IDEOLOGÍA,
TENDENCIAS E
INTERNACIONALISMO PROLETARIO*
SILVIO COSTA**
En los últimos años, principalmente
después del desmoronamiento del
sistema soviético, se desarrolla, de
forma más o menos articulada, una
gran campaña para llevarnos a creer
que “no hay más espacios” para las
ideologías , no raramente asociada a
radicalismos “apasionados” y “totalitarios”,
hasta con un cierto “romanticismo”,
que lleva a la lucha por cambiar la
sociedad y construir una nueva (u
otra distinta).
Este posicionamiento, en su gran
mayoría se asocia a la negación de
la existencia de clases y de lucha
de clases en las sociedades
“tecnológicas” y de la “información”,
y en la negación de la persistencia
de la división política-partidista
entre derecha e izquierda.
Actualmente, la política es
solamente una actividad de “profesionales”,
sea de “parlamentarios” o de “académicos”;
a la gran mayoría no les interesa
una involucración más directa; no
les interesa la práctica militante,
y esto porque hay una convergencia y
hasta incluso una identidad
pragmática entre las distintas
posiciones político-programáticas.
Se argumenta que en la defensa de
los principios ideológicos y
políticos de izquierda y derecha,
permanecen solamente pequeños grupos
de “dogmáticos”, de “totalitarios”.
La diversidad político-ideológica
está destinada a desaparecer en un
pequeño espacio de tiempo, pues se
da una convergencia hacia el centro
político.
LAS IDEOLOGÍAS SON ACTUALES
Para echar un vistazo en cualquier
actividad humana y social percibimos,
sin gran esfuerzo, que estos
“conceptos” son mucho actuales: las
personas continúan, conscientes o
no, movidas por un conjunto de ideas,
sistematizadas o no, coherentes o no
e interesadas por la política, no
solamente en los periodos de
elecciones. Para una comprobación de
esta afirmación es suficiente con
observar el contenido de las
conversaciones en las calles, en las
noticias de la televisión y en los
periódicos; en el contenido de gran
número de películas y de novelas,
etc. Lo que se destaca, y asume
cierta virulencia, es el intento de
hacernos creer en el “fin de las
ideologías”. Al identificarnos con
este posicionamiento, permitimos que
la ideología dominante nos sea
presentada como la única expresión
de la realidad, o mejor, que una
determinada ideología, la liberal (o
su expresión neoliberal) sea
presentada como la única posible. Es
la tentativa mitificadora de la
imposición del pensamiento único.
En el caso de que esa afirmación
fuese verdadera, nos quedaría
preguntar: ¿Por qué los propietarios
de las empresas de comunicación (televisión,
prensa escrita, etc.), mantienen el
más estricto control y determinan
despóticamente lo que se debe o no
divulgar? ¿Por qué el control
económico y político de los medios
de comunicación, que no raramente
están asociados con la censura,
abierta o disfrazada, de sus
controladores? ¿Por qué aquellos que
se identifican y defienden el cambio
social, que no aceptan los límites
establecidos en el orden vigente, no
tienen acceso a los medios de
comunicación? ¿Por qué utilizar los
medios de comunicación para
reafirmar y propagar, con gran
parcialidad, una determinada
concepción del mundo?
Creemos, al contrario de la
ideología dominante, que las ideas,
las ideologías, continúan teniendo
un importante papel en la vida
cotidiana y en los procesos sociales,
principalmente, en los momentos de
crisis, donde es posible la
existencia de un cuerpo unificado de
ideas y “un lenguaje común” de
protesta. Por lo tanto, la búsqueda
del entendimiento del significado de
una o otra ideología, de las formas
de su manifestación, de los
instrumentos de su divulgación y
propagación, nos lleva a buscar un
conocimiento más amplio, que nos
permita comprender los múltiples
aspectos de la sociedad en que
vivimos.
