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Brasil, segunda-feira, 8 de setembro de 2008
febrero 16, 2004
EL PROLETARIADO ASUME EL PODER Y
LA SEMAINE SANGLANTE*

Silvio Costa**

La guerra y el cerco impuestos à París crean dificultades para una reorganización llena de sus actividades. La gran mayoría de sus industrias fue destruida y paralizada; lo que reducía significativamente los puestos de trabajo y aumentaba significativamente el número de desempleados. Esto impuso para los obreros, como alternativa de supervivencia, la entrada en la Guardia Nacional, lo que, en esas condiciones, era al mismo tiempo un empleo y la única forma de defensa de sus derechos e intereses.
Los servicios públicos, se encontraban en gran parte desorganizados por de la guerra. A esto se suma el hecho de que las diversas instituciones estatales estaban totalmente desarticuladas, pues una parte del funcionalismo se había transferido con el gobierno Thiers a Versalles y algunos de los que se quedaron pasaron a desarrollar distintos tipos de sabotajes en las comunicaciones, aprovisionamiento, ferrocarriles, etc., con el objetivo de impedir la normalización administrativa. La Aduana Municipal, las vías públicas, la iluminación, los mercados, la asistencia pública, los telégrafos, etc., necesitaban reorganizarse. Algunos administradores de distritos, incluso, habían quitado los timbres, los registros y las cajas de sus administraciones. La Intendencia militar fue abandonaba. No había fondos para garantizar los gastos de los seis mil (6.000) enfermos en los hospitales y de las ambulancias. Ni el servicio de los cementerios escapó a la saña devastadora de los partidarios de Thiers. (JVOSTOV y ZUBOK, 1986: 101)

1. EL PROLETARIADO ASUME O PODER

Tras las elecciones y la asunción del poder, el Consejo de la Comuna no consiguió poner en funcionamiento las instituciones político-administrativas heredadas del antiguo poder imperial; porque habían organizado de tal manera que reflejaban el poder del capital sobre el trabajo, que en lo fundamental, no se correspondía solamente con la organización de una fuerza pública con carácter administrativo, sino también con un mecanismo orientado para la manutención del despotismo de clase.
Estos hechos, demuestran para los communards, con claridad, la imposibilidad de apoderarse y de poner en funcionamiento el antiguo aparato estatal y la necesidad de nuevas instituciones político-organizativas, la necesidad de organizar un nuevo tipo de Estado.
1.1. DISOLUCIÓN DEL EJÉRCITO PROFESIONAL

La primera iniciativa del Consejo de la Comuna fue disolver el Ejército regular, sustento base del poder aristocrático-burgués, sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática, o sea, por el pueblo armado. La organización político-administrativa y su funcionamiento estaba bajo la responsabilidad del Consejo de la Comuna. El acceso a las posiciones de dirección y de comando, como ejemplo de todos los otros cargos y posiciones, se rellenaría a través de elecciones por voto universal y por mandato imperativo .
El Consejo de la Comuna, coordinado por una Comisión Ejecutiva, posee atribuciones ejecutivas y legislativas, pudiendo sancionar las leyes y asumir la responsabilidad de su aplicación. La implantación de las ordenanzas era una atribución de los miembros de la Comuna, dividida en comisiones confiadas de las diferentes actividades: Ejército; Justicia; Seguridad General; Superior de Contabilidad (financias); Aprovisionamiento; de la Instrucción Pública y de la Salud Pública; Trabajo y Comercio; Relaciones Exteriores; Servicios Públicos; que deben prestar cuentas al Consejo de la Comuna.(COSTA, 1998: 72-73).
La Magistratura se reconstruye a través de elecciones para los cargos en los tribunales civiles. Se organizan las Cortes de Justicia y se designan lo Jueces de Paz y de Instrucción. La asistencia jurídica se establece como gratuita para los casos considerados urgentes. La manutención del orden público es garantizada por la población en armas. Es establece el estado laico y la Iglesia, mientras que como institución, se desvincula del Estado, y se elimina las ayudas financieras a las órdenes religiosas. Varias iglesias y conventos se transforman en clubes populares.
La Comuna respeta la propiedad privada y confisca sólo las propiedades de aquellos que habían abandonado París. Las compañías confiscadas se ponen en funcionamiento con gran dificultad, gracias a obreros y técnicos. Diversas residencias pertenecientes a contrarrevolucionarios, que habían huido, las utilizan, provisionalmente, por las víctimas de los bombardeos. A todo aquel que había permanecido en la ciudad, se le garantiza el control de todas sus propiedades y se le concede una moratoria de sus deudas.

