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Brasil, domingo, 12 de outubro de 2008
febrero 16, 2004
IDEOLOGÍA, TENDENCIAS E
INTERNACIONALISMO PROLETARIO*

SILVIO COSTA**

En los últimos años, principalmente después del desmoronamiento del sistema soviético, se desarrolla, de forma más o menos articulada, una gran campaña para llevarnos a creer que “no hay más espacios” para las ideologías , no raramente asociada a radicalismos “apasionados” y “totalitarios”, hasta con un cierto “romanticismo”, que lleva a la lucha por cambiar la sociedad y construir una nueva (u otra distinta).
Este posicionamiento, en su gran mayoría se asocia a la negación de la existencia de clases y de lucha de clases en las sociedades “tecnológicas” y de la “información”, y en la negación de la persistencia de la división política-partidista entre derecha e izquierda. Actualmente, la política es solamente una actividad de “profesionales”, sea de “parlamentarios” o de “académicos”; a la gran mayoría no les interesa una involucración más directa; no les interesa la práctica militante, y esto porque hay una convergencia y hasta incluso una identidad pragmática entre las distintas posiciones político-programáticas. Se argumenta que en la defensa de los principios ideológicos y políticos de izquierda y derecha, permanecen solamente pequeños grupos de “dogmáticos”, de “totalitarios”. La diversidad político-ideológica está destinada a desaparecer en un pequeño espacio de tiempo, pues se da una convergencia hacia el centro político.

LAS IDEOLOGÍAS SON ACTUALES

Para echar un vistazo en cualquier actividad humana y social percibimos, sin gran esfuerzo, que estos “conceptos” son mucho actuales: las personas continúan, conscientes o no, movidas por un conjunto de ideas, sistematizadas o no, coherentes o no e interesadas por la política, no solamente en los periodos de elecciones. Para una comprobación de esta afirmación es suficiente con observar el contenido de las conversaciones en las calles, en las noticias de la televisión y en los periódicos; en el contenido de gran número de películas y de novelas, etc. Lo que se destaca, y asume cierta virulencia, es el intento de hacernos creer en el “fin de las ideologías”. Al identificarnos con este posicionamiento, permitimos que la ideología dominante nos sea presentada como la única expresión de la realidad, o mejor, que una determinada ideología, la liberal (o su expresión neoliberal) sea presentada como la única posible. Es la tentativa mitificadora de la imposición del pensamiento único.
En el caso de que esa afirmación fuese verdadera, nos quedaría preguntar: ¿Por qué los propietarios de las empresas de comunicación (televisión, prensa escrita, etc.), mantienen el más estricto control y determinan despóticamente lo que se debe o no divulgar? ¿Por qué el control económico y político de los medios de comunicación, que no raramente están asociados con la censura, abierta o disfrazada, de sus controladores? ¿Por qué aquellos que se identifican y defienden el cambio social, que no aceptan los límites establecidos en el orden vigente, no tienen acceso a los medios de comunicación? ¿Por qué utilizar los medios de comunicación para reafirmar y propagar, con gran parcialidad, una determinada concepción del mundo?
Creemos, al contrario de la ideología dominante, que las ideas, las ideologías, continúan teniendo un importante papel en la vida cotidiana y en los procesos sociales, principalmente, en los momentos de crisis, donde es posible la existencia de un cuerpo unificado de ideas y “un lenguaje común” de protesta. Por lo tanto, la búsqueda del entendimiento del significado de una o otra ideología, de las formas de su manifestación, de los instrumentos de su divulgación y propagación, nos lleva a buscar un conocimiento más amplio, que nos permita comprender los múltiples aspectos de la sociedad en que vivimos.
La modernidad, principalmente a partir de los siglos XVII y XVIII , produce la gran mayoría de las ideas que aún están en vigor en el pensamiento político de los días actual. Son de este siglo la mayoría de las ideas que originan las ideologías y conceptos actuales: crisis y revolución; liberalismo e individualismo; democracia y derechos políticos; igualdad económico-social y socialismo; nacionalismo y autodeterminación, etc.
La ideas articuladas y coherentes entre sí, la formulación de ideologías y de proyectos de sociedad, necesitan, para jugar papel decisivo en los procesos de cambio social, de un conjunto de otros factores (económicos, sociales, políticos), que conjugados, producen las crisis estructurales, las crisis revolucionarias. “Si bien las revoluciones, sobre todo en sus primeras etapas, suelen producirse de manera repentina, es raro que sean espontáneas por completo. Se necesitan décadas de fermento revolucionario y un lento desarrollo de las ideas para generar el clima moral y político en el que pueda ser posible un derrocamiento revolucionario del antiguo orden. De modo que, detrás de una revolución, subyacen muchos años de esfuerzos y actividades revolucionarias.” (TODD, 2000: 56).
Así, para comprender los cambios producidos en los últimos siglos, es de fundamental importancia estudiar las luchas de los distintos pueblos y sociedades en defensa de sus derechos, las ideologías que les orientan y los caminos seguidos en la búsqueda de una vida mejor para la gran mayoría de la población. Entre los hechos históricos protagonizados por el proletariado, la Comuna de París de 1871 asume un destacado protagonismo. En líneas generales, podemos decir que fue el primer y gran enfrentamiento de clases el que colocó de un lado, la burguesía y la aristocracia, conservadores y reaccionarios, y de otro, el proletariado y los sectores populares, que intentaban conquistar la República social, que había llevado a sus antepasados a la lucha en defensa de la Libertad, igualdad y fraternidad (COSTA, 1998: 14-15).

