José Reinaldo Carvalho (*)
El Proyecto de Resolución Política
(documento de discusión para el
Congreso del PC de Brasil) en
discusión en el colectivo partidário
acierta de lleno al identificar en
la lucha antineoliberal un carácter
anticapitalista y antimperialista.
El documento es contundente al
proclamar que no hay salidas viables
y duraderas para la crisis brasilera
en los marcos del capitalismo.
Esa comprensión es la base para la
reafirmación por el Partido de su
compromiso em la lucha por el
socialismo. Al contrariar el sentido
común, para el cual el sistema
capitalista se encuentra em franca
recuperación y el imperialismo
norteamericano realizo lña hazaña de
superar sus crisis y desequilibrios
estructurales, los comumistas
brasileros tienen la audacia de
renovar su convicción de que el
camino para enfrentar los problemas
del Brasil y del mundo en la
presente época histórica es
revolucionário y desembocará en la
conquista del socialismo.
No se trata propiamente de una
novedad en la trayectoria de nuestro
Partido. En el séptimo Congreso, en
mayo de 1988, confirmamos que Brasil
vivía una encrucijada histórica,
ante la cual, o el pueblo brasilero
rompía con el régimen de las clases
dominantes, o su destino sería la
degradación continuada y el
irreversible comprometimiento de la
soberania nacional.
En 1992, en
el octavo Congreso, que se concentro
em la espinosa tarea de evaluar la
caída del socialismo y extraer de
allí enseñanzas, los comunistas
proclamaron que la lucha por el
socialismo entraba en el orden del
dia, lo que tênia la apariencia de
algo paradójico para el oportunismo
que por la época se propagaba em
sectores mayoritarios de la
izquierda brasilera y mundial. Tres
años después, en la Conferencia
Nacional de 1995, fue aprobado el
Programa Socialista, ratificado por
el noveno Congreso, em 1997. Ese
Programa carece de adaptaciones,
pero sus tesis esenciales guían la
formulación política y la acción
práctica del Partido.
La postulación no
es irrelevante ni se reviste de
sentido propagandístico. Ni mucho
menos es una profesión de fe
dogmática. Tiene implicaciones
estratégicas y tácticas, y en torno
suyo se desenvuelve una palpitante
lucha política e ideológica. La
primera conclusión que el Partido y
sus aliados en la izquierda sacan de
ella es la necesidad de promover la
acumulación revolucionaria de
fuerzas. En las condiciones
actuales del mundo, talo
acumulación puede concebirse
como una tarea ardua, compleja y de
largo plazo. Tendrá altos y bajos,
avances y retrocesos. Exigirá, antes
que todo, la organización de la
resistencia y de la lucha contra
el neoliberalismo, la oposición
a las políticas de las fuerzas
neoliberales que golpean los
intereses de las masas trabajadoras
y socavan la soberanía nacional.
Exigirá flexibilidad táctica, la
aplicación de la línea de masas, una
política de alianzas amplia, la
formulación de programas viables, la
inmersión en el movimiento real, la
sintonía con la realidad política en
curso, la evaluación precisa del
nivel de cada batalla. Además, la
lucha por el socialismo exigirá la
correcta comprensión sobre el
carácter del enemigo para no
cultivar vanas ilusiones. La lucha
por el socialismo transcurrirá en
medio de duros conflictos políticos
y sociales de las masas
trabajadoras, populares y sus
aliados contra las clases dominantes
y el imperialismo.
Esta visión que corresponde a la de
un Partido capaz de realizar la
acumulación táctica sin perder de
vista el alcance revolucionário de
su Prtograma, contrasta con la de la
izquierda moderada, adaptada y
posibilista. De la comprobación de
que la lucha antineoliberal tiene
sentido anticapitalista la
izquierda moderada trata de sacar la
conclusión de que en lo inmediato no
hay alternativa, ya que no se han
creado las condiciones objetivas
para la lucha por el socialismo.
Esos sectores ven con “objetividad”
o dicho de otra forma, con
naturalidad, las injustificables
concesiones que el gobierno Lula le
hace al neoliberalismo y el abismal
distanciamiento de la fuerza
hegemónica de la izquierda de todo
lo que se asemeje a cambio político
y social de fondo. Convierten las
dificultades de la actual
correlación de fuerzas y de la
realidad mundial em algo absoluto e
imposible de cambiar. No se dan
cuenta de que el imperialismo, en
ofensiva brutal, sin embargo no lo
puede todo. Amenaza al mundo con la
guerra, pero sufre derrota tras
derrota y se encuentra profundamente
aislado. No ven que el capitalismo
dependiente en Brasil llegó al
agotamiento y que la encrucijada
histórica de 1988 se transformó en
encrucijada trágica en 2005. Hay
alternativa, si, mientras no la
veamos como la formulación abstracta
de un nuevo modelo de desarrollo
listo para ser aplicado a la
realidad, porque ni la bella Atenas
salió así tan hermosa de la cabeza
del omnipotente Zeus. El
imperialismo y las clases dominantes
son los que no tienen alternativa.
La alternativa depende de que lãs
fuerzas que la representan
protagonicen el conflicto político y
social, organicen la resistencia
y la lucha. La actual crisis del
gobierno Lula demuestra que no se
gana nada con huir del conflicto
político diseminando ideologia
desmovilizadora y conservadora con
fraseologia hueca, porque el
conflicto, quiérase o no, se impone.
La alternativa depende de factores
objetivos, pero pasa también por los
subjetivos, el primero de los cuales
es la decisión del Partido y de sus
aliados de izquierda de no adaptarse
a lo que apenas en la apariencia es
obvio e incontrastable, sino de
proseguir en la lucha cotidiana y de
largo aliento, capaz de infligir
derrotas parciales al imperialismo y
al sistema de las clases dominantes
durante el prolongado proceso de
acumulación revolucionaria de
fuerzas.
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(*) Periodista, Vice-Presidente de
Partido Comunista de Brasil – PcdoB,
responsable por las relaciones
internacionales
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