1.2. RESPETO A LA PROPIEDAD BURGUESA

El respeto a la propiedad lleva a los communards a reconocer el Banco francés como propiedad de la nación, y a mantenerlo intacto y con todo el capital y los valores existentes, manteniendo incluso en sus puestos a algunos miembros de la vieja dirección, que pasaron a utilizar su posición para dificultar e impedir el acceso de los revolucionarios al dinero perteneciente a la municipalidad. La Comuna no lo utilizó como instrumento de negociación para imponerse al gobierno Thiers. No confiscó ni un centavo del capital existente en el Banco, retirando después de las negociaciones, solamente la cantidad que pertenecía a la Municipalidad. El respeto a la propiedad privada se muestra de una manera sumamente clara en este episodio del Banco, lo que permite a sus directores, al mismo tiempo que negaban dinero a la Comuna, proporcionárselo, en grandes sumas, al gobierno que se concentraba en Versalles.
Los revolucionarios cometieron el serio error de no usar los valores existentes en el Banco. “lo de más difícil comprensión es, sin ninguna duda, el sagrado miedo con que esos hombres se detuvieron respetuosamente ante los sótanos del Banco de Francia. Fue eso, además de, un grave error político. En las manos de la Comuna, el Banco de Francia habría tenido mucha más importancia que diez mil rehenes. Habría significado la presión a toda la burguesía francesa sobre el gobierno de Versalles para que negociara la paz con la Comuna”. (ENGELS, 1977: 164). “Todos cometieron el mismo error. Durante dos meses, tuvieron en las manos los archivos de la burguesía desde el 89. El Tribunal de Facturas revelaba los misterios de las trampas oficiales; el Consejo de Estado, las deliberaciones confidenciales del despotismo; el Ministerio de la Justicia, los servilismos y los crímenes de los magistrados; el Hôtel de Ville, los expedientes de la Revolución francesa, de 1815, 1830, 1848 y 1851, todavía desconocidos; la Jefatura de Policía, los secretos más vergonzosos de todos los poderes sociales; todas las diplomacias temían la apertura de las pastas de los archivos del Ministerio de las Relaciones Exteriores. Se podría exponer a los ojos de las personas la historia íntima de la Revolución, del Directorio, del Primer Imperio, de la Monarquía de julio, de 1848, de Napoleón III. Bastaba tirar al viento todos los pedazos dejando el futuro hacer de pantalla. Sólo se publicaron dos o tres fascículos. Los delegados durmieron al lado de esos tesoros al menos sin sospechar de su existencia. (LISSAGARAY, 1991: 190)
En esto corto espacio de tiempo de su existencia, la Comuna consigue organizar y garantizar frágilmente debido al cerco y a guerra, una fuente de renta y empezar la ejecución de un programa de trabajos públicos, la construcción de carreteras y una compañía de Correo, garantizando, así, la comunicación con otras regiones. El aprovisionamiento fue garantizado a través de una zona neutra, desocupada por los prusianos y protegida por los fuertes que se encontraban bajo control de los revolucionarios.
Inmediatamente los puestos en el nuevo gobierno son llenados y se ocupan las posiciones del nivel dirigente, permitiendo, así, en un breve espacio de tiempo, hay una conquista de relativa eficacia, incluso en algunos casos y en los sectores en que la población manifestaba gran respeto a la administración anterior. La asistencia a la salud, organizada en la Municipalidad, se asegura en los puestos de socorro instalados por la Guardia Nacional. Aun así, el re-establecimiento pleno, de estos servicios, se ve dificultado por la inexperiencia, por la falta de una coordinación centralizada y por la persistencia de la desorganización, responsable de la debilidad en el aprovisionamiento de los batallones de la Guardia Nacional en el frente de batalla.
