EL
PROLETARIADO INTENTA
TOMAR EL CIELO POR ASALTO*
SILVIO COSTA**
Hace 130 años el proletariado de
París, según Marx, intentó tomar el
cielo por asalto. Se volvió
insurgente contra el gobierno
burgués-monárquico de Thiers y
protagonizó la primera experiencia
de gobierno proletario y socialista
en la historia de la humanidad. A
pesar de haberse constituido hace
más de un siglo, la Comuna de París
de 1871 continua en vigor. Su
estudio y conocimiento, asociados a
hechos contemporáneos, contribuyen a
evidenciar las falacias del fin de
la historia y de la victoria
definitiva del mercado, mito
hábilmente elaborado a partir de la
hegemonía de la concepción liberal,
identificada actualmente con la
barbarie neoliberal.
Acontecimientos dramáticos anteceden
y anuncian la insurrección
parisiense en 1871 contra la entrega
de Francia a las tropas prusianas de
ocupación. La revuelta contra la
sumisión del gobierno francés a las
imposiciones de Bismarck, se
transforman en una revolución
social, de carácter
proletario-popular, conocida como
Comuna de París de 1871, que marca
con heroísmo y sangre el periodo
comprendido entre 18 de marzo,
cuando una parte significativa de la
población de París se niega a
entregar sus armas y a rendirse ante
las tropas prusianas, y el trágico
final tras de la Semaine sanglant
del 28 de mayo, cuando acontece la
masacre de los últimos communards,
en el cementerio de Pére-Lachaise.
TRADICIÓN REVOLUCIONARIA DEL
PROLETARIADO
El primer ejemplo histórico de
formación de un gobierno de carácter
popular, proletario, se produjo en
el siglo XIX, en la experiencia
conocida como Comuna de París,
cuando el proletariado intenta tomar
el cielo por asalto. En 18 de marzo
de 1871, el proletariado de París no
acepta la capitulación del gobierno
francés y las imposiciones prusianas,
se rebela y pasa a asumir el poder y
a controlar la denominada "Ciudad
Luz", reafirmando su tradición
revolucionaria. ¿Pero que llevó a
esa rebelión contra el gobierno
recién salido de las urnas, que tras
la derrota de Francia ante el
ejército prusiano, negociaba las
condiciones para la capitulación,
para una "paz negociada"?
Sin tener en cuenta el siglo
anterior de la historia francesa, se
debe resaltar que la Comuna de París
es, a la vez, parte y consecuencia
del proceso de la revolución
burguesa en Francia, la más radical
y larga de todas las revoluciones
burguesas, que sólo se consolidó
después de transcurrido un siglo de
Revolución y Contra-Revolución,
cuando después de la masacre de los
communards en mayo de 1871, y sin
fuerza y alternativa política, la
nobleza y el campesinado se adhieren
formalmente a la República.
El desencadenamiento y
radicalización de este proceso
revolucionario tiene como fecha el
14 de julio de 1789, cuando las
clases populares, hambrientas,
insumisas y armadas, invaden y
destruyen la Bastilla,
fuerte-prisión símbolo del poder
real absolutista. Este
acontecimiento marcará profundamente
el carácter revolucionario asumido
por la lucha de clases en Francia y
que significa la irrupción de las
clases populares en las disputas
políticas, para defender
reivindicaciones sintetizadas en
libertad, igualdad y fraternidad,
lema que fue inicialmente propagado
por la burguesía, cuando buscaba el
acceso al poder político estatal,
pero que, en la práctica, negado
irónicamente, de forma sistemática
hasta los días actuales,
principalmente, a partir de la
ofensiva neoliberal y de la
tentativa de imposición del
predominio absoluto del mercado, con
los que hasta los sentimientos más
nobles, los derechos sociales y la
solidaridad se convierten en
mercancías.
La República en Francia se vuelve
una bandera del proletariado y de
las facciones burguesas,
principalmente de la pequeña
burguesía jacobina y neo-jacobina.
En el periodo posterior a la
deflagración del proceso
revolucionario burgués, fueron
proclamadas tres repúblicas (1792,
1848 y 1870), siendo constituida la
tercera a través de una alianza de
clases el 4 de septiembre de 1870.
