y la delación de
algún funcionario representa la
condena a muerte. "Afloraban los más
cobardes instintos; París descubrió
lodazales de ignominia, desconocidos
incluso bajo el Imperio. Los hombres
de bien, señores de la situación,
mandaban arrestar como comuneros a
sus rivales y acreedores" (LISSAGARAY,
1991: 304). La furia ensandecida de
las tropas de Thiers se transforma
en palanca y justificación a las
ejecuciones sumarias. París se
transforma en un gran matadero: los
hospitales eran invadidos, los
soldados clavaban sus bayonetas en
los heridos y los tiraban a las
calles, que se quedaban cubiertas
con cadáveres. Las mujeres obreras
bajo sospecha y sus niños son
fusilados. Varias personas mayor es
asesinadas por el simple hecho de
que recuerdan la Insurrección de
1848. Los prisioneros que escaparon
de la matanza fueron llevados a
Versalles en convoyes con miles de
“niños de doce a dieciséis años,
hombres de barbas blancas, soldados
con el abrigo al contrario, hombres
elegantes, hombres sólo con camisa,
de todas las condiciones, las más
delicadas y las más rudos,
arrastradas por la misma catarata.
Muchas mujeres, a algunas les
pusieron grilletes; esta con su bebé,
que estuvo sujeto al cuello de la
madre con sus pequeñas manos
asustadas; aquella, con el brazo
roto o la camiseta manchada de
sangre; una, agotada, se agarra al
brazo más vigoroso de su vecino;
otra, como una estatua, desafía el
dolor y los insultos; siempre la
misma mujer del pueblo que, después
de haber llevado el pan a las
trincheras y consuelo a los
moribundo, sin más esperanza,
"Cansada de dar a luz a infelices"
se había apresurado al encuentro de
la muerte libertadora”. (LISSAGARAY,
1991: 300-301)
No fue suficiente el suplicio de
aquellos que se atrevieron a
levantarse contra las iniquidades de
aquella sociedad y contra la entrega
de Francia a la reacción burguesa y
monárquica, sino que se hizo
práctica común que las "mujeres, no
las mujeres de la vida, sino mujeres
de la sociedad, insultasen a los
prisioneros que pasaban, incluso les
pegasen con sus sombrillas. Algunas,
con las manos enjoyadas, cogían
tierra para tirársela al rostro de
los cautivos" (LISSAGARAY, 1991:
301).
Los líderes de la Insurrección son
atados, arrastrados por las calles
de la ciudad, golpeados, insultados
. " Ni los republicanos de
izquierdas, cuyo odio contra la
Comuna era comprobado, se atrevieron
a ir París por miedo a verse
envueltos en la matanza" (LISSAGARAY,
1991: 294). Treinta mil (30.000)
revolucionarios son rápidamente
asesinados y más de cuarenta mil
(40.000) llevados a prisión o
deportados a Nueva Caledonia y otras
colonias, condenados a trabajos
forzados, donde un gran número
vendría a encontrar la muerte,
víctima de enfermedades y de duras
condiciones de supervivencia (JVOSTOV
y ZUBOK, 1986: 27).
“Durante la lucha militar, la Comuna
pasó por las armas a menos de
noventa personas (rehenes, espías,
agentes provocativos, etc). Las
tropas versallescas tuvieron durante
las batallas de calle ochenta y tres
(83) oficiales muertos y
cuatrocientos treinta (430) heridos;
setecientos noventa (790) soldados
muertos y cinco mil novecientos
noventa (5.990) heridos (MOURA,
1991: 42). “La violencia
contrarrevolucionaria no está
limitada de ninguna manera a las
acciones directamente militares. La
mayoría de los communards se eliminó
de hecho después de la victoria de
la Contra-Revolución. Es evidente
que el objetivo de la guerra civil
no es justo la conquista del poder
político, sino el exterminio físico
de la parte más activa del enemigo
de la clase” (KOLPÍNISKI, 1984: 67).
“Esta “venganza de la gente
respetable” horrorizó a muchas
personas en todo el continente: el
29 de mayo, The Times incluía un
comentario sobre “las leyes
inhumanas de venganza bajo las
cuales las tropas de Vérsales se
habían dedicado a fusilar, a matar a
bayonetazos o a despedazar a
prisioneros, mujeres y niños durante
los últimos seis días... Por lo que
sabemos nunca ha sucedido nada
semejante en la historia”. Si lo
comparamos con las
contrarrevoluciones de 1848-1849, es
evidente que estas masacres llegaron
a una escala que antes se
consideraba inconcebible en los
estados más civilizados de la Europa
del siglo XIX.” (TODD, 2000: 161).
La victoria militar de la
contra-revolución lleva a Thiers,
historiador extraño a la dinámica de
la lucha de clases, a afirmar, de
forma arrogante y no-histórica, que:
"¡El socialismo ha sido exterminado
por un largo tiempo". ¡Gran
equivocación!, pues, incluso
derrotada militarmente, la Comuna de
París sale victoriosa política y
teóricamente, o desde el punto de
vista histórico de clase. En la
propia Francia, la firme defensa de
un nuevo tipo de sociedad, teniendo
la Republica Social como una de sus
banderas de lucha y forma de
gobierno, impide toda y cualquiera
posibilidad de restablecimiento de
una monarquía y crea las condiciones
necesarias para la victoria
definitiva de los defensores de la
República, si no Social, por lo
menos burguesa, y para confir