Los pequeños industriales tuvieron reconocidos su derecho de mantener el mando en sus propiedades y recibieron un tratamiento diferenciado en la administración de sus fábricas. Las alteraciones en las relaciones de trabajo sólo se efectuaban después de las negociaciones y los acuerdos entre el dueño y los empleados. Los patrones podían aplicar multas a sus empleados, poniendo "fin a más una de las escandalosas iniquidades del régimen capitalista, pues se trataban de multas inflingidas, muchas veces con el pretexto más fútil, en las que el propio patrón era al mismo tiempo juez y parte" (LISSAGARAY, 1991: 189). El trabajo nocturno en las panaderías fue suspendido y se establecieron normas de higiene. Los objetos pignorados fueron devueltos a sus dueños y se amplió el periodo de pago de los alquileres y sus precios pasaron a ser controlados.
El gobierno revolucionario fijó, como máximo, para el pago de todo miembro del gobierno el sueldo medio de un obrero, sin permitírsele la acumulación de posiciones y ocupaciones.
En la París rebelde, incluso en medio de las duras condiciones de supervivencia (hambre, desempleo, bombardeos sistemáticos, etc.), se implantó la libertad más amplia. Los diferentes segmentos de su población expresaban sus opiniones a través de carteles fijados libremente en periódicos y en los clubes políticos. Se estableció un clima de creatividad, felicidad, solidaridad y congratulaciones, en el que la perspectiva de conquista de una nueva sociedad creó la felicidad de vivir. Estas condiciones ampliamente democráticas permitieron no sólo la labor de construcción de relaciones solidarias, sino que permitió incluso la libre acción a los saboteadores y a la oposición burguesa y monárquica. Los periódicos monárquicos circulaban en París atacando la Comuna y diseminando la perfidia.
El ejercicio de las libertades democráticas fue asegurado indistintamente para todos, incluso para los prisioneros simpatizantes de Versalles. "Los rehenes más preciosos tenían toda la libertad de mandar venir desde fuera la alimentación, ropas, libros, periódicos, de recepción de las visitas de los amigos y de reporteros del extranjero" (LISSAGARAY, 1991: 183). La solidaridad y la idea de humanidad se superponen a las divergencias. Se decretó que toda detención debía estar precedida por una orden judicial y ser comunicada inmediatamente al Delegado de la Justicia. Los ultrajes serían castigados y las personas responsables, destituidas y sometidas a proceso judicial. Se asegura amplias libertades individuales y de defensa a los acusados y prisioneros.
La libertad de organización permitió la proliferación de diferentes organizaciones populares y sindicales, de secciones parisienses de la Internacional y de clubes revolucionarios. La representación corporativa de los trabajadores estaba a cargo de las Cámaras Sindicales. Las distintas concepciones del mundo, identificadas con el proletariado, se expresan libremente.
El sistema educativo de la Comuna se reestructura. Se establece la instrucción laica, obligatoria y libre. Los programas y la instrucción pasan a elaborarse a partir de las reuniones y de las decisiones de los maestros, asegurándose el carácter científico de las distintas disciplinas. Se crearon escuelas profesionales, donde, al lado de los maestros de disciplinas teóricas, los obreros asumieron la responsabilidad de la enseñanza práctica. Se elaboró un plan para la creación de guarderías y de un jardín-de-infancia. Fue creada la Asociación Republicana de las Escuelas, con el objetivo de estimular, en las universidades, el conocimiento científico y la formación política. En la cultura, surge la Federación de los Artistas; se reorganiza la Academia de Bellas Artes; y se crean escuelas comunes de arte. Los teatros y las bibliotecas se ponen bajo el mando de diferentes asociaciones populares.