Sin embargo, su contenido de clase
es distinto: el proletariado
ambicionaba conquistar una República
social, defensora de sus derechos y
reivindicaciones; los republicanos
burgueses buscaban, a través de la
República, establecer mecanismos
"democráticos” que les posibilitase
llegar al poder, aliándose o no con
otras facciones de las clases
propietarias. Incluso haciendo
concesiones al proletariado, la
República, en lo fundamental, es una
forma de organización del poder
estatal para asegurar el control del
Estado a las clases propietarias. "La
democracia para una diminuta minoría,
la democracia para los ricos, tal es
la democracia en la sociedad
capitalista" (LÊNIN, 1987: 108).
La participación popular es una
constante en la historia francesa.
El apoyo de los sans-culottes al
gobierno jacobino es decisivo para
la victoria política y militar de
Francia ante la reacción interna, de
la coalición de los ejércitos
monárquicos europeos, para
consolidar las conquistas
revolucionarias burguesas, que pasan
a partir de aquel momento, a
integrar el ideario burgués y a
ejercer una significativa influencia
en distintos países. En 1830, la
insurrección popular es decisiva
para dar fin a las tentativas de
manutención y restauración del
absolutismo monárquico y para la
victoria de una monarquía
constitucional. Con la derrota de la
Restauración monárquica, en 1848, el
proletariado irrumpe en la Historia
de Francia con identidad política y
reivindicaciones propias. Por
primera vez, al formarse un gobierno
de coalición provisional, los
socialistas son elegidos para
integrarlo como hecho inédito, cabe
destacar que entre ellos se
encontraba un obrero.
“Las agitaciones que atingían a
Francia eran reflejo de una
coyuntura socio-económica generada
por los progresos del capitalismo en
Europa y por la consecuente
organización de los trabajadores,
que ya se articulaban
internacionalmente para oponerse al
proceso creciente de explotación al
que estaba sometida la clase obrera.
El siglo XIX es prodigioso en
transformaciones, pero es
extremamente contradictorio en
términos de conquistas
revolucionarias(...) Pasada la
primera mitad del siglo, la
consolidación del poder de la
burguesía, el capitalismo avanza
rápido en la conquista de las nuevas
tecnologías y formas de dominación
de los trabajadores. La consecuencia
de esto serán las innovaciones
científicas que posibilitaron un
nuevo proceso de transformaciones
revolucionarias en la industria.”
(CAMPOS FILHO, 1999: 6)
La Comuna de París, posibilita por
primera vez, la formación de un
gobierno de carácter popular y
proletario. Esto ocurre en un
momento histórico de afirmación de
la sociedad capitalista y del
proyecto civilizatorio burgués. La
Comuna explicita clara e
indiscutiblemente las
contradicciones y el carácter
clasista de esta sociedad que
luchaba para consolidarse. Al mismo
tiempo, explicita de forma
contundente, que la conquista de la
libertad, igualdad y fraternidad,
banderas que movían las clases
populares hacía más de un siglo,
sólo sería posible con la superación
de la sociedad de clases, con la
destrucción de la sociedad burguesa.
La Comuna se convirtió en un ejemplo
y en un símbolo, demostrando que la
construcción de una nueva sociedad,
fraterna e igualitaria, no es solo
una necesidad, sino una posibilidad
real y urgente. A partir de entonces,
desde el punto de vista histórico,
la burguesía, aliada o no a otras
clases propietarias y dominantes,
asume definitivamente el campo de la
contra-revolución, exponiendo y
desmantelando, de una vez, el mito
brillantemente elaborado e
verbalizado, de que la sociedad
burguesa-capitalista constituía el
coronamiento del desarrollo social y
que la historia, en cuanto proceso
evolutivo, llegaba a su fin.
La Comuna de París de 1871, desde
entonces, pasó a ser un
acontecimiento estudiado y analizado
por algunos, y "olvidado" y/o
minimizado por muchos, que la
consideran una iniciativa
insignificante, una revuelta y
osadía del "populacho" que generó
gran desorden en París. Los análisis,
opiniones y posiciones se dividen.