IDEOLOGÍAS EN LA COMUNA DE PARÍS

Los trabajadores que venían participando de forma destacada en el proceso de la revolución burguesa en Francia, al percibir que los derechos sociales por los cuales luchaban, se reducían a banderas formales y de simple propaganda, se vuelven, cada día en mayor número, adeptos de una o otra entre las diversas ideologías con contenido social, y buscan formar organizaciones que defiendan sus intereses inmediatos y futuros. La Comuna de París de 1871 es el primer momento en que esas ideologías se manifiestan en la práctica y con nitidez, de forma más organizada, su contenido revolucionario y su identidad de clases.
“Predominaba en el movimiento socialista francés, en el periodo anterior a la Comuna y a su época, principalmente las influencias blanquista, proudhonista y anarquista, que tenían la concepción revolucionaria del asalto al poder: se creía que un grupo pequeño, extremamente organizado e incansable, podría asumir el poder y conservarlo. Esta concepción, sumada a la no existencia de partido(s) proletario(s) de carácter nacional, privó al mundo del trabajo en la sociedad francesa de un trabajo político-cultural de elevado alcance y de una unidad de acción. Los llamamientos de los Communards al levantamiento general de las clases populares de Francia contra el gobierno Thiers y en auxilio a París, aun tiendo a la vista la construcción de un nuevo orden social, incluso esbozadas, no fueran atendidos.” (BARBOSA, 1999: 5)
Hasta finales del siglo XIX, no se puede hablar de la existencia de partido(s) político(s) nacional(es) e ideológico(s), representante de intereses de clases o fracción de clases, con programas políticos y con unidad y disciplina propias, tal como los conocemos en los días actuales. Por lo tanto, hablar de partidos políticos, a imagen de los partidos institucionales “modernos”, puede llevarnos a error; por lo tanto, creemos que es mas correcta la utilización del término tendencias políticas, porque en este momento, se tratar de agrupamientos, “partidos”, más flexibles ideológicamente y con menor nivel de disciplina que los actuales partidos.
La practica política en los siglos XVIII y XIX se desarrollaba a través de clubes políticos, identificados con una o otra ideología y líder. Así fue durante todo el proceso revolucionario francés después de 1788-1789 hasta el final del siglo XIX. En el periodo inmediato, que antecede y durante el desarrollo a la Comuna, los activistas revolucionarios organizan diversos clubes políticos, identificados con una o otra ideología, como por ejemplo el Club Comunal, y forman la Federación Republicana y eligen un Comité Central de 60 miembros para dirigir la Guardia Nacional Parisina, donde se encontraban representadas todas las tendencias identificadas con el cambio social: jacobinos, blanquistas, proudhonianos, anarquistas y marxistas. La diversidad ideología en el Consejo de la Comuna no se limita a las concepciones revolucionarias, pues incluso entre los 92 miembros elegidos el 26 de marzo para dirigir de la Comuna, 21 no eran revolucionarios, sino que representaban los barrios burgueses, si bien con la radicalización de la lucha, abandonan su puestos.
Desde el punto de vista del origen social de los líderes de la Comuna, una vinculación directa entre clases e ideología; entre origen de clase y defensa de los intereses de clase; entre partido de clase y pertenencia al partido de la clase de la que se origina, pues “más o menos dos tercios de los miembros de la Comuna pertenecían a la clase media, cerca de un tercio eran obreros manuales, y la insurrección communard fue, en gran medida, un fenómeno de clase obrera. Unas tres cuartas partes de las personas arrestadas después de la represión fueron artesanos y obreros manuales, muchos de los cuales actuaron como suboficiales y oficiales en la Guardia Nacional Parisina. Esto fue lo que indujo a Thiers y su gobierno, con razón o sin ella, a considerar la Comuna como el comienzo de una revolución social proletaria de influencia marxista.” (TODD, 2000: 66-67).
Se debe destacar que la identificación de la Comuna fue una iniciativa de la I Internacional , dirigida por adeptos del marxismo, es un error que puede ser atribuido mucho más a los temores que infundió en la burguesía y en la aristocracia, francesas y europeas, que utilizaran este acontecimiento como un arma en el combate contra la “amenaza roja”, el socialismo y la I Internacional. Sin duda, es también, un error afirmar que la Comuna de París de 1871 se inspiró a priori, en las ideologías del socialismo de finales del siglo XIX, principalmente en las de Marx, pese al hecho de que sus acciones poseyeran un fuerte contenido igualitario y cooperativo.