1.3. AMPLIA LIBERTAD EN LA COMUNA DE PARÍS

Las libre acción contra los saboteadores, hizo posible cortar líneas de comunicación explotan fábricas, principalmente de armamentos y municiones. La dirección del Banco francés, con libertad de acción, proporciona sumas voluminosas a Thiers para financiar la Contra-Revolución. Sólo a mediados de abril de 1871 la Comuna decide no permitir la continuidad de las actividades de los contra-revolucionarios. Los periódicos monárquicos no pueden de circular en París, la vigilancia popular se establece y algunos de los saboteadores son arrestados.
Los communards, al no permitir la libre acción de la Contrarrevolución, reafirman la Comuna como “un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase propietaria, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo la emancipación económica del trabajo. (...) La dominación política de los productores es incompatible con la perpetuación de su esclavitud social. La Comuna debe servir como palanca para extirpar las fundaciones económicas en las que se apoya la existencia de las clases y, por consiguiente, la dominación de clase. Una vez emancipado el trabajo, todo hombre se convierte en obrero, y el trabajo productivo deja de ser un atributo de clase.” (MARX, 1977: 199-200).
La Comuna no consigue tratar de la cuestión campesino, sea por el papel político asumido por los campesinos en más de un siglo de la historia de Francia; sea por incomprensión política, o porque París se encontraba sitiada. Estos factores impidieron un contacto más íntimo con la Provincia. Las iniciativas, en este sentido, son muy tímidas; se limitan prácticamente a dos manifiestos, enviados a través de balones que afectaron a un público muy limitado.
En el interior, los ideales de la Comuna de París encuentran resonancia en pocas localidades; en algunas ciudades mayores, se organizan comunas propias, pero, por no ser posible el contacto entre ellas y el establecimiento de una organización que les proporciono la unificación, permanecen aisladas y frágiles. El esfuerzo de rebelión de la Provincia se limitó al envío de algunos delegado a las ciudades más grandes. A pesar de la valentía y el heroísmo de los rebeldes son, en algunos casos, violentamente atacados y derrotados por las tropas del gobierno burgués-monárquico de Thiers. “La Comuna no fue fruto de la conquista del consenso, de la construcción de una hegemonía político-cultural proletaria en sustitución de la estructura del poder y a los valores socio-culturales burgueses, que venían consolidándose desde el periodo del movimiento intelectual y cultural conocido como Iluminismo. Con la excepción del proletariado de París y de algunas otras ciudades industriales francesas que convivían con intensa movilización y experiencias revolucionarias, constituyendo organización política y valores socio-culturales alternativos a los burgueses, predominaba en medio de las masas populares, formadas por proletarios, campesinos, artesones y pequeño-burgueses, un descontento social situado en el universo de la defensa de la propiedad privada, del mercado y del individualismo burgués.” (BARBOSA, 1999: 5).
La Comisión de Relaciones Exteriores no consigue establecer contactos sólidos con el movimiento obrero europeo, y, por el carácter particular del proceso de deflagración de la Comuna de París, no se creó una red de apoyo que hiciese posible su propagación y la superación efectiva de su aislamiento.
Industriales y comerciantes crean el 4 de abril de 1871, la Unión Nacional de las Cámaras Sindicales con el objetivo de la manutención y la liberación de la República y el reconocimiento de las franquicias municipal de París. Poco después, se divulga un manifiesto, firmado por maestros universitarios, médicos, abogados, ingenieros y estudiantes, reivindicando la República, la Comuna y la Federación de las Comunas. En el mismo periodo, se divulga una carta dirigida a Thiers, exigiendo el fin de las hostilidades. Algunos franco-masones apelan de igual forma a la Comuna y al gobierno de Versalles. Algunos ex-administradores de distritos y adjuntos crean la Liga de Unión Republicana de los Derechos de París y exigen el reconocimiento de la República y el derecho de autogobierno."Otros grupos se formaron, todos de acuerdo a dos puntos: consolidación de la República y reconocimiento de los derechos de París. Casi todos los periódicos en favor de la Comuna reprodujeron este programa; los radicales lo aceptaban." (LISSAGARAY, 1999: 162-163).
Ante la superioridad del enemigo y de las grandes dificultades, estos esfuerzos político-organizativos y el gran heroísmo de los communards no fueron suficientes para prolongar la lucha revolucionaria por un largo tiempo ni desde el punto de vista político-militar, para obtener victorias significativas.