Inclusive, un significativo número
de libros de historia, al abordar la
Historia de Francia, no hacen
referencia a la Comuna; algunos
otros, como mucho, les dedican
algunas líneas y los más "progresistas",
un párrafo o algunos parágrafos
pequeños.
MISTIFICACIÓN DE LA HISTORIA
En los días actuales, se intenta
formar y consolidar, entre partes
significativas de la población, la
opinión y la idea de que el estudio
de la Historia no tiene sentido,
esta preocupación se encuentra
superada, es una perdida de tiempo y
de esfuerzo intelectual. Se
argumenta que, en este final e
inicio de siglo, de anuncio del
Tercero Milenio, ser actual y
moderno, o incluso postmoderno,
significa identificarse con el
individualismo y el irracionalismo
metodológicos.
Algunos “mistificadores”, propagan
la idea de que la Historia no posee
estatuto científico y, que al
estudiarla, se debe restringir a la
lectura de aspectos y
comportamientos individuales y
subjetivos, en fin, a hechos
pintorescos. Este tipo de concepción
intenta imponernos la idea de que
llegamos al "fin de la Historia",
que debemos limitarnos a propagar
los hechos de los grandes hombres,
de reyes y miembros de la elite
dominante. Irónicamente pregonan que
la “barbarie” neoliberal es sinónimo
de democracia, de libertad y que es
el objetivo y fin último del
desarrollo social de la humanidad.
Afirman que no hay alternativas
viables que se contrapongan al libre
mercado, al "reino" de la mercancía.
La lucha y la defensa del ideal
igualitario es algo ya superado y
arcaico, y está destinado al fracaso.
Argumentan que los ejemplos son
muchos: el Este Europeo, la ex-URSS,
y la crisis y decadencia de las
experiencias socialistas.
Por lo tanto, incluso en esta
situación adversa, de sumisión por
parte de la intelectualidad a este
proceso mistificador, existen
algunos pocos que por intentar
comprender el proceso histórico, no
se someten a las tentativas de
imposición de la barbarie en grandes
parcelas de la población mundial.
Analizando las últimas décadas de la
Historia mundial es posible percibir
que la implantación del ideario
neoliberal, pese a su poderío y a
las presiones de la burguesía
norte-americana, no consigue
destruir y liquidar las diferentes
formaciones históricas (económica,
social, política, cultural,
filosófica) de los pueblos. La
ofensiva neoliberal, antagónica al
ideario de bien-estar y libertad, no
encuentra campo fértil en un número
importante de partes de la población,
incluso en los países más
identificados con los principios
liberales, como por ejemplo,
Inglaterra y los Estados Unidos.
Así, estudiar y conocer las
formaciones históricas de los
pueblos es de fundamental
importancia, y incluida la necesidad
vital de la lucha por una vida más
digna. En cada experiencia
histórica, por muy particular que
sea, es posible detectar puntos de
identidad, resumidos sintéticamente
en la lucha por una sociedad justa e
igualitaria.
En este sentido, el estudio de la
experiencia de la Comuna de París de
1871 asume un papel de relieve, no
sólo para las clases populares y
para el proletariado francés, sino
para todos aquellos identificados,
de una forma o otra, con la
construcción de una nueva sociedad
más igualitaria y fraterna.
LOS ANTECEDENTES INMEDIATOS DE LA
COMUNA
Los antecedentes inmediatos de la
deflagración de la Comuna de París
se dan a partir del 1 de septiembre
de 1870 con la derrota del
“invencible” Ejército imperial
francés ante los prusianos, en la
Batalla de Sedan, y la rendición y
encarcelamiento del Emperador
Napoleón III. Así, llega a su fin el
II Imperio, construido a partir de 2
de diciembre de 1851, tras el golpe
de Estado denominado por Marx el 18
Brumario de Luís Bonaparte.
El 4 de septiembre, las tropas
prusianas inician la ocupación de
Francia y marchan rumbo a París.
Estando el país sin un gobierno
legítimo, se crean las condiciones
para que la población de París
empiece una insurrección popular
reivindicando la instalación de la
República. Inmediatamente, a través
de hábil articulación política de
una alianza entre republicanos y
monárquicos, se forma un Gobierno
Provisional, teniendo como principal
personaje el general monárquico
Trochu. Organizado el Gobierno de
Defensa Nacional, es, inmediatamente,
presionado por las clases populares
y obligado a entregar armas al
proletariado y a organizar la
defensa de la capital.