La modernidad, principalmente a
partir de los siglos XVII y XVIII ,
produce la gran mayoría de las ideas
que aún están en vigor en el
pensamiento político de los días
actual. Son de este siglo la mayoría
de las ideas que originan las
ideologías y conceptos actuales:
crisis y revolución; liberalismo e
individualismo; democracia y
derechos políticos; igualdad
económico-social y socialismo;
nacionalismo y autodeterminación,
etc.
La ideas articuladas y coherentes
entre sí, la formulación de
ideologías y de proyectos de
sociedad, necesitan, para jugar
papel decisivo en los procesos de
cambio social, de un conjunto de
otros factores (económicos, sociales,
políticos), que conjugados, producen
las crisis estructurales, las crisis
revolucionarias. “Si bien las
revoluciones, sobre todo en sus
primeras etapas, suelen producirse
de manera repentina, es raro que
sean espontáneas por completo. Se
necesitan décadas de fermento
revolucionario y un lento desarrollo
de las ideas para generar el clima
moral y político en el que pueda ser
posible un derrocamiento
revolucionario del antiguo orden. De
modo que, detrás de una revolución,
subyacen muchos años de esfuerzos y
actividades revolucionarias.” (TODD,
2000: 56).
Así, para comprender los cambios
producidos en los últimos siglos, es
de fundamental importancia estudiar
las luchas de los distintos pueblos
y sociedades en defensa de sus
derechos, las ideologías que les
orientan y los caminos seguidos en
la búsqueda de una vida mejor para
la gran mayoría de la población.
Entre los hechos históricos
protagonizados por el proletariado,
la Comuna de París de 1871 asume un
destacado protagonismo. En líneas
generales, podemos decir que fue el
primer y gran enfrentamiento de
clases el que colocó de un lado, la
burguesía y la aristocracia,
conservadores y reaccionarios, y de
otro, el proletariado y los sectores
populares, que intentaban conquistar
la República social, que había
llevado a sus antepasados a la lucha
en defensa de la Libertad, igualdad
y fraternidad (COSTA, 1998: 14-15).
IDEOLOGÍAS EN LA COMUNA DE PARÍS
Los trabajadores que venían
participando de forma destacada en
el proceso de la revolución burguesa
en Francia, al percibir que los
derechos sociales por los cuales
luchaban, se reducían a banderas
formales y de simple propaganda, se
vuelven, cada día en mayor número,
adeptos de una o otra entre las
diversas ideologías con contenido
social, y buscan formar
organizaciones que defiendan sus
intereses inmediatos y futuros. La
Comuna de París de 1871 es el primer
momento en que esas ideologías se
manifiestan en la práctica y con
nitidez, de forma más organizada, su
contenido revolucionario y su
identidad de clases.
“Predominaba en el movimiento
socialista francés, en el periodo
anterior a la Comuna y a su época,
principalmente las influencias
blanquista, proudhonista y
anarquista, que tenían la concepción
revolucionaria del asalto al poder:
se creía que un grupo pequeño,
extremamente organizado e incansable,
podría asumir el poder y conservarlo.
Esta concepción, sumada a la no
existencia de partido(s) proletario(s)
de carácter nacional, privó al mundo
del trabajo en la sociedad francesa
de un trabajo político-cultural de
elevado alcance y de una unidad de
acción. Los llamamientos de los
Communards al levantamiento general
de las clases populares de Francia
contra el gobierno Thiers y en
auxilio a París, aun tiendo a la
vista la construcción de un nuevo
orden social, incluso esbozadas, no
fueran atendidos.” (BARBOSA, 1999:
5)
Hasta finales del siglo XIX, no se
puede hablar de la existencia de
partido(s) político(s) nacional(es)
e ideológico(s), representante de
intereses de clases o fracción de
clases, con programas políticos y
con unidad y disciplina propias, tal
como los conocemos en los días
actuales. Por lo tanto, hablar de
partidos políticos, a imagen de los
partidos institucionales “modernos”,
puede llevarnos a error; por lo
tanto, creemos que es mas correcta
la utilización del término
tendencias políticas, porque en este
momento, se tratar de agrupamientos,
“partidos”, más flexibles
ideológicamente y con menor nivel de
disciplina que los actuales
partidos.