EL SOCIALISMO COMO IDEOLOGÍA DE COMUNA DE PARÍS

En relación con las identidades ideológicas, no había solamente una corriente o tendencia ideológica que contribuyera a la implantación de la Comuna. Incluso, la más fuerte, y mayoritaria, en las elecciones de marzo fue el Republicanismo de herencia jacobina; aunque se tratara de una variedad de izquierda, más radical y populista, no puede ser identificada como una tendencia socialista, pudiéndose identificar más con una diversificación del jacobinismo de 1792-1794.
La concepción de contenido expresamente socialista y revolucionaria, que se articulan en tendencias delineadas, y que se manifestaran en la Comuna, son básicamente tres: blanquismo, marxismo y anarquismo.
Los seguidores de Blanqui ejercen una significativa influencia en la Comuna y defienden la implantación de una dictadura revolucionaria del proletariado, a través de un coup d´etat, que permitiría a un pequeño grupo de conspiradores revolucionarios llegar al poder. Según Engels, los blanquistas, en su conjunto, eran socialistas sólo por instinto revolucionario y proletario; solamente un reducido número de entre ellos alcanzó una mayor clareza de principios, pues fueron educados en la escuela de la conspiración y cohesionados por una rígida disciplina. Los blanquistas partían de la idea de que un grupo relativamente reducido de hombres decididos y bien organizados estaría en condiciones no sólo de apoderarse de la dirección del Estado en un momento propicio, sino también, de desarrollar una acción enérgica e incansable y capaces de mantenerse hasta conseguir arrastrar a las masas a la revolución y congregarla alrededor de un pequeño grupo dirigente.
Otra tendencia socialista, denominada por Marx comunista, estaba formada por una parcela de los partidarios de la I Internacional, identificados con las ideas de Marx y Engels y llamados marxistas. Esta corriente era minoritaria y su participación en la Comuna se conoció mucho más por la actuación destacada de sus miembros y por los ataques que sufriría posteriormente la Internacional.
“Otra influencia ideológica y minoritaria en la Comuna fue el anarquismo, que se basaba sobre todo en las ideas de Pierre Joseph Proudhon y, especialmente, Mijail Bakunin . Estas ideas también se desarrollaron después de 1848, sobre todo, durante la década de 1860, e implicaban el odio hacia cualquier sistema de gobierno y la creencia de que era necesaria la destrucción del antiguo para poder construir uno nuevo. Aunque esta corriente política fue lo bastante fuerte para contribuir a la escisión y desmoronamiento final de la Primera Internacional en 1872 y se propagara a muchos países, sobre todo España, en los siglos XIX y XX, se trató, en gran parte, de una influencia minoritaria en la Comuna de 1871” (TODD, 2000: 67).
Sin embargo, lo que permite identificar la Comuna de París de 1871 como la Primera revolución socialista o la última del ciclo de revoluciones burguesas en Francia, no es sólo el predominio, de entre sus miembros, de las ideas con contenido social, de ideologías socialistas, y su organización en “partidos” socialista, sino el conjunto de aspectos que la envuelven, en especial, las iniciativas de organización político-administrativa, que incluso con mayor o menor conciencia, presentan contenidos socialistas, es decir, su carácter socialista fue establecido mucho más por la búsqueda de soluciones a problemas prácticos e inmediatos que por tratarse de una insurrección orientada a priori y de forma consciente por esa ideología.

2. EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO*

Este año se conmemoran los 130 años de la Comuna de París de 1871, acontecimiento que sitúa desde el punto de vista práctico y por primera vez en la historia, el lema ¡Proletarios del mundo, unios!, contenido en la portada del Manifiesto del Partido Comunista, publicado en 1848, por Marx y Engels. Consideramos que es oportuno rememorar en líneas generales la noción del internacionalismo proletario y su manifestación en la Comuna.
Las revoluciones burguesas, principalmente después de 1789, en contra del orden monárquico traen también consigo, el eslogan universalista de libertad, igualdad y fraternidad (principios formales elaborado por los pensadores contractualitas y el iluminismo) y de que todos los hombres tienen el derecho de resistir contra los regímenes opresores, lo que contribuye a legitimar las insurrecciones y las revoluciones contra los regímenes monárquicos, basados en privilegios y discriminaciones. Así, las transformaciones en un determinado país repercutían inmediatamente en otros, por la reacción de las fuerzas de conservación del orden, que intentaban mantener sus privilegios de clase; o por la necesidad que tenían los regímenes burgueses nacientes de defenderse. Esto hace que los cambios en un país tengan impactos decisivos más allá de las fronteras geográficas y de la repartición política y territorial entre las monarquías.
“Resulta especialmente significativo, en lo que respecta a los aspectos internacionales de las revoluciones posteriores a 1789, que la Revolución Francesa se convirtiera en algo más que una simple revuelta contra problemas específicamente franceses: las demandas y los eslóganes de los revolucionarios de Francia, como libertad, fraternidad e igualdad, se podían aplicar de manera obvia a cualquier país y siglo. De hecho, algunos conceptos e ideologías que surgieron de la Francia revolucionaria, como democracia y socialismo, se desarrollaron de manera específica como movimientos conscientes internacionales por parte de intelectuales revolucionarios como Karl Marx. También conviene señalar que los avances tecnológicos en impresión y comunicaciones hicieron posible que las ideas se propagaran con rapidez, no sólo dentro de un país determinado, sino también más allá de sus fronteras(...) Cada vez les resultaba más evidente a los revolucionarios y conservadores que la revolución, del mismo modo que el desarrollo económico, se estaba convirtiendo a toda velocidad en un fenómeno interrelacionado a escala global.” (TODD, 2000: 112).