No se puede considerar, por tanto,
que la proclamación de la República
y la instalación del Gobierno
Provisional sea sólo una expresión
de victoria de las clases populares,
pues los sectores monárquicos y
conservadores ocupan la mayoría y
los principales cargos del Gobierno.
Según Marx: "Esa República no
derribó el trono, sino que
simplemente ocupó su lugar. Fue
proclamada, no como una conquista
social, sino como una medida de
defensa nacional. Se encuentra en
manos de un Gobierno Provisional
compuesto, en parte, por notorios
orleanistas y en parte, por
republicanos burgueses, en algunos
de los cuales la insurrección de
junio de 1848 dejó su estigma
indeleble. La división de las
funciones entre los miembros de ese
gobierno nada augura de bueno. Los
orleanistas se apoderaron de los
baluartes del ejército y de la
policía, dejando a los que se
proclaman republicanos los
departamentos retóricos” (MARX,
1977: 178).
La actitud dudosa y las vacilaciones
del Gobierno de Defensa Nacional
acaba por provocar un cierto vacío
político y militar, creando la
necesidad y las condiciones
necesarias para que la Guarda
Nacional, compuesta por proletarios,
pase a asumir papel destacado en la
organización de la resistencia. El
19 de septiembre de 1870, las tropas
prusianas cercan París y no
consiguen ocuparla, pues los
parisinos presentan heroica
resistencia. Al día siguiente, el
Gobierno Provisional inicia
conversaciones sobre las condiciones
prusianas para la paz. Según
LISSAGARAY (1991: 46), “El Gobierno
de Defensa Nacional pasa a negar-se
a organizar la lucha contra las
tropas prusianas. El General
monárquico Trochu, jefe del
Estado-Mayor, declara: “no podemos
defendernos; estamos decididos a no
defendernos.". Los miembros de la
izquierda republicana en el gobierno
pasan a asumir posiciones dudosas: "ahora
en el gobierno, ellos gesticulan con
la misma capitulación, mandan Thiers
mendigar la paz por toda Europa y
Jules Favre, a negociar con
Bismarck". Entretanto, París no
acepta esta capitulación y opta por
luchar hasta el fin. Presionado por
los parisinos, el gobierno es
obligado a ensayar la resistencia, y
el General Trochu, llega a organizar
algunas escaramuzas, colocando
deliberadamente a los soldados
franceses en situación de desventaja
frente a los enemigos."
El 31 de octubre de 1870, una gran
manifestación popular en París exige
mejor organización de la resistencia,
condena los entendimientos y el
armisticio, reivindica elecciones y
la formación y instalación de la
Comuna. Esta tentativa acaba por
fracasar en consecuencia de la falta
de organización, de decisiones
rápidas y centralizadas entre los
insurrectos, por la falta de
dirigentes reconocidos y respectados,
y por no conseguir organizar un
gobierno adecuado a las exigencias
del momento. El General Trochu
conseguí imponerse, captura a cerca
de 60 insurgentes y pasa a la
represión.
A pesar de todo, el proletariado no
se inhibe y pasa a organizar la
resistencia; por iniciativa popular,
invaden las prisiones y libertan a
los prisioneros políticos. Ante las
necesidades organizativas urgentes,
se inicia la organización del poder
proletario, independiente del
gobierno burgués-monárquico, que
avanzaba en su pretensión de
capitular ante de las tropas
enemigas. En estos embates van
surgiendo y confirmándose los
líderes proletarios salidos de las
clases trabajadoras.
Las clases dominantes (republicanos
y monárquicos) recelosas y ante la
osadía proletaria, pasan a
establecer como enemigo principal no
las tropas de ocupación, comandadas
por Bismarck, sino al proletariado
de París y de otras importantes
ciudades, que demuestran no aceptar
pasivamente la rendición.