La practica política en los siglos
XVIII y XIX se desarrollaba a través
de clubes políticos, identificados
con una o otra ideología y líder.
Así fue durante todo el proceso
revolucionario francés después de
1788-1789 hasta el final del siglo
XIX. En el periodo inmediato, que
antecede y durante el desarrollo a
la Comuna, los activistas
revolucionarios organizan diversos
clubes políticos, identificados con
una o otra ideología, como por
ejemplo el Club Comunal, y forman la
Federación Republicana y eligen un
Comité Central de 60 miembros para
dirigir la Guardia Nacional Parisina,
donde se encontraban representadas
todas las tendencias identificadas
con el cambio social: jacobinos,
blanquistas, proudhonianos,
anarquistas y marxistas. La
diversidad ideología en el Consejo
de la Comuna no se limita a las
concepciones revolucionarias, pues
incluso entre los 92 miembros
elegidos el 26 de marzo para dirigir
de la Comuna, 21 no eran
revolucionarios, sino que
representaban los barrios burgueses,
si bien con la radicalización de la
lucha, abandonan su puestos.
Desde el punto de vista del origen
social de los líderes de la Comuna,
una vinculación directa entre clases
e ideología; entre origen de clase y
defensa de los intereses de clase;
entre partido de clase y pertenencia
al partido de la clase de la que se
origina, pues “más o menos dos
tercios de los miembros de la Comuna
pertenecían a la clase media, cerca
de un tercio eran obreros manuales,
y la insurrección communard fue, en
gran medida, un fenómeno de clase
obrera. Unas tres cuartas partes de
las personas arrestadas después de
la represión fueron artesanos y
obreros manuales, muchos de los
cuales actuaron como suboficiales y
oficiales en la Guardia Nacional
Parisina. Esto fue lo que indujo a
Thiers y su gobierno, con razón o
sin ella, a considerar la Comuna
como el comienzo de una revolución
social proletaria de influencia
marxista.” (TODD, 2000: 66-67).
Se debe destacar que la
identificación de la Comuna fue una
iniciativa de la I Internacional ,
dirigida por adeptos del marxismo,
es un error que puede ser atribuido
mucho más a los temores que infundió
en la burguesía y en la
aristocracia, francesas y europeas,
que utilizaran este acontecimiento
como un arma en el combate contra la
“amenaza roja”, el socialismo y la I
Internacional. Sin duda, es también,
un error afirmar que la Comuna de
París de 1871 se inspiró a priori,
en las ideologías del socialismo de
finales del siglo XIX,
principalmente en las de Marx, pese
al hecho de que sus acciones
poseyeran un fuerte contenido
igualitario y cooperativo.
EL SOCIALISMO COMO IDEOLOGÍA DE
COMUNA DE PARÍS
En relación con las identidades
ideológicas, no había solamente una
corriente o tendencia ideológica que
contribuyera a la implantación de la
Comuna. Incluso, la más fuerte, y
mayoritaria, en las elecciones de
marzo fue el Republicanismo de
herencia jacobina; aunque se tratara
de una variedad de izquierda, más
radical y populista, no puede ser
identificada como una tendencia
socialista, pudiéndose identificar
más con una diversificación del
jacobinismo de 1792-1794.
La concepción de contenido
expresamente socialista y
revolucionaria, que se articulan en
tendencias delineadas, y que se
manifestaran en la Comuna, son
básicamente tres: blanquismo,
marxismo y anarquismo.