LA IDEA DE NACIÓN Y EL INTERNACIONALISMO BURGUÉS

La concepción burguesa que presupone un contenido general de libertad en abstracto, de igualdad en abstracto, de fraternidad en abstracto, o sea, de derechos universales abstractos y de hombre abstracto, necesita y construye conjuntamente la idea abstracta de pueblo, como habitantes, independientemente de su origen étnico y clases sociales, de un determinado espacio geográfico y político, denominado Nación.
La ideología burguesa, al elaborar ideas de igualdad y de derechos universales en abstracto, intenta eliminar las contradicciones y las desigualdades reales entre las clases sociales y uniformizar la sociedad. Así, en el esfuerzo de neutralizar la acción colectiva del proletariado e impedir su identidad de clase, presenta el Pueblo-Nación: todos aquellos que habitan el mismo espacio político y geográfico, poseen las mismas "tradiciones" e “historia”, hablan el mismo idioma, tienen el mismo color de la piel, etc., como identidad colectiva. Pero, la destrucción de la hegemonía de la nobleza, las transformaciones políticas, el desarrollo de las fuerzas productivas y "la internacionalización de la producción capitalista hacen (...) con que la burguesía se vuelva una burguesía internacional y el proletariado un proletariado internacional. Hay, por lo tanto, una burguesía y un proletariado europeos [y mundial] por consiguiente, no distintos." (PALACIOS, 1995: 27)
En realidad, el Pueblo-Nación, la nacionalidad, al transformar los desiguales en jurídicamente iguales, intenta crear identidad de intereses entre obrero y capitalista y, negar el antagonismo engendrado en el nivel de las relaciones de producción, que se manifiesta por toda la sociedad, eliminando la división de la sociedad en clases sociales antagónicas en lucha irreconciliable, y la contradicción esencial entre capital y trabajo (COSTA, 1998: 135).
“Al implantar la colectividad nacional, el Estado burgués define a todos los agentes de la producción, productores directos o propietarios, como iguales: tal igualdad consiste en su condición común de habitantes de un mismo territorio. (...) Así, la unificación aparente o formal de los agentes de la producción en el Pueblo-Nación transforma a los productores directos en individuos: neutraliza su tendencia al aislamiento. Esta individualización es un obstáculo para la lucha de los productores directos contra los propietarios de los medios de producción que les arrancan el trabajo excedente; así esta medida, hace posible la renovación continua de ese proceso de extorsión. (...) el Estado burgués, al representar la unidad (...) de los miembros de las clases sociales antagónicas en él Pueblo-Nación lleva a cabo la función de neutralizar la tendencia a la formación de comités de la fábrica, sindicatos obreros, partidos revolucionarios; es decir, de atomizar a los productores directos, conservándolos en un estado de masa (individualismo, competición en el mercado de trabajo) e impidiendo su constitución como clase social. (PALACIOS, 1995: 26)
La Comuna de París de 1871 desmitifica el discurso burgués del Estado-Nación, del nacionalismo burgués y revela el carácter internacional de la aristocracia y de la burguesía y, consecuentemente, de las clases y de la lucha de clases.
Las clases propietarias no oponen una resistencia significativa a la ocupación de Francia y de París por las tropas prusianas enemigas, pero, debido la rebeldía del proletariado, agilizan las negociaciones con los monárquicos prusianos.
Thiers expuso con claridad a los componentes de su gobierno y de la Asamblea Nacional que era necesario aprobar las condiciones de la paz inmediatamente, sin concederles por lo menos los honores de un debate parlamentario, única circunstancia bajo la que Prusia permitiría empezar la guerra contra la República y contra París, su baluarte. En realidad, Thiers afirma que la Contra-Revolución francesa y europea, en alianza contra el proletariado, no tenía tiempo que perder.
Las clases propietarias se someten al yugo prusiano y, con la garantía de la no-intervención e, incluso, de apoyo del Ejército enemigo, organizan y concentran su violencia y poder de destrucción contra sus "ciudadanos", contra la Comuna.
“El hecho inédito es que, en la más tremenda guerra de los tiempos modernos, el ejército del vencedor y el ejército de los vencidos se fraternizan en la matanza común del proletariado que no representa, como piensa Bismarck, la destrucción definitiva de la nueva sociedad que avanza, sino el derrumbamiento completo de la sociedad burguesa. La empresa más heroica de la que todavía es capaz la vieja sociedad es la guerra nacional. Queda probado ahora que es una pura mistificación de los gobiernos, destinada a retardar la lucha de clases, de la cual se prescinde después de que esa lucha de clases explote bajo la forma de guerra civil. La dominación de clase ya no puede ocultarse bajo el uniforme nacional; ¡todos los gobiernos nacionales son uno solo contra el proletariado!. (MARX, 1977: 215).

EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO

Explicitando las contradicciones entre el discurso ideológico mistificador y la práctica agresiva e imperialista en que se afirma el nacionalismo burgués, Marx y Engels, en contraposición, revelan ya en 1848, en el Manifiesto del Partido Comunista, el contenido internacional de las relaciones capitalistas-burguesas y de las clases sociales, exteriorizan el carácter nacional e internacional, solamente en cuanto forma de manifestación de la dominación y explotación de clase y, consecuentemente, el carácter internacional de las clases y de la lucha de la clase obrera, o sea, el internacionalismo proletario. Este carácter internacional es expuesto en la portada del Manifiesto: ¡Proletarios de todo el mundo, unios!
En este sentido, la Comuna de París de 1871 es la primera experiencia y manifestación del contenido internacional de las clases, de la dominación de clase y de la lucha entre las clases, pues revela con gran nitidez, contundencia y violencia la alianza y unión de las aristocracia y burguesía francesas y prusianas contra el proletariado de París.
La Comuna de París, al posicionarse como contraria a la sumisión de Francia y a la entrega de París a la dominación de prusiana, no lo hace movida solamente por el sentimiento nacional (forma en que se muestra concretamente la lucha de clases), sino, por una serie de razones que en ese momento, colocaban con gran evidencia que la lucha de clases no se limita a las fronteras nacionales, a sólo un país: es internacional, como quedó demostrado claramente en las posiciones asumidas por el proletariado de París y por las clases propietarias francesas en alianza con las tropas prusianas de ocupación.
Así, la lucha del proletariado parisino contra las aristocracia y las burguesía francesas y prusianas asume un contenido internacional y revela que los problemas de las clases dominadas y explotadas no se limitan a las fronteras políticas y geográficas. Y así, recibe solidaridad de la clase obrera de distintos países que comprenden que la explotación de que uno es objeto es la misma de las clases explotadas de otras naciones, y que son parte de esa sociedad civil más amplia que es la sociedad mundial. Por eso, los conflictos locales y nacionales son solamente manifestaciones concretas de la lucha de clases que tienden a desaparecer con la internacionalización de las relaciones sociales, y así, se convierten en conflictos más allá de los límites nacionales. Los problemas y la lucha del proletariado francés no se limitan a sus fronteras geográficas, sino que son los mismos que los del proletariado alemán, del proletariado inglés, del proletariado español, y así sucesivamente.
En este sentido, el proletariado obtiene el apoyo y la solidaridad del movimiento obrero y socialista de varios países, sobre todo de la Asociación Internacional de los Obreros, la Internacional, e incorpora a innumerables socialistas extranjeros a sus hileras, convencidos de los principios del internacionalismo proletario, y escoge a varios extranjeros para las posiciones de la dirección en la Comuna, que además, murió en las barricadas en defensa de la república universal, porque "la bandera de la Comuna es la bandera de la República mundial". (MARX, 1977: 162)
“No obstante, a lo largo de su corta existencia de 72 días, la Comuna de París halló muchos partidarios por toda Europa, pertenecientes sobre todo a la clase trabajadora corriente, a menudo miembros de sindicatos y una minoría significativa de partidarios de la Primera Internacional de Marx. Mandaron mensajes de apoyo y organizaron, cuando fue posible, reuniones públicas de solidaridad. La mayor de esas manifestaciones se realizó en el Hyde Park de Londres el 16 de abril de 1871, con 30.000 participantes. Además, a pesar de la derrota de la Comuna al mes siguiente, los Communards legaron al movimiento internacional obrero dos símbolos perdurables: la bandera roja del socialismo y la famosa canción del comunismo, la “Internacional”, escrita por el Communard Eugène Pottier” (TODD, 2000: 119).
La Comuna de París de 1871 al facilitar a los proletarios de París y al proletariado mundial la idea de que no solo es posible, sino un deber imperioso y un derecho luchar por la concretización de los principios de libertad, igualdad y fraternidad internacional, sin limitarse simplemente a apoderarse de la máquina del Estado (nacional) tal como se presenta y servirse de él, sino que deben tomar el poder político y construir un nuevo tipo de Estado que puedan utilizar para sus propios fines, para volverse dueños de su propio destino.

Madrid, invierno/2001.


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(*) . Autorizada la reproducción (impresión y publicación) integral o de cualquier ensayo. En caso de publicación, se solicita la gentileza de comunicárselo al autor y de enviarle copia. Contactos por E-mail: silviocostabrasil@hotmail.com
(**) . Profesor de Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Goiás (Brasil). Doctorando en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de Tendências e Centrais Sindicais: o