Las tropas prusianas, ante las
divergencias entre el gobierno y el
proletariado de París, que explícita
el carácter y la forma en que se
desarrolla la lucha de clases,
aceptan suspender la guerra y
negociar el armisticio; para esto,
imponen como exigencia, la
realización de elecciones para la
formación de una Asamblea Nacional y
un gobierno con "legitimidad" para
firmar la rendición. Imponía el
desarme de la Guardia Nacional,
excepto de una división, y el
acuerdo de los parisinos con la
ocupación de dos fuertes de París
por parte de las tropas prusianas.
De este modo, la Contra-Revolución
francesa, ahora de carácter
internacional, se alia a la prusiana.
Algunos destacamentos de la Guardia
Nacional, del Ejército regular y de
marineros se resisten a entregar sus
armas, a abandonar sus puestos y la
defensa de París. En este contexto,
la guerra civil, pasa de ser una
posibilidad a algo real e inevitable.
Sin embargo, para evitar la guerra
civil y las provocaciones, los
amotinados vuelven atrás, acatan los
términos del armisticio y permiten
la entrada de las tropas prusianas
en París y la ocupación de los
Campos Eliseos.
LAS ELECCIONES COMO FARSA
El pacto de capitulación, acordado
con los prusianos, imponía la
realización de elecciones en el
plazo de 8 días. Para los franceses,
era evidente que, con el armisticio
y las elecciones, el gobierno, que
se formara, difícilmente se
decantaría por la resistencia y por
la lucha contra las tropas de
ocupación. Francia, antes de las
elecciones, de cualquier debate y de
la deliberación del nuevo gobierno
aún por formar, se rendía sumiso a
Bismarck, por decisión exclusiva de
los sectores conservadores y
reaccionarios.
Logrado el armisticio, el Gobierno
de Defensa Nacional
burgués-monárquico, convoca
inmediatamente y bajo su total
control, las elecciones a la
Asamblea Nacional en el país entero.
“En aquel momento, más de una
tercera parte del territorio estaba
en las manos del enemigo; la capital
se encontraba aislada de las
provincias y todas las
comunicaciones estaban
desorganizadas. En tales
circunstancias, era imposible
escoger una representación auténtica
de Francia, a menos que se tuviera
mucho tiempo para preparar las
elecciones. Es por esto que el pacto
de capitulación especificó que se
debería escoger una Asamblea
Nacional en el periodo de ocho días.
Las noticias de realización de las
elecciones no llegaron a muchos
puntos de Francia hasta el día
anterior. Además, según una cláusula
del pacto de capitulación, la
Asamblea debería ser escogida con el
único objetivo de votación por la
paz o por la continuación de la
guerra y, eventualmente, para
concluir un acuerdo de paz. La
población no podría dejar de sentir
que los términos del armisticio
volvían imposibles la continuación
de la guerra y que, para sancionar
la paz impuesta por Bismarck, los
peores hombres de Francia eran los
más buenos”. (MARX, 1977: 186),
Estos hechos asociados al cerco de
París, permiten libertad de acción y
condiciones extremamente favorables
para los conservadores y
reaccionarios, que con la
benevolencia de los prusianos,
desarrollan por toda Francia, una
gran campaña de calumnias contra los
republicanos radicales, los
socialistas y el proletariado
parisino.
En su Historia da Comuna de 1871,
LISSAGARAY (1991: 61) avalúa: "Este
escrutinio, confuso, disparatado,
por lo menos, atestiguaba la idea
republicana. París, derribada por el
Imperio y por los liberales, se
volvía a la República, hecho que le
reabriría el futuro. Pero, antes
incluso, de ver su votación
proclamada, oyó un grito salvaje de
reacción salido de las urnas de la
Provincia. Antes que el ultimo de
sus electos abandonase la ciudad,
París asiste encaminarse para
Bordeaux una multitud de campesinos,
de Pourceaugnacs, de clérigos
sombríos, abantes más de 1815, 1830
y 1849, que, embrutecidos y
furiosos, los miran tomar pose de la
Francia por medio del sufragio
universal."