Los seguidores de Blanqui ejercen
una significativa influencia en la
Comuna y defienden la implantación
de una dictadura revolucionaria del
proletariado, a través de un coup
d´etat, que permitiría a un pequeño
grupo de conspiradores
revolucionarios llegar al poder.
Según Engels, los blanquistas, en su
conjunto, eran socialistas sólo por
instinto revolucionario y proletario;
solamente un reducido número de
entre ellos alcanzó una mayor
clareza de principios, pues fueron
educados en la escuela de la
conspiración y cohesionados por una
rígida disciplina. Los blanquistas
partían de la idea de que un grupo
relativamente reducido de hombres
decididos y bien organizados estaría
en condiciones no sólo de apoderarse
de la dirección del Estado en un
momento propicio, sino también, de
desarrollar una acción enérgica e
incansable y capaces de mantenerse
hasta conseguir arrastrar a las
masas a la revolución y congregarla
alrededor de un pequeño grupo
dirigente.
Otra tendencia socialista,
denominada por Marx comunista,
estaba formada por una parcela de
los partidarios de la I
Internacional, identificados con las
ideas de Marx y Engels y llamados
marxistas. Esta corriente era
minoritaria y su participación en la
Comuna se conoció mucho más por la
actuación destacada de sus miembros
y por los ataques que sufriría
posteriormente la Internacional.
“Otra influencia ideológica y
minoritaria en la Comuna fue el
anarquismo, que se basaba sobre todo
en las ideas de Pierre Joseph
Proudhon y, especialmente, Mijail
Bakunin . Estas ideas también se
desarrollaron después de 1848, sobre
todo, durante la década de 1860, e
implicaban el odio hacia cualquier
sistema de gobierno y la creencia de
que era necesaria la destrucción del
antiguo para poder construir uno
nuevo. Aunque esta corriente
política fue lo bastante fuerte para
contribuir a la escisión y
desmoronamiento final de la Primera
Internacional en 1872 y se propagara
a muchos países, sobre todo España,
en los siglos XIX y XX, se trató, en
gran parte, de una influencia
minoritaria en la Comuna de 1871” (TODD,
2000: 67).
Sin embargo, lo que permite
identificar la Comuna de París de
1871 como la Primera revolución
socialista o la última del ciclo de
revoluciones burguesas en Francia,
no es sólo el predominio, de entre
sus miembros, de las ideas con
contenido social, de ideologías
socialistas, y su organización en
“partidos” socialista, sino el
conjunto de aspectos que la
envuelven, en especial, las
iniciativas de organización
político-administrativa, que incluso
con mayor o menor conciencia,
presentan contenidos socialistas, es
decir, su carácter socialista fue
establecido mucho más por la
búsqueda de soluciones a problemas
prácticos e inmediatos que por
tratarse de una insurrección
orientada a priori y de forma
consciente por esa ideología.
2. EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO*
Este año se conmemoran los 130 años
de la Comuna de París de 1871,
acontecimiento que sitúa desde el
punto de vista práctico y por
primera vez en la historia, el lema
¡Proletarios del mundo, unios!,
contenido en la portada del
Manifiesto del Partido Comunista,
publicado en 1848, por Marx y Engels.
Consideramos que es oportuno
rememorar en líneas generales la
noción del internacionalismo
proletario y su manifestación en la
Comuna.
Las revoluciones burguesas,
principalmente después de 1789, en
contra del orden monárquico traen
también consigo, el eslogan
universalista de libertad, igualdad
y fraternidad (principios formales
elaborado por los pensadores
contractualitas y el iluminismo) y
de que todos los hombres tienen el
derecho de resistir contra los
regímenes opresores, lo que
contribuye a legitimar las
insurrecciones y las revoluciones
contra los regímenes monárquicos,
basados en privilegios y
discriminaciones. Así, las
transformaciones en un determinado
país repercutían inmediatamente en
otros, por la reacción de las
fuerzas de conservación del orden,
que intentaban mantener sus
privilegios de clase; o por la
necesidad que tenían los regímenes
burgueses nacientes de defenderse.