2. LA VIOLENCIA CONTRA-REVOLUCIONARIA

La reacción del gobierno de Thiers, con el apoyo no directo de las tropas de Bismarck, contra los revolucionarios communards fue de una gran violencia; tenía como objetivo eliminar, por un largo periodo, todo intento de oposición más radical. La violencia contra-revolucionaria demostró que, en defensa de la manutención del orden burgués y capitalista, estaban dispuestos a cometer las mayores atrocidades.
Los parisinos, desde el cerco prusiano en septiembre de 1870, ya venían viviendo en condiciones excepcionalmente terribles delante del riguroso invierno de 1870-1871, que les imponía frío y hambre y llevó a la muerte en 1870 a aproximadamente 12.000 personas y a 20.000 en enero de 1871. Hasta el momento en que el gobierno de Thiers no tomó la iniciativa de atacar militarmente a los parisinos el 18 de marzo, no hubo ninguna reacción armada, con contenido violento contra los intentos del gobierno espurio. La deflagración de la Comuna no fue una acción ofensiva, sino una reacción, que en aquellas circunstancias, se puede incluso considerarse como no violenta. Por lo tanto, la implantación de la Comuna y sus actitudes defensivas son una reacción al desarrollo de la contra-revolución y sus acciones armadas son una contra-violencia revolucionaria.
“Desde el primer momento de la Comuna revolucionaria, en marzo de 1871, sus opositores en Francia la consideraron una “nueva invasión de bárbaros” y temieron algunas de las ideas revolucionarias asociadas a ella. Les causaba una alarma especial la amenaza al derecho a la propiedad que planteaba el “fantasma del comunismo” que Marx mencionó por primera vez en 1848. De modo que estaban decididos a aplastarla de inmediato y de una forma que derrotase tan definitivamente las ideas que se eliminaran de la agenda política durante mucho tiempo. Es evidente que, con razón o sin ella, los gobiernos y las élites dirigentes de toda Europa consideraban a los communards como parte de un movimiento internacional obrero creciente y cada vez más peligroso que amenazaba su dominio y sus intereses. Esto ayuda a explicar por qué los prusianos estaban tan dispuestos a contribuir a la eliminación de la Comuna.” (TODD, 2000: 160)

2.1. THIERS Y LA PREPARACIÓN DE LA OFENSIVA MILITAR

Thiers, ante de la decisión de invadir, derrotar y eliminar los communards y encontrarse con un ejército desarticulado, inicia negociaciones con Bismarck para firmar el armisticio y liberar a los soldados franceses arrestados por los prusianos durante la guerra.
Al mismo tiempo desarrollaba una farsa delante de los representantes de algunas asociaciones que deseaban poner fin al conflicto. Para algunos primero es necesario realizar el desarme de la Comuna, ya que no se puede desmantelar la Asamblea Nacional recién-elegida y como consecuencia, el gobierno nombrado por ella; Otros, no aceptan hablar de armisticio o amnistía, pero admiten la posibilidad del perdón a aquellos que no sean considerados asesinos. En lo fundamental, Thiers estaba interesado en la sumisión y en la paz con el ejército enemigo, de ningún modo con los communards. Su intención primera era invadir y derrotar París, eliminando la perspectiva de un poder proletario. (COSTA, 1998: 82)
Thiers firma, el 10 de mayo de 1871, el Tratado de paz con Bismarck, “concedía” a Prusia las provincias de la Alsacia y de Lorena en Francia y cinco mil millones francos (5.000.000.000) en oro, en la calidad de "contribución de guerra"; en contrapartida, serían liberados los soldados franceses hechos prisioneros.
Bismarck, temeroso ante a la posibilidad de una victoria y la consolidación de la Comuna revolucionaria, libera a 60.000 (sesenta mil) soldados franceses que se encontraban prisioneros, que asociados a los miles de liberados anteriormente y con los que quedaban, permite la organización de un efectivo militar de 170.000 (ciento setenta) mil hombres. La tropa fue bien alimentada y vestida, aislada de cualquier contacto con el exterior y dentro de una rígida disciplina. "Sin embargo, no era un Ejército de ataque y los hombres se dispersaban antes de la resistencia más eficaz. A pesar de la arrogancia oficial, los generales estaban sólo realmente con la Artillería. Solamente el cañón podía ganar París." (LISSAGARAY, 1991: 173). Esto permitió la reorganización militar del gobierno de Thiers y la concentración en el ataque a París.
“París estaba sometido a un bombardeo incesante por las mismas personas que habían estigmatizado como un sacrilegio el bombardeo de la capital por los prusianos. Ahora, ellos mismos imploraban al gobierno prusiano que acelerara la devolución de los soldados franceses prisioneros en Sedán y Metz, para que reconquistasen París. A partir de principios de mayo, la llegada gradual de esas tropas dio una superioridad decisiva a las fuerzas de Versalles. Esto ya había sido evidenciado cuando, el 23 de abril, Thiers rompió las negociaciones, empezadas a propuesta de la Comuna, para cambiar el arzobispo de París y toda una serie de sacerdotes, arrestados en la capital como rehenes, por un solo hombre, Blanqui, electo por dos veces para la Comuna, pero prisionero en Clairvaux.” (ENGELS, 1977: 163).