La Asamblea Nacional, electa de
forma claramente antidemocrática,
temiendo la revuelta parisiense, se
reúne primero en Bordeaux y después
en Versalles, eligen a Thiers ,
conocido monárquico legitimista,
como jefe de gobierno, con
atribuciones para establecer las
condiciones de rendición de Francia
a Prusia. Para concretar tal
objetivo, tenía que reprimir y
destruir la oposición y la revuelta
de París.
Los parisienses, que procuraban
organizar su propio gobierno, no
rompen de inmediato con la Asamblea
Nacional y el Gobierno en Versalles.
Proponen negociar. Hacen dos
reivindicaciones: la autonomía de
París, con derecho a elegir sus
representantes y gobernantes, y no
aceptar la rendición incondicional
antes de un debate nacional.
La Asamblea Nacional no acepta
negociar. En actitud provocativa,
transfiere formalmente, la Asamblea
y el Gobierno a Versalles, suspende
el pago del sueldo de la Guardia
Nacional y de la ley de
congelamiento y prorrogación del
pago de las deudas y alquileres.
Estas decisiones inocuas del
gobierno versallés, permiten
consolidar la unión del proletariado
con la pequeña y la media burguesía
parisina, y ampliar y fortalecer su
disposición de resistencia.
La represalia y la intransigencia de
Versalles provocan como
contrapartida, el crecimiento de las
ideas revolucionarias. Cada día el
proletariado conquista nuevos apoyos,
amplía su arsenal y fortalece la
defensa de la ciudad. Thiers,
intransigente y temeroso, comprende
que ha llegado el momento de ocupar
militarmente París, porque en pocos
días, se haría imposible romper la
resistencia y someter el
proletariado, que se encontraba
protegido por los muros, los fuertes
y una topografía favorable.
En este sentido, el gobierno Thiers,
considerándose representante de la
contra-revolución francesa y europea,
pasa a la represión y a exigir la
capitulación de los parisienses y la
entrega de las armas y cañones; al
mismo tiempo, hace efectivos los
preparativos para atacar y ocupar
París. Incluso, establece
negociaciones con Bismarck
consiguiendo la liberación de los
soldados franceses capturados en
batallas anteriores.
LA INSURRECCIÓN LLEVA A LA
IMPLANTACIÓN DE LA COMUNA
El 18 de marzo, las tropas bajo las
ordenes de Thiers, desencadenan la
ofensiva contra-revolucionaria.
Ocupan en la madrugada, las colinas
de Montmartre, pero son sorprendidos
por los populares, que no aceptan la
retirada de los cañones. Ante el
impasse y la irreductibilidad
popular, el general comandante de
las tropas, ordena, por dos veces, a
los soldados disparar a la multitud,
que no se acobardaba. Titubeando y
ante del problema, los soldados se
confraternizan con la población,
permiten la captura y posterior
fusilamiento del comandante y de
otro oficial.
A partir de este acontecimiento, se
rompía cualquier posibilidad de
negociación con el Gobierno de
Versalles. El proletariado y la
Guardia Nacional ocupan París. Se
inicia la organización de un nuevo
gobierno, que quedó registrado con
heroísmo y sangre en la historia de
las luchas por una sociedad más
justa e igualitaria, como la primera
tentativa de gobierno
proletario-popular.
“La Comuna de París, en que pese al
poco tiempo que permitió a los
obreros tener en sus manos el poder
del Estado, por primera vez, cumplió
su destino histórico. Permitió a los
estudiosos del socialismo que
percibieran que ningún nuevo poder
se establece sin que la maquinaria
estatal-burocrática que sostenía el
poder anterior sea completamente
destruida. Y mostró también, a pesar
de todas las protestas que repercute
de entre los defensores de la
“democracia” burguesa, que el grado
de ferocidad patrocinado por el
poder burgués a pos la derrota de la
Comuna, fuese diez veces mayor del
observado en de la tomada del poder
por los communards. (CAMPOS FILHO,
1999: 6).
La Comuna de París de 1871 fue
derrotada militarmente, aunque no
política e históricamente. Es un
acontecimiento que significa un
viraje cualitativo en el proceso
revolucionario en el mundo moderno,
pues por primera vez en la historia,
el proletariado mostró la
posibilidad de destrucción de la
sociedad burguesa, que aún se
afirmaba como hegemónica, y la
construcción de una nueva sociedad
más igualitaria y fraterna.