Esto hace que los cambios en un país
tengan impactos decisivos más allá
de las fronteras geográficas y de la
repartición política y territorial
entre las monarquías.
“Resulta especialmente
significativo, en lo que respecta a
los aspectos internacionales de las
revoluciones posteriores a 1789, que
la Revolución Francesa se
convirtiera en algo más que una
simple revuelta contra problemas
específicamente franceses: las
demandas y los eslóganes de los
revolucionarios de Francia, como
libertad, fraternidad e igualdad, se
podían aplicar de manera obvia a
cualquier país y siglo. De hecho,
algunos conceptos e ideologías que
surgieron de la Francia
revolucionaria, como democracia y
socialismo, se desarrollaron de
manera específica como movimientos
conscientes internacionales por
parte de intelectuales
revolucionarios como Karl Marx.
También conviene señalar que los
avances tecnológicos en impresión y
comunicaciones hicieron posible que
las ideas se propagaran con rapidez,
no sólo dentro de un país
determinado, sino también más allá
de sus fronteras(...) Cada vez les
resultaba más evidente a los
revolucionarios y conservadores que
la revolución, del mismo modo que el
desarrollo económico, se estaba
convirtiendo a toda velocidad en un
fenómeno interrelacionado a escala
global.” (TODD, 2000: 112).
LA IDEA DE NACIÓN Y EL
INTERNACIONALISMO BURGUÉS
La concepción burguesa que presupone
un contenido general de libertad en
abstracto, de igualdad en abstracto,
de fraternidad en abstracto, o sea,
de derechos universales abstractos y
de hombre abstracto, necesita y
construye conjuntamente la idea
abstracta de pueblo, como
habitantes, independientemente de su
origen étnico y clases sociales, de
un determinado espacio geográfico y
político, denominado Nación.
La ideología burguesa, al elaborar
ideas de igualdad y de derechos
universales en abstracto, intenta
eliminar las contradicciones y las
desigualdades reales entre las
clases sociales y uniformizar la
sociedad. Así, en el esfuerzo de
neutralizar la acción colectiva del
proletariado e impedir su identidad
de clase, presenta el Pueblo-Nación:
todos aquellos que habitan el mismo
espacio político y geográfico,
poseen las mismas "tradiciones" e
“historia”, hablan el mismo idioma,
tienen el mismo color de la piel,
etc., como identidad colectiva.
Pero, la destrucción de la hegemonía
de la nobleza, las transformaciones
políticas, el desarrollo de las
fuerzas productivas y "la
internacionalización de la
producción capitalista hacen (...)
con que la burguesía se vuelva una
burguesía internacional y el
proletariado un proletariado
internacional. Hay, por lo tanto,
una burguesía y un proletariado
europeos [y mundial] por
consiguiente, no distintos." (PALACIOS,
1995: 27)
En realidad, el Pueblo-Nación, la
nacionalidad, al transformar los
desiguales en jurídicamente iguales,
intenta crear identidad de intereses
entre obrero y capitalista y, negar
el antagonismo engendrado en el
nivel de las relaciones de
producción, que se manifiesta por
toda la sociedad, eliminando la
división de la sociedad en clases
sociales antagónicas en lucha
irreconciliable, y la contradicción
esencial entre capital y trabajo
(COSTA, 1998: 135).