2.2. EL ATAQUE DE LA CONTRARREVOLUCIÓN Y
LA SEMAINE SANGLANTE

El día 21 de mayo de 1871 comienza el ataque final sobre París. Un gran potencial bélico de destrucción formado por 170.000 (ciento setenta mil) hombres y artillería pesada con la autorización de Bismarck. Empezaba así, lo que se conoció como Semaine sanglant, cuando se luchó en violentas batallas, en las cuales cada palmo de calle y de barricadas se disputó en encarnizadas batallas. El proletariado, en la defensa del París revolucionario, construía una barricada después de otra y las defendía con gran heroísmo. La posesión por las tropas de la reacción de cada calle, de cada casa, de cada barricada sólo era posible después de una violenta lucha. En gran inferioridad numérica y militar, los rebeldes no-se rendían. Resistían valientemente en una batalla desigual y sucumbían a las balas enemigas.
Las tropas francesas de ocupación de París encontraron una resistencia más grande y un gran heroísmo en los barrios obreros, defendidos incluso, con la participación de gran número de mujeres y jóvenes, que defendían con la vida la posibilidad de construir un futuro mejor. Se considera que en las barricadas participaron aproximadamente diez mil (10.000) obreras, que empuñaban armas, alzaban barricadas y daban asistencia a los heridos. (JVOSTOV y ZUBOK, 1986: 26).
El día 27 de mayo de 1871, las tropas al servicio del gobierno de Thiers ocupan la barricada obrera de Belleville. Los aproximadamente 200 (doscientos) revolucionarios que aún luchaban, se escondían y resistían en el cementerio de Pére Lachaise, en desigual y violento combate en el que cada palmo de tierra, cada tumba se disputaba con gran valentía. Pero, cercados y en una lucha sumamente desigual, los revolucionarios fueron implacablemente aniquilados. Al finalizar el día, un pequeño grupo superviviente es sitiado y fusilado a los pies de la pared del cementerio. (COSTA, 1998: 86)
La última barricada obrera resistente fue la de la rue de Ramponneau. "Durante un cuarto de hora, un único federado la defiende. Tres veces quebró el palo de la bandera Versallesca izada en la rue de París. Como premio por su valor, este último soldado de la Comuna consigue escapar" (LISSAGARAY, 1991: 289). Esta última trinchera de la libertad cae en poder de las tropas de Thiers el día 28 de mayo de 1871. Pero la victoria de las tropas al servicio del gobierno burgués-monárquico sólo se consumará el día 29, cuando se disparan los últimos tiros; el Fuerte de Vincennes es ocupado; y, son fusilados 9 (nueve) oficiales revolucionarios.
“El orden reinaba en París. Por todas partes, ruinas, muertos, siniestras crepitaciones. Los oficiales ocupaban las calles, provocativos, haciendo holgazanear el sable; los suboficiales imitaban su arrogancia. Los soldados acamparon en todas las grandes calles; algunos, embrutecidos por la fatiga y por la carnicería, dormían en plena calle; otros preparaban la sopa cantando canciones de su región. La bandera tricolor colgada cobardemente de todos los balcones para alejar las persecuciones. Tirado por las ventanas o llevados por la noche por los habitantes en pánico, fusiles, espingardas y fardas se amontonaban en los arroyos de los barrios populares. A las puertas, las mujeres de obreros sentadas con la barbilla apoyada en las manos esperaban con una mirada fija a un hijo o a un marido que no regresaría.” (LISSAGARAY, 1991: 291)