“Lo que la hace cualitativamente
superior es el hecho de que, por
primera vez, el proletariado toma el
poder y dirige la sociedad,
demostrando, en la práctica, la
posibilidad concreta de la
existencia de una sociedad sin
explotadores y explotados, creando
un nuevo tipo de Estado
representativo de los trabajadores.
Este Estado que se creó en la Comuna
fue el embrión de aquel que surgiría
después, conforme preveía Engels al
escribir que “en realidad el Estado
no es más que una maquinaria para la
opresión de una clase a otra, tanto
en la República democrática como
bajo la monarquía; en el mejor de
los casos, un mal que se transmite
hereditariamente al proletariado
triunfante en su lucha por la
dominación de clase. Como lo hace la
Comuna, el proletariado victorioso
no puede dejar de amputar
inmediatamente en la medida del
posible, los aspectos más nocivos de
ese mal, hasta que una futura
generación, formada en
circunstancias sociales nuevas y
libres posa deshacerse de todo de
ese viejo lastre del Estado.”
(MOURA, 1991: 50)
Actualmente, cuando los medios de
comunicación monopolizados y al
servicio de los intereses burgueses
critican a los gobiernos populares y
de izquierda, acusándolos de
antidemocráticos y de no respetar
los derechos humanos, lo hace con el
objetivo de crear un sentimiento
público favorable a la “democracia
liberal”, que se presenta como
desvinculada de la violencia
cotidiana provocada por las guerras,
el hambre, la explotación de la mano
de obra de millones de niños, la
prostitución de millones de niñas,
etc., en fin, provocada como
consecuencia de la manutención de
una sociedad basada en la injusticia
social. Aún hoy, como hace más de un
siglo, las reivindicaciones de los
communards, de libertad, igualdad y
fraternidad, efectivamente reales,
igual que sus ideales, continúan
presentes, aunque no sea en grandes
manifestaciones, en las calles, en
las oficinas, en las fábricas, en
las universidades, en algunos
partidos de izquierda, y podrán
proporcionar la savia que lleva a la
construcción de una nueva sociedad.
Madrid, invierno/2001.
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__________
(*) . Autorizada la reproducción
(impresión y publicación) integral o
de cualquier ensayo. En caso de
publicación, se solicita la
gentileza de comunicárselo al autor
y de enviarle copia. Contactos por
E-mail:
silviocostabrasil@hotmail.com o
silvio.costa@terra.com.br
(**) . Profesor de Sociología y
Ciencias Políticas en la Universidad
Católica de Goiás (Brasil).
Doctorando en la Universidad
Complutense de Madrid. Es autor de
Tendências e Centrais Sindicais: o
movimento sindical brasileiro de
1978 a 1994 (1995); Comuna de París:
o proletariado toma o céu de assalto
(1998), y Revolução e
Contra-Revolução na França (1999),
publicados en Brasil, por las
Editoriales de la Universidad
Católica de Goiás (Goiânia) y Anita
Garibaldi (São Paulo). Es
organizador de: Estado e poder
político: do realismo político à
radicalidade da soberania popular
(1998. Editorial de la Universidad
Católica de Goiás) y Concepções e
formação do Estado brasileiro (1999.
Editorial Anita Garibaldi). E-mail:
silviocostabrasil@hotmail.com
RESUMEN
La Comuna de Paris de 1871 – cuando
el proletariado intenta tomar el
cielo por asalto – fue el primer
ejemplo histórico de formación de un
gobierno popular y proletario. Al 18
de marzo, el proletariado de París
no acepta la capitulación y traición
del gobierno francés ni las
imposiciones prusianas, se rebela
asumiendo el poder y el control la
denominada "Ciudad Luz". Son 72 días
de gobierno popular y
revolucionario. ¿Pero que llevó a
esa rebelión contra el gobierno
recién salido de las urnas, que tras
la derrota de Francia ante el
ejército prusiano, negociaba las
condiciones para la capitulación,
para una "paz negociada"? Mismo
derrotada militarmente,
políticamente la Comuna fue
victoriosa y aún hoy, como hace más
de un siglo, sus reivindicaciones de
libertad, i