“Al implantar la colectividad
nacional, el Estado burgués define a
todos los agentes de la producción,
productores directos o propietarios,
como iguales: tal igualdad consiste
en su condición común de habitantes
de un mismo territorio. (...) Así,
la unificación aparente o formal de
los agentes de la producción en el
Pueblo-Nación transforma a los
productores directos en individuos:
neutraliza su tendencia al
aislamiento. Esta individualización
es un obstáculo para la lucha de los
productores directos contra los
propietarios de los medios de
producción que les arrancan el
trabajo excedente; así esta medida,
hace posible la renovación continua
de ese proceso de extorsión. (...)
el Estado burgués, al representar la
unidad (...) de los miembros de las
clases sociales antagónicas en él
Pueblo-Nación lleva a cabo la
función de neutralizar la tendencia
a la formación de comités de la
fábrica, sindicatos obreros,
partidos revolucionarios; es decir,
de atomizar a los productores
directos, conservándolos en un
estado de masa (individualismo,
competición en el mercado de trabajo)
e impidiendo su constitución como
clase social. (PALACIOS, 1995: 26)
La Comuna de París de 1871
desmitifica el discurso burgués del
Estado-Nación, del nacionalismo
burgués y revela el carácter
internacional de la aristocracia y
de la burguesía y, consecuentemente,
de las clases y de la lucha de
clases.
Las clases propietarias no oponen
una resistencia significativa a la
ocupación de Francia y de París por
las tropas prusianas enemigas, pero,
debido la rebeldía del proletariado,
agilizan las negociaciones con los
monárquicos prusianos.
Thiers expuso con claridad a los
componentes de su gobierno y de la
Asamblea Nacional que era necesario
aprobar las condiciones de la paz
inmediatamente, sin concederles por
lo menos los honores de un debate
parlamentario, única circunstancia
bajo la que Prusia permitiría
empezar la guerra contra la
República y contra París, su
baluarte. En realidad, Thiers afirma
que la Contra-Revolución francesa y
europea, en alianza contra el
proletariado, no tenía tiempo que
perder.
Las clases propietarias se someten
al yugo prusiano y, con la garantía
de la no-intervención e, incluso, de
apoyo del Ejército enemigo,
organizan y concentran su violencia
y poder de destrucción contra sus "ciudadanos",
contra la Comuna.
“El hecho inédito es que, en la más
tremenda guerra de los tiempos
modernos, el ejército del vencedor y
el ejército de los vencidos se
fraternizan en la matanza común del
proletariado que no representa, como
piensa Bismarck, la destrucción
definitiva de la nueva sociedad que
avanza, sino el derrumbamiento
completo de la sociedad burguesa. La
empresa más heroica de la que
todavía es capaz la vieja sociedad
es la guerra nacional. Queda probado
ahora que es una pura mistificación
de los gobiernos, destinada a
retardar la lucha de clases, de la
cual se prescinde después de que esa
lucha de clases explote bajo la
forma de guerra civil. La dominación
de clase ya no puede ocultarse bajo
el uniforme nacional; ¡todos los
gobiernos nacionales son uno solo
contra el proletariado!. (MARX,
1977: 215).
EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO
Explicitando las contradicciones
entre el discurso ideológico
mistificador y la práctica agresiva
e imperialista en que se afirma el
nacionalismo burgués, Marx y Engels,
en contraposición, revelan ya en
1848, en el Manifiesto del Partido
Comunista, el contenido
internacional de las relaciones
capitalistas-burguesas y de las
clases sociales, exteriorizan el
carácter nacional e internacional,
solamente en cuanto forma de
manifestación de la dominación y
explotación de clase y,
consecuentemente, el carácter
internacional de las clases y de la
lucha de la clase obrera, o sea, el
internacionalismo proletario. Este
carácter internacional es expuesto
en la portada del Manifiesto: ¡Proletarios
de todo el mundo, unios!
En este sentido, la Comuna de París
de 1871 es la primera experiencia y
manifestación del contenido
internacional de las clases, de la
dominación de clase y de la lucha
entre las clases, pues revela con
gran nitidez, contundencia y
violencia la alianza y unión de las
aristocracia y burguesía francesas y
prusianas contra el proletariado de
París.