2.3. LA MATANZA INDISCRIMINADA Y LA I
IMPOSICIÓN DEL TERROR

Las tropas gubernamentales consiguiendo la victoria militar, empiezan la más violenta represión a los revolucionarios e instauran el terror en París, no sólo contra los communards, sino contra toda la población.
El ejército se adueña del poder al servicio de la reacción y se transforma en pelotón de fusilamiento multitudinario. La simple sospecha y la delación de algún funcionario representa la condena a muerte. "Afloraban los más cobardes instintos; París descubrió lodazales de ignominia, desconocidos incluso bajo el Imperio. Los hombres de bien, señores de la situación, mandaban arrestar como comuneros a sus rivales y acreedores" (LISSAGARAY, 1991: 304). La furia ensandecida de las tropas de Thiers se transforma en palanca y justificación a las ejecuciones sumarias. París se transforma en un gran matadero: los hospitales eran invadidos, los soldados clavaban sus bayonetas en los heridos y los tiraban a las calles, que se quedaban cubiertas con cadáveres. Las mujeres obreras bajo sospecha y sus niños son fusilados. Varias personas mayor es asesinadas por el simple hecho de que recuerdan la Insurrección de 1848. Los prisioneros que escaparon de la matanza fueron llevados a Versalles en convoyes con miles de “niños de doce a dieciséis años, hombres de barbas blancas, soldados con el abrigo al contrario, hombres elegantes, hombres sólo con camisa, de todas las condiciones, las más delicadas y las más rudos, arrastradas por la misma catarata. Muchas mujeres, a algunas les pusieron grilletes; esta con su bebé, que estuvo sujeto al cuello de la madre con sus pequeñas manos asustadas; aquella, con el brazo roto o la camiseta manchada de sangre; una, agotada, se agarra al brazo más vigoroso de su vecino; otra, como una estatua, desafía el dolor y los insultos; siempre la misma mujer del pueblo que, después de haber llevado el pan a las trincheras y consuelo a los moribundo, sin más esperanza, "Cansada de dar a luz a infelices" se había apresurado al encuentro de la muerte libertadora”. (LISSAGARAY, 1991: 300-301)
No fue suficiente el suplicio de aquellos que se atrevieron a levantarse contra las iniquidades de aquella sociedad y contra la entrega de Francia a la reacción burguesa y monárquica, sino que se hizo práctica común que las "mujeres, no las mujeres de la vida, sino mujeres de la sociedad, insultasen a los prisioneros que pasaban, incluso les pegasen con sus sombrillas. Algunas, con las manos enjoyadas, cogían tierra para tirársela al rostro de los cautivos" (LISSAGARAY, 1991: 301).
Los líderes de la Insurrección son atados, arrastrados por las calles de la ciudad, golpeados, insultados . " Ni los republicanos de izquierdas, cuyo odio contra la Comuna era comprobado, se atrevieron a ir París por miedo a verse envueltos en la matanza" (LISSAGARAY, 1991: 294). Treinta mil (30.000) revolucionarios son rápidamente asesinados y más de cuarenta mil (40.000) llevados a prisión o deportados a Nueva Caledonia y otras colonias, condenados a trabajos forzados, donde un gran número vendría a encontrar la muerte, víctima de enfermedades y de duras condiciones de supervivencia (JVOSTOV y ZUBOK, 1986: 27).
“Durante la lucha militar, la Comuna pasó por las armas a menos de noventa personas (rehenes, espías, agentes provocativos, etc). Las tropas versallescas tuvieron durante las batallas de calle ochenta y tres (83) oficiales muertos y cuatrocientos treinta (430) heridos; setecientos noventa (790) soldados muertos y cinco mil novecientos noventa (5.990) heridos (MOURA, 1991: 42). “La violencia contrarrevolucionaria no está limitada de ninguna manera a las acciones directamente militares. La mayoría de los communards se eliminó de hecho después de la victoria de la Contra-Revolución. Es evidente que el objetivo de la guerra civil no es justo la conquista del poder político, sino el exterminio físico de la parte más activa del enemigo de la clase” (KOLPÍNISKI, 1984: 67).
“Esta “venganza de la gente respetable” horrorizó a muchas personas en todo el continente: el 29 de mayo, The Times incluía un comentario sobre “las leyes inhumanas de venganza bajo las cuales las tropas de Vérsales se habían dedicado a fusilar, a matar a bayonetazos o a despedazar a prisioneros, mujeres y niños durante los últimos seis días... Por lo que sabemos nunca ha sucedido nada semejante en la historia”. Si lo comparamos con las contrarrevoluciones de 1848-1849, es evidente que estas masacres llegaron a una escala que antes se consideraba inconcebible en los estados más civilizados de la Europa del siglo XIX.” (TODD, 2000: 161).
La victoria militar de la contra-revolución lleva a Thiers, historiador extraño a la dinámica de la lucha de clases, a afirmar, de forma arrogante y no-histórica, que: "¡El socialismo ha sido exterminado por un largo tiempo". ¡Gran equivocación!, pues, incluso derrotada militarmente, la Comuna de París sale victoriosa política y teóricamente, o desde el punto de vista histórico de clase. En la propia Francia, la firme defensa de un nuevo tipo de sociedad, teniendo la Republica Social como una de sus banderas de lucha y forma de gobierno, impide toda y cualquiera posibilidad de restablecimiento de una monarquía y crea las condiciones necesarias para la victoria definitiva de los defensores de la República, si no Social, por lo menos burguesa, y para confir