La Comuna de París, al posicionarse
como contraria a la sumisión de
Francia y a la entrega de París a la
dominación de prusiana, no lo hace
movida solamente por el sentimiento
nacional (forma en que se muestra
concretamente la lucha de clases),
sino, por una serie de razones que
en ese momento, colocaban con gran
evidencia que la lucha de clases no
se limita a las fronteras nacionales,
a sólo un país: es internacional,
como quedó demostrado claramente en
las posiciones asumidas por el
proletariado de París y por las
clases propietarias francesas en
alianza con las tropas prusianas de
ocupación.
Así, la lucha del proletariado
parisino contra las aristocracia y
las burguesía francesas y prusianas
asume un contenido internacional y
revela que los problemas de las
clases dominadas y explotadas no se
limitan a las fronteras políticas y
geográficas. Y así, recibe
solidaridad de la clase obrera de
distintos países que comprenden que
la explotación de que uno es objeto
es la misma de las clases explotadas
de otras naciones, y que son parte
de esa sociedad civil más amplia que
es la sociedad mundial. Por eso, los
conflictos locales y nacionales son
solamente manifestaciones concretas
de la lucha de clases que tienden a
desaparecer con la
internacionalización de las
relaciones sociales, y así, se
convierten en conflictos más allá de
los límites nacionales. Los
problemas y la lucha del
proletariado francés no se limitan a
sus fronteras geográficas, sino que
son los mismos que los del
proletariado alemán, del
proletariado inglés, del
proletariado español, y así
sucesivamente.
En este sentido, el proletariado
obtiene el apoyo y la solidaridad
del movimiento obrero y socialista
de varios países, sobre todo de la
Asociación Internacional de los
Obreros, la Internacional, e
incorpora a innumerables socialistas
extranjeros a sus hileras,
convencidos de los principios del
internacionalismo proletario, y
escoge a varios extranjeros para las
posiciones de la dirección en la
Comuna, que además, murió en las
barricadas en defensa de la
república universal, porque "la
bandera de la Comuna es la bandera
de la República mundial". (MARX,
1977: 162)
“No obstante, a lo largo de su corta
existencia de 72 días, la Comuna de
París halló muchos partidarios por
toda Europa, pertenecientes sobre
todo a la clase trabajadora
corriente, a menudo miembros de
sindicatos y una minoría
significativa de partidarios de la
Primera Internacional de Marx.
Mandaron mensajes de apoyo y
organizaron, cuando fue posible,
reuniones públicas de solidaridad.
La mayor de esas manifestaciones se
realizó en el Hyde Park de Londres
el 16 de abril de 1871, con 30.000
participantes. Además, a pesar de la
derrota de la Comuna al mes
siguiente, los Communards legaron al
movimiento internacional obrero dos
símbolos perdurables: la bandera
roja del socialismo y la famosa
canción del comunismo, la
“Internacional”, escrita por el
Communard Eugène Pottier” (TODD,
2000: 119).
La Comuna de París de 1871 al
facilitar a los proletarios de París
y al proletariado mundial la idea de
que no solo es posible, sino un
deber imperioso y un derecho luchar
por la concretización de los
principios de libertad, igualdad y
fraternidad internacional, sin
limitarse simplemente a apoderarse
de la máquina del Estado (nacional)
tal como se presenta y servirse de
él, sino que deben tomar el poder
político y construir un nuevo tipo
de Estado que puedan utilizar para
sus propios fines, para volverse
dueños de su propio destino.
Madrid, invierno/2001.
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(*) . Autorizada la reproducción (impresión
y publicación) integral o de
cualquier ensayo. En caso de
publicación, se solicita la
gentileza de comunicárselo al autor
y de enviarle copia. Contactos por
E-mail: silviocostabrasil@hotmail.com
(**) . Profesor de Sociología y
Ciencias Políticas en la Universidad
Católica de Goiás (Brasil).
Doctorando en la Universidad
Complutense de Madrid. Es autor de
Tendências e Centrais Sindicais: o